Internacional
La UE brama: Hungría aprueba una ley que impone penas más duras para pedófilos y que prohíbe la propaganda LGTBI en las escuelas
El Parlamento de Hungría ha aprobado este martes una ley contra la pedofilia que persigue e impone penas más duras para los condenados por este tipo de delitos.
Con 157 votos a favor, y como estaba previsto, la mayoría oficialista del primer ministro, Viktor Orbán, ha conseguido aprobar esta legislación que impulsará la creación de un registro de infractores pedófilos accesible al público y penas de cárcel de hasta 20 años para algunos casos clasificados de pornografía infantil, entre otras medidas, para proteger a los menores.
El proyecto de ley ha sido aprobado por el partido gobernante Fidesz y ha sido respaldado por la formación opositora de derechas Jobbik, mientras que las formaciones de izquierda, entre ellas la socialista, el partido Párbeszéd (Diálogo), la Coalición Democrática y los ecologistas del LMP, decidieron no participar en la votación.
La nueva legislación también contempla prohibiciones en cuanto a la educación sexual escolar, donde no se podrán llevar a cabo actividades que tengan el propósito de «promover la homosexualidad» o el cambio de género, según especifica el texto y recoge el medio húngaro Blikk. «Se prohibirá la exhibición de contenidos que promuevan la homosexualidad y la reasignación de género a los menores de 18 años. Tampoco habrá conferencias sobre esto en las escuelas», apunta el diario digital en una publicación en la que especifica que las televisiones no podrán emitir películas o o programas que promuevan contenido LGTBI en horario infantil -antes de las diez de la noche-.
Las políticas impulsadas por Viktor Orbán desde su llegada al poder tienen el objetivo de proteger la institución del matrimonio. En el pasado mes de diciembre, el Parlamento Húngaro aprobó una reforma constitucional que protege las uniones entre hombres y mujeres e impide la adopción por parte de parejas homosexuales, en aras de la protección de la infancia y de la defensa de la cultura cristiana.
El nuevo texto estipula que los niños deben tener un padre y una madre, y solo pueden adoptar los matrimonios registrados como tal. «El objetivo es proteger a los derechos de nuestros hijos», afirmó entonces la ministra de Justicia, Judit Varga, al tiempo que manifestó que «Hungría protege la institución del matrimonio como comunidad vital formada por una decisión voluntaria entre un hombre y una mujer, y la familia como base para la supervivencia de la nación». «La base de la relación familiar es el matrimonio y la relación entre padres e hijos. Madre es mujer, padre es hombre», añadió también en un mensaje publicado en Facebook.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
