Sociedad
La violencia del separatismo
La insistente propaganda separatista ha ocultado uno de los hechos más notables ocurridos durante los sucesos catalanes del pasado otoño: la doble denuncia de Reporteros Sin Fronteras (RSF) por manipulación informativa de las autoridades golpistas. Paradójicamente, el mundo periodístico apenas lo ha subrayado. RSF fue fundada en 1985 por cuatro periodistas franceses y hoy es asociación consultiva de la ONU y entidad de utilidad pública en Francia. Se cuida de denunciar las formas de censura informativa, abiertas o encubiertas, incluida internet.
Intoxicar a la prensa
En septiembre de 2017, RSF publicó una denuncia de la presión ejercida por la Generalitat. Emitía informaciones sesgadas, ofrecía ciertos vídeos y sugería enfoques peculiares, sobre todo a los periodistas extranjeros. RSF apreciaba una hiperactividad singular y, más que con nadie, con los corresponsales en Bruselas. También recriminó al aparato secesionista la práctica de auténticos acosos sobre los profesionales que no se avenían a seguir esas consignas.
A pesar de las quejas, la presión aumentó a partir del 1 de octubre, famosa fecha del referéndum simulado. Por ello, RSF difundió un segundo informe el día 13, con título revelador: ‘Respeto a los medios en Cataluña’. Relataba, en resumen, las denuncias de periodistas de varias nacionalidades sobre las coacciones y campañas de ciberacoso ejercidas por las instituciones separatistas sobre los informadores ‘disidentes’.
En este ambiente mefítico, acabaron prevaleciendo las imágenes (algunas, falsificadas) en las que la única violencia era las de las fuerzas policiales y, en particular, de la Guardia Civil, contra manifestantes desvalidos.
Se acerca el juicio
A comienzos de 2019 el Tribunal Supremo empezará a enjuiciar si los acusados de encabezar el intento fallido de golpe de estado contra el orden constitucional incurrieron en el gravísimo delito de rebelión por actuar violentamente. Lo cual, recuérdese, no requiere que dicha violencia tuviera carácter personal ni físico.
Entre los hechos pendientes de ponderación por los magistrados los hay muy interesantes. El primero es que, el 28 de septiembre de 2017, solo dos días antes de la votación ilegal, los máximos responsables de los Mozos de Escuadra, en reunión conjunta que consta de forma fehaciente, advirtieron personal y directamente a Puigdemont y a Junqueras (presidente y vicepresidente de la Generalidad de Cataluña) y al propio jefe político de los Mozos (el consejero Joaquín Forn), sobre los riesgos ciertos en que se incurriría si se mantenía la convocatoria. En efecto, había experiencia reciente de incidentes violentos en movilizaciones de menor envergadura. La gran cantidad de grupos alertados por los convocantes para el día 1 hacía altamente probable una escalada de violencia, con enfrentamientos de importancia. Si se mantenía la convocatoria por el Gobierno catalán, la policía autonómica no podía garantizar la seguridad. La reacción del trío gubernativo fue ordenar a los Mozos que se acomodasen al objetivo político previsto, aunque estaba expresamente prohibido por los altos tribunales.
La narración de los subsiguientes hechos violentos ocupa muchos folios en el escrito de los cuatro fiscales del Supremo que actúan en la causa (dos de ellos aragoneses: Javier Zaragoza y Fidel Cadena): asedios, apedreamientos, un incendio (página 91 de las acusaciones), choques intrapoliciales, agresiones, escraches, cortes de vías e, incluso, la prohibición de atraque a un buque en Palamós (p. 102). Violencia en una cuarentena de lugares distintos, con el balance de 93 policías y guardias civiles lesionados. Sin embargo, prevaleció la falsedad del millar de ‘votantes heridos’. Los fiscales reducen a cuatro los ingresos hospitalarios: dos de ellos fueron leves y otro, un mal cardiaco, inicialmente atendido por los propios agentes de seguridad. Para el Ministerio Público, este panorama del 1 de octubre dibuja «un levantamiento salpicado de actos de fuerza, agresión y violencia» (p. 121).
La información intoxicada de los golpistas, a la que cooperó la empresa Mediapro (Roures) con un activo centro de prensa a disposición de las autoridades separatistas, veló estos hechos.
La duda, pues, no es si el intento de golpe de estado cursó con violencia. Hubo mucha. El caso es dilucidar si esa violencia puede imputarse directamente a los encausados o si son culpables de haber inducido los tumultos típicos de un delito sedicioso. Tal es el quid, malversaciones aparte.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
