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Las claves de la caída del Real Madrid
Falta de gol: La clave de todo. Es verdad que el Madrid no ha jugado esta dos últimas semanas como lo hizo en los primeros partidos de Liga y contra la Roma, pero aún así ha generado bastantes ocasiones ante Athletic, Sevilla, Atlético y CSKA, pero sin puntería. En unas ocasiones los palos y en otras las buenas paradas del portero rival y la mala decisión a la hora de rematar están penalizando al equipo blanco, que desde hace once años no acumulaba tres partidos consecutivos sin llevar la pelota a la red contraria.
Mal momento de Benzema y Asensio
Dos de los jugadores llamados a tirar del equipo tras la marcha de Cristiano Ronaldo, algo que sí hicieron hasta mediados de septiembre pero no desde entonces. Lo intentan sin acierto, toman decisiones equivocadas y desaparecen durante muchos minutos. Su irregularidad deja al equipo huérfano de dos de su mejores talentos. Les toca espabilar y ponerse las pilas.
Las lesiones
Como cada temporada, la enfermería del Real Madrid es ya un serio problema para el equipo de Lopetegui. Dos laterales, Marcelo y Carvajal, un medio, Isco, y un delantero, Bale, sufren distintos percances y el equipo nota sus ausencias en todas las líneas. La aparición de Odriozola, Reguilón, Ceballos y Mariano no ha sido suficiente para paliar las bajas. Se echa de menos a los titulares y el fondo de armario no acaba de dar las soluciones adecuadas.
Sin confianza
El gol encajado ante el CSKA muestra debilidad mental. El Madrid no puede cometer un error tan ingenuo a los 80 segundos de un partido, y menos si este viene de las botas de Toni Kroos, uno de sus futbolistas más fiables. Tampoco Varan estuvo acertado en la acción, con una endeble defensa en el mano a mano ante Vlasic. Las continuas protestas al colegiado de Nacho, habitualmente un futbolista muy tranquilo dentro del terreno de juego, muestran también el desquiciamiento y la impotencia del equipo blanco.
Dudas en defensa y rotación en la portería
Lopetegui está ocultando públicamente su modus operandi con los porteros, pero tras la titularidad anoche de Keylor y la habitual de Courtois en Liga, parece claro que la apuesta será por el costarricense en Europa y por el belga en el torneo doméstico, una medida que no acaba de generar confianza absoluta en el equipo, que muestra muchas dudas a la hora de defender, a pesar de que ambos guardametas están respondiendo cuando le toca ser protagonista.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
