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Los árabes apenas nos dejaron su ADN

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(R) Los árabes nos dejaron la Alhambra, el escabeche, los naipes, las albóndigas y palabras tan bellas como azar, naranja, gacela, fulano y baladí, pero apenas nos dejaron su ADN. Investigadores de la Universidad de Granada han concluido que el legado genético de la actual población de Andalucía oriental, donde la dominación musulmana duró ocho siglos, es casi idéntica a la de cualquier otro lugar de la Península Ibérica: apenas un 5% de los habitantes de la antigua Al Andalus tiene características genéticas heredadas de los conquistadores norteafricanos. El tópico de que los españoles del Sur descienden directamente de los invasores musulmanes de la Edad Media es falso. Los historiadores ya lo sabían. «Es difícil aventurar cifras, pero la conquista la hicieron no más de 100.000 individuos en diversas oleadas, en un territorio de entre 3 y 4 millones de habitantes. La inmensa mayoría de la población se islamizó, pero una cosa es la herencia cultural y otra, la genética», recuerda el escritor José Calvo Poyato.

En 711 un ejército de unos 7.000 bereberes liderados por Tariq cruzó el Estrecho de Gibraltar y, aprovechándose de la crisis demográfica causada por la peste y la sequía y las disputas entre los reyes visigodos, en ocho años ya había entregado el dominio de casi toda la Península Ibérica a Damasco, capital del Califato Omeya. Casi inmediatamente, en 722, comenzó la reconquista cristiana. En los ocho siglos siguientes el centro de poder hispanomusulmán cambió varias veces, hubo diversas dinastías reinantes, sucesivas invasiones militares y oleadas migratorias, hasta que en 1492 los Reyes Católicos tomaron el último bastión del sultanato nazarí.

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Cinco investigadores del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada se propusieron averiguar qué huella biológica -la cultural está fuera de toda duda- transmitieron aquellos conquistadores procedentes primero del Norte de Marruecos y más tarde de otros puntos del Magreb, Oriente Medio y el África subsahariana. Es decir, hasta qué punto tuvieron descendencia que con el paso de las generaciones llegara hasta nuestros días. Nunca se había hecho antes.

Conquistas masculinas

Para ello, seleccionaron una muestra representativa de 146 varones de Granada, Almería y Málaga con al menos un abuelo nacido en la zona y analizaron en las células de la cara interna de la mejilla el ADN del cromosoma Y. Este solo se transmite por línea paterna y es especialmente útil para rastrear el alcance de la mezcla de poblaciones en las conquistas militares, en las que los hombres son los primeros protagonistas.

La investigadora principal, María Saiz, era consciente de que, según la mayor parte de los historiadores, la conquista no fue una operación masiva: distintas fuentes hablan de unas cuantas decenas de miles en distintas oleadas, para una población autóctona de unos tres millones de habitantes a comienzos del siglo VIII. Por otro lado, los colonos eran la élite política y militar y no siempre se mezclaban con el pueblo llano, en parte porque las normas sociales y religiosas lo impedían: mientras los hombres musulmanes podían tomar esposas o concubinas cristianas y tener hijos con ellas, las seguidoras del islam tenían estrictamente prohibido intercambiar fluidos con los indígenas. También los judíos -genéticamente casi iguales a los árabes del mismo origen geográfico- eran una comunidad endogámica.

La expulsión de los moriscos decretada por Felipe III en 1609 propició la dispersión de los últimos pobladores que aún profesaban la fe de Mahoma por Castilla, pero muchos se marcharon al Norte de África y algunos a Portugal, Francia o América. Y la repoblación se realizó con gentes llegadas de territorios limítrofes al Reino de Granada, primero, y después con habitantes del norte. Así lo atestiguan algunos de los apellidos de los sujetos estudiados.

Saiz, que dedicó su tesis doctoral a este tema, preveía que de su análisis se desprendería una mayor influencia genética africana en la población actual de Granada, Málaga y Almería que en otros territorios del país donde su presencia duró muchísimo menos. Galicia, la cornisa cantábrica y el norte de Cataluña ya eran tierra reconquistada en el siglo X y toda la mitad norte de la Península había sido ganada para la cruz en el XII.

El equipo tenía el precedente de la investigación de antropología molecular llevada a cabo por otro de sus integrantes, Luis Javier Martínez, que estudió una serie de marcadores genéticos para determinar el alcance del mestizaje entre la población maya y la europea en Guatemala.

Controversia

Pero las conclusiones fueron muy diferentes: mientras en el país centroamericano la mezcla entre indígenas e invasores se inició ya en el siglo XVI y ha sido intensa durante 500 años, en el antiguo Reino de Granada el 58% de la muestra pertenece al haplogrupo (combinación de mutaciones genéticas que revelan el origen geográfico) mayoritario en las poblaciones europeas. Y lo más llamativo: solo un 4,76% de los sujetos analizados pertenecía al haplogrupo típico en el norte de África. Es prácticamente el mismo porcentaje que en el resto de la Península (5%) y otros países de la cuenca mediterránea. Y, paradójicamente, inferior al que presentan los habitantes de Valencia, Murcia o Galicia. Solo en el País Vasco la huella es, como en el resto de Europa, casi nula.

«Al contrario de lo que se esperaba, por la dirección que siguió la reconquista, el gradiente de influencia genética africana no va de menor a mayor de Norte a Sur, sino de Oeste a Este», señala la bióloga.

La investigación, que se ha publicado en ‘Scientific Reports’, del grupo de la revista ‘Nature’, ha levantado cierto revuelo, quizá porque hay quien la ha leído en clave política, y no científica. «Que no haya herencia genética no significa que no haya herencia cultural: estamos rodeados de ella, en la arquitectura, la comida o la lengua», subraya Luis Javier Martínez.

Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre el significado de la investigación. «Esos resultados contradicen a la historia», asegura Francisco Sánchez-Montes, catedrático de Historia Moderna de la UGR, quien matiza que, aunque no conoce el trabajo en profundidad, quizá la muestra analizada es pequeña para representar a una población que en 1492 rondaba las 400.000 personas. «A mí me preocupa que se construya la historia desde el componente genético. Por encima está el modelo cultural, la capacidad de adaptación al medio», afirma.

El profesor recuerda que a partir de la primera oleada en el siglo VIII se produjo «una intensa dinámica de flujos poblacionales de sur a norte y un entremezclado social muy fuerte». El Reino de Granada y la nueva sociedad que se construyó a partir de 1492 era muy heterogénea y en ella convivían religiones y etnias diversas.

A su juicio, es extraño que apenas haya quedado rastro genético, por ejemplo, de los descendientes de los esclavos, parte de ellos de raza negra, que no estaban sometidos a las mismas reglas sociales que imperaban para el resto y presentaban una alta tasa de hijos ilegítimos. Sánchez-Montes recuerda que, pese a las conversiones forzosas y las expulsiones de judíos y moriscos, miles de ellos se las arreglaron para quedarse, en sus ciudades de origen o en otras, y mimetizarse con el entorno.

Mucho ardor y poca gente

Manuel Barrios Aguilera, catedrático de Historia Moderna de la UGR jubilado, lo ve de otro modo. Aun reconociendo que «la cultura no se transmite a través de la sangre», considera que la investigación genética «demuestra que en la historia hay muchas mitologías; una es la de la conquista y otra, la de la reconquista». «Hace muchos años se advirtió que la invasión musulmana se hizo con mucho ardor bélico y muy pocos medios humanos: los que desembarcan en el año 711 son pocos, pero con fuerza suficiente para apoderarse de un país en franca decadencia», subraya el miembro de la Academia Andaluza de la Historia.

El escritor José Calvo Poyato reconoce que es muy difícil determinar cuántos individuos participaron en la conquista, pero aventura que no debieron de ser más de unos cuantos miles en cada una de las oleadas: las más importantes, las dirigidas por Tariq y Musa a comienzos del siglo VIII; la invasión almorávide, con pobladores originarios del Sahara, en el siglo XI; y la almohade, de bereberes marroquíes, en el XII. En total, apunta el doctor en Historia Moderna, no más de 100.000. Sus genes quedaron disueltos en una población de entre 3 millones de habitantes en el siglo VIII y 5 en el XVI, según los poco precisos cálculos de la época precensal.

Dicho de otra forma, unas pocas decenas de miles de individuos, por muy armados que fueran, no pudieron dejar un gran rastro biológico en una población mucho más extensa. Lo que sí lograron con la ocupación del poder político y militar fue que una gran parte de los lugareños se convirtieran al islam y adoptaran los nombres, la lengua y las costumbres árabes. Los llamados muladíes no lo hicieron obligados por la fuerza, recuerda Barrios, sino atraídos por las ventajas económicas y fiscales que les acarreaba asimilarse a la clase dominante. «Lo que se produjo fue un dominio de la Península, no un barrido de la población hacia arriba», matiza.

En ese sentido, recuerda, la reconquista es otro mito, que se inventó ya entrado el siglo XIX y que algunos vuelven a empuñar ahora con objetivos propagandísticos. Porque, de hecho, lo que Don Pelayo inició en Asturias en el año 722 no fue una ‘re-ocupación’ de un territorio con la población previamente desalojada, sino una serie de campañas militares que fueron ganando plazas de norte a sur en los siguientes ocho siglos para la corona cristiana.

Tras la rebelión de los moriscos, en la Guerra de las Alpujarras de comienzos del siglo XVI, el Reino de Granada perdió un tercio de su población, unos 100.000 habitantes; una parte murieron en el conflicto bélico, otros se dispersaron por la Península y algunos regresaron al norte de África. ¿Regresaron? Es imposible saber si aquellos desterrados de nombres y ropajes moros, que hablaban árabe y adoraban a Mahoma, volvían a la tierra de sus ancestros o, por el contrario, abandonaban para siempre la tierra de sus tatarabuelos.

Fuente: Inés Gallastegui (Grupo Correo)


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Facebook pagará 52 millones de dólares a sus censores por tener “síndrome de estrés postraumático” provocado por machacar las opiniones “no correctas”… en USA. De intentarlo en España, no tendría dinero suficiente

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Facebook pagará 52 millones de dólares a sus censores, tanto a los que están en activo como a los que dejaron la empresa, en calidad de compensación por los problemas de salud mental desarrollados en el trabajo, informa The Verge, que cita el acuerdo preliminar presentado el pasado viernes en el Tribunal Superior de San Mateo (California, EE.UU.).

Además de los pagos, la red social también se avino a prestar asesoramiento y apoyo adicional a sus actuales censores. Los términos del acuerdo conciernen únicamente a los empleados que empezaron a trabajar a partir del año 2015 en los estados de Arizona, California, Florida y Texas.

Ignoramos si los censores que se ocupan de las secciones sobre España y en español o no sufren ningún tipo de “síndrome de estrés postraumático” o fueron contratados entre las filas de partidos más proclives a PSOE, PODEMOS y en general al globalismo mundial, con lo que seguramente estén trabajando gratis. 

El número total de censores que pueden acogerse a estas medidas asciende a 11.250. Cada uno de ellos recibirá una compensación mínima de 1.000 dólares, aunque podrá solicitar pagos adiciones si se prueba que padece trastorno de estrés postraumático (TEPT) u otros problemas mentales relacionados, incluida melancolía, que desarrollaron mientras trabajaban en Facebook.

Según el medio, los abogados involucrados en el caso estiman que hasta la mitad de los 11.250 censores tendrían derecho a solicitar el pago extra. El acuerdo no precisa condiciones de gasto de la compensación, por lo que los censores no están obligados a utilizar el dinero para cubrir tratamientos u otros costes asociados con problemas de salud.

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La cantidad de pagos adicionales dependerá del diagnóstico que sufre el solicitante. Por ejemplo, un censor al que se le diagnostique una enfermedad mental podrá recibir otros 1.500 dólares además de los 1.000 dólares iniciales. Pero si tiene varios diagnósticos simultáneos, podrá solicitar hasta 6.000 dólares adicionales.

“Estamos muy contentos de que Facebook haya trabajado con nosotros”, declaró el abogado de la parte demandante, Steve Williams, agregando que “el daño que puede causar este trabajo es real y extremo”.

La vida secreta de los censores de Facebook

El año pasado, varios empleados de la compañía Cognizant, subcontratada por Facebook, relataron bajo anonimato a The Verge los perjuicios para la salud mental que comporta el trabajo de los censores. De hecho, la mayoría de las cerca de 15.000 personas que censuran el contenido de Facebook no son empleados de la propia red social, sino que provienen de empresas como Cognizant.

A lo largo de una semana, un censor revisa unas 1.500 publicaciones. En un tiempo promedio de 30 segundos deben decidir si borran o permiten una publicación. Pese a lo difícil de la tarea, los profesionales se quejan de que unos pocos errores pueden condicionar su despido.

Pese al estrés que conlleva su trabajo y la estricta disciplina a la que están sometidos, su salario es casi diez veces menor que el de los empleados de Facebook.

Aquí en España todos sabemos que es “Newtrola” (el nombre de guerra con el que los internautas se refieren siempre a la empresa de Ana Pastor, Newtral) la encargada de las funciones de censura, aunque de momento no se ha sabido de ningún caso de queja o protesta por parte de sus trabajadores. 

Analista político señaló la forma de expulsar al sesgado Facebook de Rusia

La red social Facebook reacciona con provocaciones a los principales eventos en Rusia: la votación en las elecciones o el Día de la Victoria. El analista político Alexander Dudchak recordó que Facebook es un participante indispensable en todas las guerras de información.

Según el experto, Facebook cumple diligentemente la misión de la propaganda antirrusa e interfiere constantemente en los procesos políticos en todo el mundo.

“Facebook es un participante conocido en las guerras de información, es un participante casi sin cambios en todas las revoluciones de color y golpes de estado. Contribuye seriamente a estos eventos en todo el mundo”, señaló el experto en un comentario a la publicación Slovo i delo.

Dudchak señaló que todos los usuarios de Facebook, especialmente el segmento de habla rusa, pudieron sentir la política antirrusa.

“Tampoco sorprende a nadie: una política sesgada con un enfoque muy unilateral. Facebook desempeña el papel que sus propietarios encontraron para él, los organizadores son la estructura estatal de los Estados Unidos”, agregó el politólogo.

Dudchak cree que debería crearse una alternativa a Facebook en Rusia, que no «fusionaría» los datos personales de los usuarios y no violaría la ley.

«Sería ideal encontrar una alternativa para Facebook, aprovecharla, incluida la posibilidad de desconexión, porque los trucos de esta red social van más allá de todos los límites posibles de sentido común, moral, honor y conciencia», resumió.

Dudchak enfatizó que en Rusia hay redes sociales con una audiencia millonaria. Es necesario participar en su desarrollo y mejorar para que no sean inferiores a Facebook.


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Bill Gates ya avisó del coronavirus en 2015: «No estamos preparados para una epidemia global»

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Bill Gates cofundador de Microsoft y copresidente de la Fundación Bill y Melinda Gates, en 2019
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En el año 2015 el mundo estaba atravesando la peor parte de la terrible epidemia del virus ébola: un filovirus asesino procedente de murciélagos, transmitido por contacto directo y que llegó a matar a 11.325 personas en África occidental. Por entonces, exactamente el 18 de marzo de 2015, Bill Gates, magnate y cofundador de Microsoft, avisó: « No estamos preparados para una epidemia global».

Como fundador y copresidente de la Fundación Bill y Melinda Gates, enfocada en extender la cobertura sanitaria y reducir la pobreza extrema, contaba con información sobre lo ocurrido en la epidemia del ébola: «Lo que he aprendido es realmente aleccionador», escribió en « The New York Times». «Por muy horrible que haya sido esta epidemia, la próxima podría ser mucho peor. El mundo sencillamente no está preparado para lidiar con una enfermedad, como una gripe especialmente virulenta, que infecte a muchas personas muy rápidamente».

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Aquella misma semana impartió una charla TED sobre el mismo tema y publicó un artículo en la página web de su fundación. Ya en 2018, cuando el mundo ya no estaba preocupado por la epidemia del ébola, escribió otro artículo más en « The New England Journal of Medicine» (NEJM) donde volvió a alertar sobre la falta de preparación ante las pandemias.

«Este error debería preocuparnos a todos, porque la historia nos ha enseñado que habrá una nueva pandemia mortal. No podemos predecir cuándo, pero teniendo en cuenta la constante emergencia de nuevos patógenos, el cada vez mayor riesgo de ataques bioterroristas y la mayor interconectividad de nuestro mundo, hay una probabilidad importante de que una gran y letal pandemia moderna ocurra durante nuestra vida».

«La historia nos ha enseñado que habrá una nueva pandemia mortal»

En el artículo publicado en 2015 en «The New York times» le puso números a ese horror invisible: «De entre todas las cosas que podrían matar a más de 10 millones de personas en el mundo en los próximos años, de lejos las más probable es una epidemia».

No hay sistema de defensa

Gates avisó de que no hay suficiente capacidad para hacer frente a algo así: «Gran parte de la discusión sobre la respuesta al ébola ha sido si la OMS o los CDCs podrían haber respondido más eficazmente. (…) Pero el problema no es que el sistema no funcionase bien, el problema es que no tenemos ningún sistema».

En este sentido, indicó la necesidad de construir un sistema global de alerta y respuesta frente a epidemias: «Yo aplicaría el tipo de planificación que se usa en defensa nacional, con sistemas de reclutamiento, entrenamiento y equipamiento de personal sanitario o inversiones en nuevas herramientas».

«(Frente a epidemias) yo aplicaría el tipo de planificación que se usa en defensa nacional»
Además, dijo que era necesario mejorar los sistemas de vigilancia, especialmente en países pobres, y contar con personal entrenado y con equipo para enviarlos con rapidez a los países afectados al comienzo de los brotes.

«En comparación con los planes que las naciones ponen en defensa (redes de entrenamiento y reclutamiento, equipamiento, investigación y capacidad de respuesta rápida) no hay casi nada de eso en respuesta a las epidemias».

De hecho, dijo que «el mundo no cuenta con ninguna organización, ni siquiera la OMS, que pueda coordinar las acciones necesarias para detener una epidemia. Así que, en resumen, en una guerra contra una epidemia severa, iríamos con un cuchillo a una batalla de bazucas».

Bill Gates incluso aventuró cómo podría ocurrir la próxima pandemia. «No será de ébola. Por muy horrible que sea este virus, solo se transmite por contacto directo, y cuando los pacientes infectan a otras personas ya están mostrando los síntomas de la enfermedad, lo que hace que identificarlos sea relativamente fácil».

Sin embargo, este no es siempre el caso, como recordó Gates: «Otras enfermedades, como la gripe, por ejemplo, se extienden por el aire y la gente puede contagiar antes de que tengan los síntomas, lo que significa que una persona puede infectar a muchas otras solo por ir a un espacio público. Hemos visto algo así antes, con horribles resultados: en 1918, la gripe española mató a más de 30 millones de personas».

De hecho, él mismo reconoció que los expertos de salud de todo el mundo llevaban años advirtiendo de que la pregunta no es si va a ocurrir una nueva pandemia, comparable en velocidad y severidad a la gripe de 1918, sino cuándo.

¿Es la COVID-19 la pandemia del siglo?

En su artículo, Bill Gates se preguntó: «Imaginen qué podría hacer (la gripe española) en el mundo altamente interconectado de hoy». Sin embargo, en estos momentos la capacidad de imaginar se ha visto superada por la realidad: la pandemia del coronavirus y la COVID-19 sigue extendiéndose y segando vidas, obligando a los estados a confinar a sus habibantes para evitar el colapso de los sistemas sanitarios.

El virus SARS-CoV-2 es menos letal que el de la gripe española (alrededor de un 1% frente a un 2%), pero se contagia por vía aérea, es muy contagioso y puede ser transmitido incluso cuando no se tienen síntomas. Exactamente como vaticinó Bill Gates.

«En la última semana, COVID-19 ha comenzado a comportarse como el patógeno del siglo que tanto nos preocupa», escribió Gates el pasado 28 de febrero, cuando la epidemia estaba todavía centrada en China. «Espero que esto no sea tan malo, pero deberíamos asumir que lo será hasta que podamos descartarlo».

En su opinión hay dos razones por las que la COVID-19 es una grave amenaza: «Primero, puede matar a adultos sanos y a personas mayores con problemas de salud previos».

«En segundo lugar, COVID-19 se transmite bastante eficientemente. Por término medio, una persona infectada extiende la enfermedad a dos o tres personas. Esta es una tasa exponencial de crecimiento», explicó. «Además, hay fuertes evidencias de que puede transmitirse entre personas con síntomas moderados o sin síntomas. Esto significa que la COVID-19 será mucho más difícil de contener que el SARS (otro coronavirus cuya epidemia se produjo en 2003)». Este viernes por la tarde el virus ya había infectado a 255.000 personas en todo el mundo, matando a más de 10.000, sobre todo en Italia.

¿Cómo se debe responder a la COVID-19?

En febrero, Bill Gates dijo que, en cualquier crisis «Los líderes tienen dos responsabilidades igual de importantes: resolver el problema inmediato y evitar que ocurra de nuevo». Por eso argumentó que el mundo necesita «salvar vidas ahora, pero también mejorar la forma cómo se responde a las epidemias», para evitar consecuencias en el futuro.

Para frenar esta pandemia, en su opinión es clave poner el foco en los países menos ricos: «Ayudando a los países de África o del sur de Asia ahora, podemos salvar vidas y también ralentizar la circulación global del virus». De hecho, la fundación que preside ha comprometido 100 millones de dólares para esta finalidad.

Además de eso, cree que «el mundo necesita acelerar el trabajo en los tratamientos y vacunas». Recordó que la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI) está preparando los ensayos clínicos para ocho candidatos a vacunas frente a la COVID-19 y que éstos podrían empezar en junio. Aparte de eso, añadió que la tecnología de aprendizaje maquinal y la creación de librerías podría acelerar la búsqueda de compuestos para identificar antivirales más rápidamente.

Medidas para evitar la próxima pandemia

Una vez superada la COVID-19 podría haber otra gran epidemia. Para Bill Gates, la clave para evitarlo es construir un sistema global de alerta y respuesta frente epidemias y reforzar los sistemas sanitarios de los países más pobres, para aumentar su capacidad de tratar, diagnosticar y administrar vacunas.

También ha recomendado crear una base de datos de infectados, accesible para organizaciones y establecer normas para que los países intercambien información. Por otro lado, cree que los gobiernos deberían tener acceso a listas de personal entrenado, a nivel local y global, capaces de responder a una epidemia inmediatamente, al igual que a listas de suministros que pudieran ser almacenados o redirigidos.

Cree que es necesario mejorar y estandarizar los sistemas para desarrollar vacunas y antivirales e invertir para producirlos a gran escala, lo que en gran parte dependerá de la diplomacia, la capacidad de hacer ensayos clínicos gigantescos y de firmar acuerdos internacionales. Y, definitivamente, «necesitamos invertir mucho más en investigación en medicamentos, vacunas y tests de diagnóstico».

Todo esto requiere presupuestos de miles de millones de euros y de una colaboración muy estrecha entre gobiernos y empresas. Tal como dijo Bill Gates, «dado el daño económico que una epidemia puede causar, todo esto será una ganga». En su opinión, los líderes ya deberían estar trabajando en ello. «No hay tiempo que perder». La historia reciente ha mostrado que no se equivocaba.

 


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Sánchez crea el Comité Científico del Covid-19 una semana después de la declaración del estado de alarma

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha constituido este sábado el Comité Científico del Covid-19 que contará con la presencia del ministro de Sanidad, Salvador Illa, y seis científicos, aunque este grupo se podrá ampliar con expertos nacionales e internacionales, según ha informado Moncloa.

La primera reunión del Comité se ha producido de manera telemática y no se descarta la incorporación de expertos en distintos campos de la medicina y la ciencia en la lucha contra el coronavirus.

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La Comisión Europea creó el pasado 17 de marzo este mismo órgano para asesorar a la Unión Europea sobre la pandemia y en la adopción de medidas para luchar contra el coronavirus.


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