España
Los barones del PP cierran filas con Casado ante las elecciones del 26-M pero exigen autocrítica
El Partido Popular se conjura para hacer una reflexión tras el descalabro del domingo en las elecciones generales, y sobre todo para no perder el centro político. Los barones territoriales han llegado esta mañana al Comité Ejecutivo Nacional del partido y han pedido una reflexión y autocrítica tras quedarse el PP con solo 66 escaños, pero han cerrado filas en torno al liderazgo de Pablo Casado ante las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo.
Desde Galicia, Alberto Núñez Feijóo ha considerado que es momento de « ensanchar el partido» porque se ha hecho así el PP ha ganado y cuando se ha limitado «pues lamentablemente» no se ha ganado. Feijóo no ha podido acudir al Comité Ejecutivo Nacional al tener que asistir al Parlamento autonómico gallego.
En la línea de pedir autocrítica, pero cerrar filas en torno a Casado se han pronunciado barones como José Antonio Monago (Extremadura), Fernando López Miras (Murcia) o Francisco Núñez (Castilla-La Mancha).
Según ha explicado Monago antes de entrar al Comité Ejecutivo Nacional, Pablo Casado «lleva poco tiempo como presidente del partido y, por lo tanto, es un liderazgo nuevo en unas elecciones que eran realmente muy difíciles, en un entorno además muy fragmentado para el centro-derecha, en una campaña bien dirigida desde la Presidencia del Gobierno para fragmentarlo». El «barón» extremeño lo ha calificado de «tormenta perfecta». «A todo pasado, todos somos analistas. Pasa en el fútbol, en la política».
«El PP es un partido amplio, tiene gente con distintos acentos, yo no me he alejado del centro, pero en la campaña se han amplificado algunos mensajes. Creo que no se ha abandonado el centro. Eso sí, lo que resonaba mucho en esta campaña son los que venían muy por la derecha», ha señalado Monago, quien ha recordado que a él le llamaban el «barón rojo».
El presidente del PP de Castilla y León y candidato a la Presidencia autonómica, Alfonso Fernández Mañueco, ha asegurado que la oferta de los populares en su región ante las próximas elecciones municipales y autonómicas se plantea «desde la moderación y el centro de la política» y ha subrayado que la derrota de las generales del pasado domingo «no va a volver a ocurrir».
A su llegada a la sede nacional del PP, el líder del PP catalán, Alejandro Fernández, ha subrayado que su partido no debe dar «bandazos» ni emprender «viajes a ninguna parte» tras la pérdida de votos y escaños en las elecciones generales.
El número uno del PP por Málaga, Pablo Montesinos, que ha acudido al Comité Ejecutivo y que apunta un lugar destacado en el proyecto de Casado a partir de ahora, ha reconocido que el resultado es muy malo, en toda España pero también en su circunscripción. A su juicio, hay que hacer autocrítica, pero también remar todos en la misma dirección que Casado. Montesinos ha expresado su total respaldo al presidente del PP.
En declaraciones a RNE, el exministro José Manuel García Margallo, que compitió en las primarias del PP, ha señalado que el PP debe «recuperar su razón de ser» y volver a su «esencia de partido de centro», ya que entiende que solo desde esa posición se ganan las elecciones.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
