Sociedad
Los hijos procedentes de gestación subrogada pueden figurar como adoptados en los países donde está prohibida
Los niños de gestación subrogada pueden figurar como adoptados según una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) que rechaza condenar a Francia por negarse a registrar directamente como hijos a los niños nacidos mediante gestación subrogada en otro país, al existir la posibilidad de que figuren como adoptados.
La sentencia, difundida este jueves y a la que ha tenido acceso Europa Press, relata los casos de dos parejas cuyos miembros masculinos, en ambas situaciones, aportaron los gametos necesarios para llevar a cabo un proceso de reproducción en una madre donante, uno en Estados Unidos y el otro en Ghana.
El primer caso ocurrió en 2014, cuando los padres -a los que se refieren en la sentencia como C. y E.- solicitaron la inscripción del menor, que había nacido en Florida en el año 2010 en el consulado francés de Miami (Estados Unidos). Desde allí, se transmitió la solicitud a la Fiscalía de Nantes al sospechar que los padres habían recurrido a un vientre de alquiler.
Esta práctica está prohibida en Francia por lo que la justicia gala registró la filiación paterna al existir vínculo biológico e incluyó que la materna lo era por adopción.
También en 2014 tuvo lugar el segundo caso y en esta ocasión, la pareja solicitó la inscripción de tres niños nacidos ese año en Ghana ante la embajada de Francia en el país, con idéntica decisión por parte de los tribunales franceses.
Por ello, ambas parejas recurrieron los pasados 4 de enero de 2018 y 10 de abril de 2018 al Tribunal Europeo de Derechos Humanos haciendo alusión al artículo 8 (derecho al respeto de la vida privada y familiar) y el artículo 14 (prohibición de discriminación).
En la sentencia del TEDH, los tres jueces estiman que la negativa de Francia a inscribir en el registro civil a la pareja como padres «no es desproporcionada» al tener en cuenta que se puede reconocer como «madre adoptiva» a la mujer del padre biológico.
Además, puntualizan que la distinción para los niños nacidos en el extranjero mediante maternidad subrogada «se basa en una justificación objetiva y razonable que está dentro del margen de apreciación» que tienen aquellos países a los que el Convenio Europeo de Derechos Humanos no obliga a reconocer la filiación niño-madre no biológica.
Los jueces recuerdan que el pasado 10 de abril, el TEDH ya precisó que los Estados «no tienen la obligación» de registrar a la madre no biológica en el acta de nacimiento cuando se trata de un menor nacido por maternidad subrogada en otro país.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
