Opinión
Los medios extranjeros ensalzan el Isabel Zendal
El éxito del Hospital Isabel Zendal se ha vuelto indigerible para la ineficaz siniestra parasitaria.
El Hospital Enfermera Isabel Zendal ya es considerado como la joya de la comunidad de Madrid para abordar la escalada y sobresaturación del covid19. Hasta la prensa extranjera ha atacado duramente a la izquierda española por su actitud impresentable y sus maliciosos bulos contra el Isabel Zendal; máxime, al comprobar que ninguna comunidad ha sabido trabajar con la misma eficiencia que Madrid: ahí tienen lo sucedido en los hospitales de campaña de Valencia, Castilla La Mancha, etc. Estos días he escuchado en una cadena de radio unos comentarios sobre el hospital Isabel Zendal dignos de una ignorante seudoperiodista: sentí vergüenza ajena porque se notaba que — sin conocer ni haber estado en el Zendal—aventaba su odio envalentonado, su siniestro pensamiento y su ‘republiqueta’ de pacotilla. Será cuestión de sentarse en el quicio de la puerta para ver pasar su cadáver. Al tiempo.
Hoy, el Isabel Zendal, es una bandera que aplauden todos los países de nuestro entorno, incluso ya lo han copiado. A eso se llama estar a la altura de las circunstancias en tiempo y forma. Ninguna otra comunidad ha cogido al toro por los cuernos, ni siquiera Cataluña; con la cantidad de dinero enviado a Cataluña, retrayéndolo del dinero adeudado a otras comunidades y evitando la insensatez de la ‘embajadas’ catalanas, bien podría haber dedicado un ‘zendal’ a la Sanidad y otro a la educación; sin embargo, ese dinero lo dedicó la comunidad a alimentar el golpismo, el activismo independentista y el adoctrinamiento integral.
Cataluña derrocha como pocas comunidades. Hay otras formas de derroche como la efectuada en Andalucía por María Jesús Montero: según ha manifestado el Tribunal de Cuentas, la ahora ministra de Hacienda prescindió de algo más de 8.000 sanitarios en el tiempo que fue consejera de Salud. Cuando copiar de Madrid parece lo más práctico, lógico y sensato, la izquierda no admite que la comunidad de Madrid se vuelque en lo público; hubieran preferido las formaciones de la siniestra que el hospital fuera privado para así disponer de munición contra Isabel Ayuso. El éxito del Hospital Isabel Zendal se ha vuelto indigerible para la ineficaz izquierda parasitaria.
A día de hoy, la presidenta ha aleccionado a Salvador Illa, llegando a quedar como el ‘hombre de paja’ del Gobierno; el presidente no soporta que una mujer le dé sopas con onda, y también ha claudicado ante la planificación de Ayuso con todo su odio y dolor; hasta Grande-Marlaska anda escondido porque le han encontrado las cosquillas de su pasado y de su presente. Otro que también está muy callado últimamente es el ‘vicepandemias’ segundo, pero ya se sabe: sigue pendiente de Franco; sin el caudillo, él no es nadie porque carece de discurso inteligente. Lo suyo son las arengas vacías.
No me ha sorprendido cómo decenas de diarios europeos han destacado, y siguen destacando, el buen hacer de Isabel Díaz Ayuso y su ascenso político. No han faltado cabeceras en Francia, Alemania, Austria, Finlandia, Italia y Reino Unido, entre otros, elogiando la gestión “eficaz, sensata, elegante y disciplinada” de la presidenta desde el inicio de la pandemia. Todos se han deshecho en halagos hacia “el milagro de Madrid” y “la musa de la derecha española”. El diario francés “Le Fígaro” no ha dejado de reconocer y ensalzar a Díaz Ayuso y su equipo, incluso ha llegado a calificarla como “la luchadora contra el coronavirus”. Por el contrario, el presidente del Gobierno sale muy mal parado en todos los envites y comentarios, a la vez que se le considera el culpable por negligencia de los miles de muertos. Es curioso que el ‘vice’ segundo reciba el trato de “patata” y otras veces de “desechable patata caliente”, por su negligencia en las residencias de ancianos, su desidia hacia los afectados y sus destrozos en el mal llamado ‘escudo social’.
Los liberados sindicales de la izquierda, y particularmente de la sanidad madrileña, se han dedicado a tirar piedras a su tejado, convirtiendo su actitud en una vergonzosa manipulación. Muchos siguen aventando estupideces, y pasan información falsa a algunos medios pagados por el Gobierno, esos a los que se conoce como ‘cagaítos’. De todos esos liberados sindicales, ninguno ha renunciado a la liberación para ayudar a realizar test, poner vacunas o acudir al Zendal. En estos casos, la Administración debería eliminar de oficio esas liberaciones porque son atentatorias contra la sociedad. Si los sindicatos quieren liberados para hacer daño, deberían pagarlos ellos en vez de hacerlo la Administración. ¿Cuánto creen que iban a durar los liberados sindicales? Pues ese es uno de los temas que habrá que tratar en profundidad cuando se abra el melón de la Constitución, junto con otros muchos.
Por Jesús Salamanca.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
