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Los rivales de España para alcanzar la Copa del Mundo

Redacción

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Tras la realización en Doha del sorteo de grupos para la Copa del Mundo de Qatar 2022, el camino para alcanzar la gloria deportiva en el torneo más importante del planeta empieza a esclarecerse.

España, cabeza de serie del Grupo E, compartirá grupo con el ganador del partido de repechaje entre los representantes de la confederación de Norte y Centroamérica (CONCACAF) y la de Oceanía (OFC), Costa Rica y Nueva Zelanda, respectivamente, así como con Alemania y Japón.

¿En qué estado llegan estos rivales al Mundial? ¿Qué cruces podrán darse a partir de octavos de final? Repasamos a continuación el trayecto de estas selecciones, y recuerda que puedes encontrar los mejores pronósticos para apostar respecto de su suerte en el sitio de Telecom Asia Sport.

Un grupo asequible, pero no sin peligros.

Ordenando todos los grupos del Mundial de acuerdo al ranking FIFA que detenta cada equipo, siguiendo el criterio más objetivo que se tiene a la mano, el grupo de España se posiciona como el quinto o el sexto más fuerte, según sea que se clasifique Costa Rica o Nueva Zelanda. Ello refleja la disparidad que existe entre las naciones europeas del grupo y los otros dos integrantes del mismo, por lo que lo esperable es que españoles y alemanes se disputen el primer lugar.

El primer rival que verá España será Costa Rica o Nueva Zelanda, el 23 de noviembre, en escenario aún a confirmar. La selección centroamericana terminó cuarta en la CONCACAF, consiguiendo 19 puntos de 21 posibles en las últimas 7 fechas de la eliminatoria, luego de un pésimo inicio a la primera ronda en el octogonal final. Los ‘ticos’ se perfilan como favoritos ante Nueva Zelanda, que llega a la repesca tras terminar invicta en su grupo inicial y goleando 5 a 0 a Islas Salomón en el partido clasificatorio por su confederación. Tanto en uno como otro caso, España debería batir (y con contundencia) a cualquiera de estos equipos.

Cuatro días más tarde, La Furia deberá vérselas contra Alemania en el estadio Al Bayt, construido en la ciudad de Jor, y que tiene la particularidad de emular una colosal tienda beduina. Si bien el equipo teutón se encuentra en pleno proceso de renovación de su plantilla, fue una de las primeras selecciones en clasificar para el Mundial. Cuenta en sus filas a unos pocos jugadores veteranos, como el arquero Manuel Neuer, el atacante Thomas Müller y el centrocampista Iklay Gündogan, mientras que la mayoría de su alineación estará conformada con jugadores que llegan con la edad justa para el mundial, como es el caso del Antonio Rüdiger, Joshua Kimmich y Timo Werner. La defensa española deberá poner mucha atención al joven delantero del Chelsea de 22 años, Kai Havertz.

Los dirigidos por Luis Enrique cerrarán su participación en fase de grupos el 1° de diciembre contra Japón en el Estadio Internacional Khalifa, en la capital Doha. De hecho, España cuenta con un antecedente favorable en este estadio a raíz de un amistoso jugado en este estadio en 2013, en el que venció 3-1 a la selección de Uruguay. Este partido contra Japón será clave para determinar el orden jerárquico dentro del grupo, e incluso, dependiendo de los resultados cosechados en los primeros dos encuentros, España podrá permitirse especular con el resultado de forma de buscar el mejor emparejamiento para octavos de final. Japón terminó segundo en su serie clasificatoria en la confederación asiática, detrás de Arabia Saudita y por delante de Australia. Lejos de su mejor nivel en los últimos años, la estrella del equipo es sin dudas el delantero Takumi Minamino, que milita en el Liverpool inglés. Sin embargo, se trata de un equipo incómodo, rápido, dinámico y contragolpeador. La clave será abrir el marcador temprano en el encuentro para evitar acumulación de nervios y frustración con el pasar de los minutos.

Los posibles duelos en las fases de eliminación directa.

 

En octavos de final, el rival de España, provendrá del Grupo F, conformado por Bélgica, Canadá, Marruecos y Croacia. En principio, parecería más probable pensar en Croacia como el segundo clasificado de dicho grupo, dado el nivel de Bélgica que seguramente acabe como primero en la serie. Por lo tanto, de salir cabeza en su serie, croatas se batirán contra españoles para avanzar.

 

En cuartos de final, el hipotético rival sería la poderosa selección de Brasil, que se anticipa terminará en primer lugar de su grupo y que probablemente supere al segundo del grupo H, que podrá ser Portugal o Uruguay.

Superada esta prueba de fuego, en semifinales España tendría por delante a la Argentina de Messi, que debería derrotar al segundo del grupo D (factiblemente será Dinamarca), y en cuartos a Holanda, su rival potencial.

En la final, y siempre en la medida que La Roja termine primero en su grupo, debería vérselas con Inglaterra, Francia, Bélgica o Portugal, para asegurarse su segunda Copa del Mundo.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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