Sociedad
Los votantes de Vox son los que más se separan y se divorcian
Los votantes de Vox, aunque de ideología muy conservadora, son los que más se divorcian de todas las formaciones políticas, con un 8,4 por ciento de su electorado (hasta el 14 % si se suman las separaciones) y, además, tampoco son especialmente religiosos, ya que los del PP les superan con creces.
Estos son algunos de los datos que refleja el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del mes de julio, en el que el partido de Santiago Abascal es el que más divorciados y separados registra (14 por ciento de total), seguido a bastante distancia de Podemos (8,5 %), PSOE (8,2 %), PP (6,7 %) y Ciudadanos (5,5 %).
Sobre la confesión religiosa de los votantes, un 56,9 por ciento de los que elige la papeleta del PP se declara católico practicante, mientras que los de Vox suponen un 29,9 %, un 19,9 % los socialistas, 19,5 los que optan por el partido naranja y solo un 4,5 los que votan a Podemos.
De misa dominical y festivos son sobre todo los que se decantan por el PP (28,2 %) y los que eligen a Vox (15,5 %), porque entre los votantes religiosos del partido de Albert Rivera los que acuden a la iglesia cada domingo bajan al 9,1 por ciento, al 8,8 por ciento los socialistas y hasta el 2,5 de los morados.
También destaca el porcentaje de ateos entre las filas de Vox, un 11,2 por ciento, muchos más que los del PP (1,7 %) e incluso que Ciudadanos (6,5 %). Los ateos dentro de los votantes socialistas suponen el 13 % y en Podemos llegan al 28 %.
Vox sobresale igualmente por la elevada proporción que tiene de electores varones (un 70,1 %), encabezando una lista en la que el segundo puesto se lo disputan Ciudadanos (50,9 %) y Podemos (50,8 %), seguido del PSOE (46,3 %).
Por el contrario, el partido verde tiene el menor índice de mujeres votantes (29,9 %), que, según el CIS, se ven mejor representadas en el PP (56,2 %) y el PSOE (53,7 %), mientras que Podemos (49,2 %) y Ciudadanos (49,1 %) prácticamente empatan.
En cuanto al nivel educativo, el PSOE (6,7 %) y el PP (5,2 %) acumulan el mayor número de electores sin estudios, situándose en el otro extremo Cs (2 %), Podemos (0,8 %) y Vox (0,9%).
La mayoría de los universitarios se concentran precisamente en estas tres fuerzas, sobre todo en Podemos (36,2 %), al que siguen Cs (30 %) y Vox (28 %).
El PP, con un 21,7 % de universitarios, y el PSOE con un 20 %, se sitúan en la cola de las cuatro principales formaciones.
Otro aspecto importante que muestra el sondeo del CIS es el perfil de edad de los votantes, y así el PP es el que tiene más tirón entre los jubilados (46,4 %), mientras que Podemos, con un 7,7 %, y Vox, con un 9,3 %, son a los que menos apoyan.
En el medio están el PSOE, con un 27,1 % de votantes de más de 65 años, y Ciudadanos, con un 14,3 %.
Los votantes más jóvenes, de 18 a 24 años, se decantan sobre todo por Podemos (un 13,4 %) y salvo el PP, que solo tiene un 2,9 % de respaldo muy joven, el resto de partidos, incluido Vox, se mueven en el entorno del 7-8 %.
Precisamente, la edad de los votantes condiciona también otra de las variables que resalta el instituto demoscópico al concluir que el PP, con un 13,9 5, es el partido que más votantes viudos tiene, seguido de los socialistas, con un 10,5 %.
Al otro extremo se sitúan las formaciones que tienen una base electoral mucho más joven y por eso parece lógico pensar que menos viudos: Vox (4,7 %), Ciudadanos (4,4 %) y Podemos (1,2 %).
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
