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Magistral análisis de la situación política por Emilio de Fortuny, para ALERTA NACIONAL

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Contamos, a partir de hoy, con la insigne colaboración del maestro de periodistas y estrella de la TV norteamericana Emilio de Fortuny, español patriota que sigue, desde su retiro en Florida, la grave situación española.

Especialista en temas históricos y políticos, contamos hoy con un Vlog sobre el presunto fraude electoral del pasado 28A, del que tantas pruebas están apareciendo a cada minuto que pasa, y de la inercia histórica que ha traído hasta aquí al PSOE, después de haber manipulado y tergiversado prácticamente todas las elecciones en las que ha participado. Y no queremos recordar ahora los luctuosos hechos del 11M… pero que están ahí, y seguirán estando con la complicidad del hoy derrotado PP, que hizo delación de funciones al no querer investigar transitando aquella senda. El porqué… está publicado en muchos libros.

Sin más, les dejamos con el valioso testimonio de D. Emilio de Fortuny. Que ustedes lo disfruten.

 

 

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(VIDEO EXCLUSIVA ALERTA NACIONAL) Las Hijas de Europa denuncian: “Nos están matando en nuestro propio país”

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Es un clamor. Es un grito de socorro. Es una petición de auxilio.

Nuestras mujeres son asesinadas, torturadas y violadas en la calle, a plena luz del día. Niñas, adolescentes, incluso ancianas. Ninguna está a salvo. Las leyes protegen al criminal, las leyes protegen al MENA, al inmigrante, al delincuente: al violador reincidente.

¿QUIEN protege  nuestras mujeres?

Si nadie lo hace, es nuestra obligación protegerlas. Esto es un llamamiento de socorro. Esto es una petición de auxilio: Por encima de la ley, está la vida de nuestros seres queridos. No permitamos que nada nos impida defender la vida de las mujeres españolas. Defendámoslas a muerte. Con todas las consecuencias. Con firmeza total. NO podemos permitir que las siga matando y violando una piara de salvajes sin civilizar: es básico y es una cuestión de supervivencia de TODOS: Si está en tu mano, ejerce tu propia justicia.

En un terrible y valerosísimo ejemplo de heroicidad, voluntarios españoles que luchan por España y por la defensa de Occidente desde Siria y desde Irak, contra el DAESH, han arriesgado su vida para enviarnos un mensaje muy claro: “¡PROTÉGELAS”.

Señoras y señores, por el Honor y la Gloria que estos soldados españoles merecen, y por la inmensidad de la deuda que con ellos hemos contraído, hagamos de su petición una orden: estos héroes españoles, desde más allá del infierno, nos lo piden; ¡PROTEJÁMOSLAS!

Aquel que tenga sangre en las venas, que obedezca. Y que haga todo, absolutamente TODO lo que tenga que hacer para proteger a nuestras mujeres.

Por ellas.

Por nuestros hijos.

Por la libertad.

¡POR TODOS NOSOTROS! ¡POR ESPAÑA!

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¿Por qué se quiere africanizar Europa?

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AD.- Los europeos ya no tenemos a nadie en quien confiar. Hasta Salvini ha sucumbido a la mayor campaña de linchamiento que se recuerda contra un líder europeo. Africanizar Europa es el objetivo de las élites globalistas. El problema es que nos ha sido vetado abordar estos asuntos con toda su crudeza porque prevalece el matiz subjetivo de la corrección política. Uno de los mayores logros del marxismo cultural está siendo la entronización de la mentira informativa con el consiguiente destierro de cualquier tipo de verdad.

Nadie habla del cupo de inmigrantes que bajo ninguna circunstancia debería ser sobrepasado sin poner el peligro la supervivencia de la Europa que ha sido punta de lanza de la humanidad. Por ejemplo, si permites la entrada en Europa de cientos de millones de africanos, lo que haces es trasladar al Viejo continente los problemas estructurales que tiene África. Es Europa la que ha llevado al mundo la filosofía griega, el derecho romano, el Renacimiento, la universidad, la imprenta, el cine, la ciencia, las operaciones de cataratas, la penicilina, la lucha contra el dolor, la neurocirugía, los implantes ortopédicos, los trenes, los aviones, los automóviles, la radio, el teléfono, la televisión, entre otras miles de aportaciones sin las cuales la humanidad estaría hoy más cerca de Atapuerca que del siglo XXI. El genio europeo no vino determinado por los ríos o las montañas de sus territorios, por sus paisajes o sus atardeceres, sino por la herencia biológica transmitida desde hace centenares de años.

El antropólogo Gunnar Heinsohn ofreció hace años algunos datos demoledores que probarían la pulsión al suicidio de la vieja Europa. De los 12 millones de inmigrantes llegados a Alemania desde 1990, sólo un 10% pudo ser laboralmente aprovechado. «Alemania fue a buscar trabajadores al extranjero. Los que vinieron eran analfabetos o fracasados escolares en sus países. La incapacidad de muchos de estos inmigrantes para integrarse no ha sido ajeno a su escasa formación. Si tenemos en cuenta que los países productores de inmigrantes tienen un promedio IQ entre su población inferior al de Alemania y que, a pesar de ello, nosotros nos traemos a sus fracasados escolares, los resultados están a la vista», señaló Heinsohn.

Denunció asimismo que los políticos alemanes, no sólo favorecen esta inmigración escasamente cualificada, sino que también animan a sus integrantes a que tengan hijos, muchos hijos, obteniendo por ello toda clase de beneficios. Advirtió que el resultado será una inmensa clase proletaria de incontrolable crecimiento frente a una minoría productora de riquezas. En la actualidad, más del 33% de los niños por debajo de los 5 años nacidos en Alemania provienen de familias inmigrantes frente a un 19% de niños alemanes. Ello ya ha provocado que se tengan que poner en marcha servicios de integración en la enseñanza pública, lo que está repercutiendo negativamente en su calidad y reduciendo por tanto el valor del capital humano de la nación que alumbró a Beethoven. ¿Es esto lo que mejor que pueden darle los progresistas a los ciudadanos europeos?

Al tiempo que los Estados africanos se niegan a tomar medidas para restablecer un parecido de civilización en sus países, ¿no sería más lógico europeizar África y no africanizar Europa, con lo que europeos y africanos saldríamos ganando? ¿Dónde está la lógica de las políticas migratorias puestas en marcha? No hay ninguna.

África es un continente fallido y casi enteramente poblado de decenas de millones de personas que sobreviven gracias a la ayuda internacional, es decir occidental. Atraer a Europa a esas decenas de millones de personas no impedirá que África resuelva sus problemas, ni que esos problemas se trasladen a Europa.

Esta es una situación pintada con trazos gruesos, sin duda. Pero es así que la Historia pinta a menudo sus episodios más sórdidos, los más decisivos también. Japón, China, Rusia, Corea, Polonia, Alemania, Vietnam, Laos, Camboya y otros han tenido que superar situaciones mucho más duras que las que soporta África. Muchos de esos países ayudan hoy a este continente e invierten en él, mientras que África, con sus enormes savanas y sus opulentos pastizales no aporta prácticamente nada a nadie.
Mientras tanto, las poblaciones africanas agotan sus recursos y provocan daños ecológicos catastróficos. En 2050, la población de Etiopía alcanzará los 177.000.000: el equivalente de Francia, Alemania y el Benelux juntos, pero situados en la zona más árida y devastada del Valle del Rift, donde las fuentes de proteínas son cada vez más escasas.

¿Qué sentido tiene fomentar activamente el aumento de la población de un país ya sobrepoblado, con un entorno devastado y económicamente dependiente?

El drama que sufren las naciones con democracias liberales es que sus ,mandatarios tienen que establecer un diagnóstico basado en las exigencias de la opinión pública, cautiva de la mafia mediática, y no en la enfermedad real del enfermo. De nada sirve la coherencia intelectual en democracia. Tienes que hacer lo que sea necesario para tener éxito. Lo ideal, sin embargo, sería que un dirigente hiciera lo que debe, a pesar de las consecuencias personales, a pesar de los obstáculos, peligros y presiones, porque esa y no otra es la base de la moralidad humana.

Las izquierdas ya no camuflan sus objetivos aniquiladores. El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, y la cúspide de la envidia, su virtud inherente es compartir con igualdad la miseria.

Tampoco la derecha liberal se libra a la hora de afrontar el problema. Hace unos meses, durante una visita a Ceuta, Pablo Casado apostó por un programa de ayudas “tipo ‘Plan Marshall” para África. Hay una terca pulsión en sectores de la derecha a pretender resolver los problemas a golpe de talonario. El dinero no puede imponerse al dictado de las leyes naturales.

No hay un continente que haya recibido más ayudas que África en los últimos decenios. Miles de millones de euros en ayudas evaporadas como un chorro de agua en mitad del desierto. Sabemos que el de África no se trata de un problema económico y que si Casado se atuviese al diagnóstico verdadero, se le sometería a un linchamiento sin tregua; pero nosotros, que nos debemos sólo a Dios y a los lectores, afrontamos ese riesgo. Así pues, hagamos un ejercicio de simulación basada en circunstancias reales. Imaginemos que los más de 190 millones de nigerianos son trasladados a Alemania y Austria, con sus infraestructuras, su PIB y su potencial económico intacto, y que los 90 millones de alemanes y austriacos de origen se desplazan a Nigeria, también con sus actuales estructuras económicas intactas. Imaginemos ahora el resultado de este doble asentamiento al cabo de cuarenta años. ¿Sería disparatado concebir una Nigeria convertida en un parecido de civilización, económicamente pujante, con un elevado desarrollo social, un potencial fabril de primer orden y unas ciudades transformadas en ejemplos de prosperidad y belleza arquitectónica? ¿Sería al mismo tiempo descabellado imaginar una Alemania empobrecida, caótica, llena de desigualdades y devastada por las guerras tribales?

Ya es hora de que dejemos de pedir perdón por crímenes que no hemos cometido, que nos sintamos orgullosos del legado científico, artístico, humano y cultural que ha sido Europa para toda la humanidad y que convirtamos en asunto capital, prioritario, la supervivencia de ese legado.

Hoy cada africano nace con el sueño de venir a Europa. No aspiran a transformar ni a mejorar lo que tienen. Sus sociedades son un fracaso, solo porcentajes mínimos tienen asistencia medica, medios de subsistencia, educación, y ni siquiera acceso a agua potable. Y esto no va a cambiar aunque se les riegue con toneladas de dinero. Todos vendrían a Europa si no hubiera fronteras y cualquiera puede imaginarse el futuro que nos esperaría.

La solución, lamentablemente, no es permitirle la entrada a los inmigrantes extraeuropeos que quieran vivir en Europa. Esto nos creará problemas tan serios en el futuro como los que hoy tiene África. Estamos ya más que hartos de todo este tinglado buenista. Nos toman por el pito de un sereno. Somos los europeos los malos malísimos de la película, la hez del mundo, el cáncer de la humanidad, pero siempre somos nosotros los que hemos de salvarle el cuello a todos los demás pueblos de la tierra, incapaces de salir adelante sin que estemos perpetuamente asistiéndolos como a eternos menores de edad.

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El marxismo cultural impone el fin de la libertad de expresión en Europa

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Según un extenso reportaje publicado en la nueva Revista Naves en Llamas, en su número del pàsado mes de junio, el totalitarismo socialdemócrata se extiende por los principales países de la Unión Europea de la mano de la más asfixiante censura periodística que ha vivido el viejo continente desde la II Guerra Mundial.

Mientras el Parlamento Europeo “aconseja” a los ciudadanos qué periódicos leer y pretende “enseñar” qué información seleccionar y cómo hacerlo, países como Alemania, Francia, Suecia o Gran Bretaña, entre otros, diseñan leyes intensamente restrictivas que se presentan como herramientas legislativas contra las “noticias falsas”, pero que tienen como único fin castigar y eliminar todas aquellas informaciones y opiniones que cuestionen el pensamiento políticamente correcto impuesto a sangre y fuego en la UE por las fuerzas políticas dominantes y la totalidad de los medios de comunicación del Sistema.

La historia de la comunicación de masas demuestra que las informaciones falsas, las noticias equivocadas, los comentarios manipuladores, los análisis torticeros, las opiniones estridentes, las críticas furibundas y los puntos de vista rompedores son la esencia de la libertad de expresión desde que las primeras gacetas comenzaron a ver la luz en la Europa del siglo XVI. Y, del mismo modo, tratar de poner fin a la publicación de “mentiras” ha sido la excusa preferida de los incontables censores políticos, culturales o religiosos que el mundo ha conocido a lo largo de los siglos. Lo dramático del asunto es que hoy, en el siglo XXI, son las principales potencias de Occidente, sumisas a una falsaria corrección política impuesta por la alianza atroz existente entre el marxismo cultural y el islamismo político, las que no dudan en silenciar a sus ciudadanos más libres, aquellos que se niegan a acatar el discurso ideológico dominante.

Durante los últimos años, y especialmente desde que las grandes empresas periodísticas entraron en una crisis económica dramática a consecuencia de la implosión producida en el sector por la llegada de las TIC’s (nuevas tecnologías de la comunicación y la información), han sido los canales televisivos de más audiencia y las principales cabeceras del continente (tanto unos como otros generosamente financiados por las instituciones) los medios que más patrañas, inventivas y contenidos manipulados han lanzado al público en general. Estas empresas, de la BBC a El País, pasando por Financial Times, La Vanguardia, Le Monde, The Washington Post, The New York Times o La Sexta, mantenidas directamente o indirectamente por gobiernos propios o por regímenes dictatoriales extranjeros, son las que durante años han mantenido el monopolio de la desinformación en solitario y son las que hoy más presionan para que los dirigentes europeos actuales legislen a su favor… censurando, acallando y enmudeciendo a los nuevos protagonistas informativos que, básicamente a través de Internet, se suman al ámbito de la comunicación global.

Francia

En Francia, donde intelectuales y periodistas de talla internacional como Alain Finkielkraut, Éric Zemmour, Gilles Kepel o Ivan Rioufol, repetidamente censurados en las televisiones públicas, denuncian insistentemente y en solitario cómo cada vez es más difícil emitir informaciones y escribir opiniones contrarias al pensamiento único islamoizquierdista dominante, el presidente Emmanuel Macron ha anunciado el inicio de una “guerra” a las “noticias falsas” y a quienes las propagan. Con este fin, va a impulsar una nueva ley para “controlar, limitar y castigar la propagación en Internet, durante campañas electorales, de noticias falsas por parte de entidades extranjeras”.

Según Emmanuel Macron, que ascensió al poder después de que los principales medios de comunicación galos impulsaran una durísima campaña contra su principal contrincante, François Fillon, la norma que está preparando su Gabinete “protegerá la vida democrática de las falsas noticias que, a través de las redes sociales, expanden por todo el mundo y en un instante, en todas las lenguas, bulos inventados para ensuciar a un responsable político, a una personalidad, a una figura pública, a un periodista”.

Mientras tanto, en Francia, como también ocurre en la mayor parte de los países que forman el núcleo duro de la UE, y gracias a leyes dictadas “ad hoc” bajo el pretexto de luchar contra “los discursos del odio”, es imposible y sumamente arriesgado cuestionar públicamente los constantes alegatos antidemocráticos lanzados por el Islam político, no hay forma de criticar serenamente a los “jemeres verdes” apologetas incansables del “cambio climático” y, por supuesto, es siempre motivo de querella judicial cualquier planteamiento que se haga en contra de una ideología de género tan generalizada como ignorante. De todo esto, de las decenas de “no-go zones” que se extienden por el país, de los miles de policías que son atacados todos los años en los barrios de mayoría musulmana y de las decenas de atentados islamistas que se han cometido en suelo galo en la última década, Macron, por el momento, no tiene nada que decir.

Alemania

Desde el pasado 1 de octubre de 2017, una nueva ley ha introducido la censura del Estado en plataformas sociales como Facebook, Twitter y YouTube. El Gobierno germano exige a estas empresas que acallen a sus usuarios en nombre del Estado alemán y, para ello, estas redes sociales se encuentran obligadas a borrar o a bloquear cualquier “delito de ofensa” como el libelo, la calumnia, la difamación o la incitación en un plazo de 24 horas de la recepción de la queja de un usuario, al margen de que el contenido de la denuncia sea cierto o no. Las empresas propietarias de las redes sociales tienen siete días para los casos que sean más complicados. Si no lo hacen, el Gobierno alemán puede imponerles una multa de hasta 50 millones de euros por no cumplir la ley.

De esta forma, el Ejecutivo de Angela Merkel ha conseguido que la libertad de expresión de sus ciudadanos esté sujeta a las decisiones arbitrarias de entidades empresariales que tienden a censurar más de lo necesario para no arriesgarse a una multa demoledora. Como explica la analista Judith Bergman, “cuando se nombra a los empleados de las compañías de las redes sociales como policía privada del pensamiento del Estado y se les da el poder de moldear el actual discurso político y cultural, decidiendo quién puede hablar, y qué puede decir, y a quién se acallará, la libertad de expresión se reduce a nada más que un cuento de hadas”.

Mientras esto ocurre, y como ejemplo perfecto de que tanto en Alemania como en el resto de Europa Occidental la censura solo funciona en una dirección, el Tribunal del distrito de Múnich ha reactivado e imputado una sentencia suspendida al periodista alemán Michael Stürzenberger de seis meses de cárcel por publicar en su página de Facebook una foto histórica del gran muftí de Jerusalén, Haj Amin Al Huseini, estrechando la mano de un gerifalte nazi en el Berlín en 1941. Los fiscales acusaron a Stürzenberger de “incitar al odio hacia el Islam” y de denigrar a esta religión por publicar la fotografía. El tribunal declaró a Stürzenberger culpable de “diseminar la propaganda de organizaciones anticonstitucionales”. Aunque la admiración mutua que una vez existió entre Al Huseini y los nazis alemanes es un hecho histórico incuestionable, resulta evidente que los tribunales alemanes están reescribiendo la historia, con el visto bueno de las autoridades políticas.

Reino Unido

En el Reino Unido, mientras el alcalde musulmán de Londres prohíbe colocar en las estaciones de metro anuncios de mujeres occidentales en bikini, la primera ministra, Theresa May, dirige también su indignación contra las compañías de Internet y contra los usuarios de éstas: “La industria tiene que ir más lejos y más rápido para automatizar la detección y eliminación de contenido terrorista online […]. Al final, no son sólo los terroristas a quienes tenemos que derrotar. Es la ideología extremista que los alimenta. Son las ideologías que predican el odio, siembran la división y perjudican nuestra humanidad común. Debemos ser mucho más firmes en la identificación de esas ideologías y su derrota, en todos los ámbitos de nuestra sociedad”.

A más de un lector esta declaración de principios puede resultarle aceptable, pero lo más llamativo de la misma es que en ella Theresa May jamás pronuncia el “apellido” de los terroristas que durante los últimos años, y especialmente a lo largo de 2017, han convertido Londres en general, y el Reino Unido en particular, en un campo de cadáveres. La primera ministra sigue insistiendo en que “estas ideologías” afectan “a todos los ámbitos de nuestra sociedad” cuando, en realidad, prácticamente todo el terrorismo que padece Occidente es islámico.

Paralelamente, su propia secretaria de Interior, Amber Rudd, se ha negado a ilegalizar al brazo político de Hezbolá. El discurso del odio de los islamistas de Hezbolá, al parecer, es perfectamente aceptable para las autoridades británicas. Y también el del clérigo musulmán sudafricano y predicador del odio Ebrahim Bham, que había sido intérprete del director jurídico de los talibanes. Se le permitió entrar en el Reino Unido para hablar en el Queen Elizabeth II Centre, un edificio del Gobierno, en el marco de la “Expo Palestina”, un gran evento antijudío celebrado en julio en Londres. Bham es conocido por citar a Goebbels, el ministro nazi de Propaganda, y decir que todos los judíos y cristianos son “agentes de Satán”. Entretanto, a un académico de primer orden como Robert Spencer se le ha vetado la entrada en el Reino Unido, supuestamente porque lo que narra —que es verdadero— es “islamófobo”.

La muy concreta intencionalidad política e ideológica que encierra el empeño de coartar la libertad de expresión de los ciudadanos en base a lo que se conoce como “delitos de odio” queda claramente expuesta en los datos que ofrece la Fiscalía del Estado británica (CPS, por sus siglas en inglés), que entre 2015 y 2016 asegura haber denunciado 15.442 casos de este tipo de faltas. Curiosamente, a pesar de que los judíos de Gran Bretaña, que ya han sufrido un drástico aumento el antisemitismo en los últimos tres años, suelen ser los destinatarios habituales de los delitos de odio, sus casos continúan siendo apenas una fracción mínima de las estadísticas. Según Campaign Against Antisemitism, “aún no ha habido un año en que se hayan enjuiciado más de unos 25 delitos de odio antisemita. En lo que llevamos de 2017, nos constan 21 enjuiciamientos, en 2016 hubo 20 y en 2015 hubo sólo 12. Es tan grave la inacción de la Fiscalía que hemos tenido que demandar a título privado a los presuntos antisemitas y enfrentarnos a la Fiscalía mediante las revisiones judiciales, de las cuales la primera la ganamos en marzo. El año pasado sólo se juzgó el 1,9% de los delitos de odio contra los judíos, señalando a las fuerzas policiales que sus esfuerzos para investigar este tipo de delitos podrían ser en vano, y enviando el claro mensaje a los antisemitas de que no tienen por qué temer a la ley”.

Suecia

En 1966, uno de los escritores para niños más populares de Suecia, Jan Lööf, publicó “Mi abuelo es pirata”, un libro infantil ilustrado que incluía, entre otros personajes, al malvado pirata Omar y al vendedor ambulante Abdulah. El libro se reveló como un éxito de ventas desde un primer momento, y ha sido traducido al inglés, al español, al francés y a otros idiomas. Hace diez años, se distribuyeron incluso 100.000 copias al público sueco con los “Happy Meals” de McDonald’s, como parte de un iniciativa para fomentar la lectura entre los niños.

Ahora, quince años después, el libro ya no es tolerable. El autor, que cuenta en la actualidad con 76 años, ha revelado que su editorial le había dicho que si no reescribía el libro y cambiaba las ilustraciones, éste sería retirado del mercado. La editorial también amenazó con retirar otro libro suyo si no lo rehacía, porque incluye la ilustración de un músico negro de jazz que duerme con las gafas de sol puestas.

La editorial de Lööf, la gigante sueca Bonnier Carlsen, dice que no ha tomado aún una decisión final y que solo considera la reescritura y reilustración de los libros como “una opción”. No hay duda, sin embargo, de que consideran los libros en cuestión sumamente problemáticos.

“Los libros estereotipan a otras culturas, algo que no es extraño, ya que todas las ilustraciones se crearon en un contexto, en su propio tiempo, y los tiempos cambian”, explica Eva Dahlin, que dirige el departamento literario de Bonnier Carlsen.

Por este motivo, Dahlin revela también que su editorial invierte mucho tiempo en revisar viejas publicaciones, para comprobar si incluyen dichos pasajes “problemáticos”. Añadió que la editorial no solo comprueba pasajes culturalmente delicados: “Tenemos muchas mujeres editoras, así que es probable que de forma natural seamos más conscientes de las representaciones con prejuicios de género que de este tipo de cuestiones. Pero ahora tenemos una mejor perspectiva y una mayor conciencia sobre estos asuntos”.

Suecia ya está acostumbrada a las “revisiones literarias” de este tipo, u otras revisiones culturales en nombre de las imposiciones políticamente correctas. Tanto “Pipi Calzaslargas” como otros libros infantiles han sufrido revisiones varias o han sido incluso retirados del mercado. En la serie televisiva de la niña pelirroja de las largas coletas se ha eliminado una escena en la que Pipi entrecierra los ojos para parecer china, “para no ofender a nadie”.

En 2013, un popular y premiado libro infantil danés, “Mustafas Kiosk”, de Jakob Martin Strid, fue retirado del mercado sueco tras las quejas en las redes sociales de este país de que el libro era racista e “islamófobo”. Irónicamente, el autor lo escribió en 1998, cuando se encontraba en Indonesia, el país con la mayor población musulmana del mundo, como un “alegato antirracista”.

Elocuentemente, el libro ha estado en el mercado sueco desde 2002 sin ninguna queja. En respuesta a estas críticas, el escritor danés señaló que solo se logra una sociedad igualitaria y no racista “cuando te permiten hacer bromas (cariñosas) sobre cualquiera”. “También hago bromas sobre los noruegos”, añadió.

En 2014, tras las quejas en las redes sociales suecas de que algunas de sus golosinas eran “racistas”, la empresa Haribo decidió cambiar uno de sus productos, “Skipper Mix”, que consistía en golosinas con forma de recuerdos marineros, entre ellos… máscaras africanas.

Y mientras tanto, día a día, y en muchos casos a través de asociaciones y organizaciones subvencionadas con recursos públicos, en Suecia se suceden las denuncias por “incitación al odio”. Estos son algunos casos recientes recogidos por el Instituto Gatestone norteamericano:

Una mujer de 71 años se refirió a los llamados menores sin acompañante como “niños barbudos”, y dijo que estaban “violando en grupo y demoliendo sus casas [de asilo]”. Publicó el comentario en la página de Facebook de los Demócratas Suecos en junio de 2016. En febrero de 2018, un tribunal sueco la sentenció al pago de una multa por “incitación al odio contra un grupo étnico”.

Durante el juicio, dijo que había estado leyendo varios artículos sobre estos supuestos refugiados sin acompañante que “habían incendiado las casas de asilo, violado, y negado a que un médico determinara su edad para evitar la sentencia”.

“Me horrorizó lo que leí”, dijo, disculpándose por el comentario que había publicado, del que dijo que se dirigía solamente a los que cometen delitos. Al tribunal, obviamente, no le importó el miedo de la anciana, y concluyó: “[la mujer] debió darse cuenta de que había un riesgo inminente de que las personas que leyeran el texto lo percibieran como una expresión de desacuerdo con otros grupos étnicos de personas en general y la inmensa mayoría de los refugiados sin acompañante, que, en el momento del comentario, habían ido concretamente a Suecia. A pesar de ello, escribió el comentario en Facebook”.

Otra mujer de cincuenta y tantos fue sentenciada a pagar una multa en diciembre de 2017 por un comentario en Facebook, donde llamaba a los hombres de Afganistán que habían mentido sobre su edad, “cabalgacamellos”: “Esos malditos cabalgacamellos nunca serán autosuficientes, porque son unos malditos parásitos”, escribió. El fiscal Mattias Glaser insistió en que el comentario iba dirigido contra “jóvenes que están luchando para quedarse en el país”. Según el tribunal: “se usaron palabras condescendientes de una manera que […] expresaban desprecio por las personas de origen afgano o personas de las regiones colindantes respecto al color de piel o su origen nacional o étnico y encajan en la cláusula sobre incitación al odio”.

En noviembre de 2017, un hombre de 65 años fue sentenciado a pagar una multa por “incitación al odio contra un grupo étnico”. ¿Cuál fue su delito? Escribir en Facebook que los migrantes “recién llegados”, no los suecos, “eran culpables de perpetrar violaciones colectivas”. Según el tribunal, el hombre “afirmó que los afganos, africanos y árabes que acababan de llegar a Suecia cometían delitos como violaciones colectivas”. Esta afirmación, según el tribunal, constituye un “claro desprecio” por las personas de los orígenes nacionales mencionados. El hombre de 65 años adujo que había publicado el comentario porque Suecia oculta las estadísticas sobre los orígenes étnicos de los violadores y que su comentario era una forma de difundir información e iniciar un debate. Esto no impresionó en absoluto al tribunal, que concluyó: “El comentario contiene una grave acusación de que las personas de determinados orígenes nacionales cometen delitos graves y no puede [el comentario] considerarse por tanto que dé lugar o contribuya a un debate objetivo sobre el asunto”.

En febrero de 2018, un hombre de 55 años fue sentenciado a pagar una multa por “incitación contra un grupo étnico” por escribir en Facebook que los musulmanes suníes están detrás de la mayoría de los delitos de bandas en Suecia, así como de las violaciones. “Los somalíes son musulmanes suníes… están detrás de buena parte de los delitos de bandas en Suecia y de toda la otra violencia, como las violaciones. ¡Los afganos son en un 80% suníes y son una gente maldita!”, escribió.

Durante el juicio dijo que tenía entendido que había libertad de expresión en Suecia. “Ves este tipo de cosas cada día”, dijo, “violaciones colectivas, disparos, maltrato animal y similares, y los políticos no parecen capaces de hacer nada al respecto. La policía no hace nada tampoco, y la gente se enfada”. El tribunal concluyó: “El comentario expresa que los musulmanes en general están detrás de los delitos de bandas y violaciones colectivas en Suecia, y se formula de una manera ofensiva […] El comentario no invita a un debate crítico sobre la religión, expresa exactamente el mismo tipo de desprecio que pretende abordar lo estipulado sobre incitación al odio contra un grupo étnico. Se sentencia al acusado al pago de 10.000 coronas [1.200 dólares] por incitación contra un grupo étnico”.

La analista Judith Bergman se muestra tajante: “Suecia está siendo barrida por una ola de asesinatos, agresiones violentas, violaciones, también colectivas y agresiones sexuales, además de la sempiterna amenaza terrorista. En lugar de usar sus limitados recursos para proteger a sus ciudadanos de los ataques violentos contra ellos, Suecia está librando una batalla legal contra sus pensionistas por atreverse a hablar contra los mismos ataques violentos de los que el Estado no les está protegiendo”.

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