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Opinión

Malhaya

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Malhaya esta criatura simiesca que frivoliza con España y su partido, que se aúpa sobre cifras irrisorias para permanecer en el poder contra la opinión mayoritaria del pueblo soberano, a quién burla, de quién se mofa y a quién torea estúpidamente sin otro objeto que asomar por la barda del poder a ver qué se siente, sacarle los cuartos y mirarse al espejo sin reparar en la ridiculez de su epopeya. Es el lamentable quiero y no puedo al desnudo. Todos lo saben y se ríen del histrión a su pesar. La Historia fijará su imagen fraudulenta, la helará para vergüenza de sus descendientes y la rotulará debidamente con el cartelito que se merece.

Su predecesor en la mentecatez egolátrica, Zapatero, al menos fue izado por los votos locos, ebrios y mayoritarios una y otra vez cual vómito de calamocano, para ver qué se sentía, digo, en la indigencia y la caída libre hacia la nada. Elegía el que pagaba y lo justo era lo que obtuvo por ello. Un horror.

Visto lo visto, esta criatura aberrante, el tal Sánchez, en un alarde de inutilidad furibunda y tomando el pelo al pueblo soberano, se explaya en la permanencia cueste lo que le cueste a nuestra gran nación, paseando su inepcia con ostentación y recibiendo salivazos que en su día se le convertirán en huéspedes, no me cabe duda y le amargarán el sueño, porque va a recibir lo peor de sus congéneres a los que ha malbaratado los pocos activos en nuestra tierra, mientras el orate hacía la campaña en Venezuela por si alguien miraba hacia fuera. Con estos dos mimbres poco se puede hacer, si no nada.

Esto no se queda ahí, no me cabe duda. Este malhadado adherido al cargo se merece lo peor, y la vida le llevará la retribución merecida hasta su lecho. Los votos hablarán con la franqueza de la que carecían ante la desvergüenza y serán sus excompañeros los que le devoren por cretino. Con España no se juega y se va a enterar el andoba.

Esta pesadilla que no cesa, traída y comentada día a día por gente sin principios ni fines, sino movidos por sucios dineros y estúpida banalidad de la peor condición, va a dejar una cuenta-lastre que habrá que abonar y eso puede ser una ventaja para acometer ya y decididamente el calafateado y limpieza de fondos que le hace falta a España desde hace mucho para conjurar el mal. Desprenderse de los saprofitos adheridos al casco en cada autonomía, devolver lo que es sensato que se devuelva a la centralidad y emprender una época de orden y administración leal, sin duplicidades ni mamahigos, que se tendrán que buscar la vida lejos de los cuartos que ponemos los probos ciudadanos, el pueblo español soberano que debe encarecer sus demandas y no permitir el chuleo de los caraduras encaramados que tienden al incuspidamiento irrazonable y corrupto, aprovechando las corrientes alternas y los vacíos.

Dignificar la política sacando del arco a quienes quieren quemarlo, exigiendo mínimos básicos para las candidaturas y dobles vueltas para alambicar los resultados hasta obtener un precipitado que se parezca a la verdad. Hay que reducir los campos de experimentación y opinión particular desoyendo a los votantes como estamos viendo en la Andalucía postmortem, a los que se tacha sin apelación poco menos que de antidemócratas por ejercer el voto a su mejor criterio como debe ser, e intentando acallar un grito que provocará ecos muy amplios y largos en la piel de toro. Va a hacer época y no se enteran.

Va a ser una debacle vergonzosa la que les viene encima a quienes se contraponen al pueblo soberano, a los que, como cabestros, se cruzan en la carretera y tratan de obstaculizarla en su provecho haciendo mangas y capirotes con los dineros de todos. Hay que ser muy tonto o muy tezano. Hay que exigirles hasta el último céntimo de sus francachelas sin consideración alguna, tal que han hecho ellos subidos al púlpito.

Atenazar a un pueblo sin castigo alguno es un mal ejemplo que hay que evitar al precio que sea y se deben perseguir cuantas extralimitaciones se han producido y evitar que se reproduzcan en el futuro. No es para tanto. Se gasta más en fuegos artificiales en cualquier municipio. No se puede permitir esta mediocridad impúdica y hay que terminar con las lagunas laguneras que lo permiten. Revisar renglón a renglón, letra a letra cuantas disposiciones y agujeros legales han propiciado que cayésemos en esta trampa. Es dedicar tardes de asueto en redactar medidas, buscar triquiñuelas, subrayarlas en rojo e ir a por ellas. Es querer, vamos, España se lo merece y en eso no hay piedad que valga.

 

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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