España
«Marín está acojonado»: así es el ambiente en Ciudadanos en Andalucía
El portavoz de Ciudadanos en Sevilla, Javier Millán acusa, en una grabación de 2017 que revela el diario La Razón a Albert Rivera y a la dirección de Ciudadanos de “falta de democracia”, llegando a calificar el partido de “tiranía”.
Millán asegura que Juan Marín “está acojonado” por Virginia Salmerón, diputada nacional y mujer del secretario nacional de organización, Fran Hervias. El portavoz sevillano se muestra desesperado por los enfrentamientos internos y asegura que en lo único en lo que se piensa por parte de la dirección de Ciudadanos es en “colocar” a la mujer de Fran Hervias, de quien afirma que “lo que quiere es vivir bien, ella no quiere trabajar. “Además es que no sabe”, sostiene.
En el audio, el líder sevillano naranja se refiere al dirigente nacional Fran Hervias por el mote “el gordo” y acusa a su mujer, Virginia Salmerón, diputada en el Congreso, de ser una de las grandes culpables de la fractura de la formación naranja andaluza. Además, el portavoz naranja del ayuntamiento de Sevilla afirma que Juan Marín, candidato de Cs a la presidencia de Andalucía “está acojonado” por la presencia de Salmerón, hasta el punto de cambiar la gira que tenía planeada hacer por los municipios de la provincia los jueves, “cuando le viene bien”, por la tarde al viernes, “que es cuando está aquí Virginia”. Millán y su interlocutor aseguran que Ciudadanos se ha convertido en una “pandilla de amigos y amigas” en la que “cuanto más se aplaude más alto se asciende”.
El actual portavoz de Cs en el ayuntamiento de Sevilla reconoce en la grabación que su objetivo es llegar a tener posibilidades de ser candidato en las próximas elecciones municipales. “Creo que si [Virginia] tuviera que dejar el Congreso, su opción sería el parlamento de Andalucía, donde no tiene el nivel de exposición público que tengo yo”, afirma. Un puesto que, asevera, le garantiza a Salmerón un sustento económico y de rango “que no tiene el ayuntamiento de Sevilla ni por asomo”.
En varios momentos de la conversación, Millán asegura que «Juan Marín está acojonado» y cuenta que «ha llamado a Marta (se refiere a Marta Escrivá, parlamentaria de Cs por Sevilla) y le ha dicho que quería hacer una gira por los pueblos. Y Marín dice que le viene bien el jueves por la tarde que es cuando está en Sevilla, que se lo comente a Mar Hormigo (subdelegada de C´s en Sevilla). Y la respuesta fue “que hable conmigo -refiriéndose a Mar Hormigos-, pero que no se va a ir. Va a irse los viernes, que es cuando está aquí Virginia. Así que imagínate el nivel de tiranía que tenemos aquí». Queda claro que Millán piensa que quien manda en Cs de Andalucía no es Juan Marín, sino Virginia Salmerón.
Lo único que se le ocurre a Millán es hablar con Juan Marín, que le respeta. “La otra parte es odio africano. Si me pudieran echar un insecticida me lo echaban”, acusa.
No es la primera vez que la pareja formada por Hervias y Salmerón salta a la palestra. Ya lo hicieron con motivo del currículum falsificado de ella, que Hervias, siempre según fuentes internas, tapó.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
