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Márquez se impone sin oposición en MotorLand y acaricia el título

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El piloto español Marc Márquez (Repsol Honda) acaricia ya su octavo título mundial, sexto en MotoGP, después de cumplir los pronósticos e imponerse este domingo sin oposición en el Gran Premio de Aragón, decimocuarta prueba del Mundial de Motociclismo.

Ya desde el viernes, el de Cervera había dejado claro su gran dominio en MotorLand Aragón, donde se había mostrado inalcanzable en los entrenamientos. En la carrera, finalmente sin amenaza de lluvia, el catalán tampoco dio opciones a nadie, terminando con la emoción ya desde la misma salida.

El heptacampeón del mundo, en su Gran Premio 200, venció por cuarto año consecutivo en el circuito de Alcañiz (Teruel) para alcanzar ya los 300 puntos y aventajar en 98 al italiano Andrea Dovizioso (Ducati), que remontó de forma brillante y finalizó segundo tras salir décimo.

De todos modos, todo hace indicar que Márquez, que sumó su octava victoria del año, se coronará campeón de la categoría ‘reina’ por quinto año consecutivo durante la gira transoceánica, aunque en Tailandia necesitará ganar o sacarle dos puntos al de Forlimpopoli. Su alegría contrasta con otra carrera decepcionante de su compañero Jorge Lorenzo, que pese a firmar una buena salida, terminó fuera de los puntos.

El líder del campeonato no se anduvo con contemplaciones y siguió su plan a la perfección. El piloto del Repsol Honda se sabía con más ritmo que todos sus rivales y lo dejó claro desde que se puso en verde el semáforo, con una escapada que le hizo tener más de segundo y medio de renta al primer paso por meta.

Las Yamaha de Maverick Viñales y Fabio Quartararo, y la Ducati de Jack Miller, encabezaron el segundo grupo, pero el joven francés en esta ocasión no pudo estar finalmente en la pelea y fue descolgándose poco a poco de la pelea por el podio a la que sí llegó un Dovizioso, cuya Demosedici se mostró muy potente en el trazado turolense.

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Viñales intentó cazar a Márquez, pero este apenas aflojó y nunca vio su ventaja reducida de una forma preocupante. El de Roses desistió y su ‘M1’ se encontró con el problema de ser alcanzada por las Ducati de Dovizioso y Miller, con los que salió perdedor en su deseo de estar en el podio.

El piloto italiano no tardó en superarle y escaparse para asegurar la segunda plaza, aunque pese a su remontada, tampoco pudo nunca acercarse al líder, sólido en todo momento y, una vez más, sin dar concesiones en forma de fallo.

Al final, el de Cervera ganó con casi cinco segundos de ventaja sobre ‘Dovi’, mientras que la potencia de la Ducati de Miller sujetó a la perfección los intentos de Viñales, que se tuvo que conformar con la cuarta plaza, aunque recortó a Danilo Petrucci (Ducati) y a su compatriota Alex Rins (Suzuki) en la pelea por la tercera plaza general, ahora en poder de este último (156 puntos), con uno de ventaja sobre el italiano y nueve sobre el gerundense. Aleix Espargaró (Aprilia) también brilló con una séptima posición.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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