España
Sectores integristas de Marruecos defienden la conquista militar de Ceuta y Melilla aprovechando la extrema debilidad de España
En fuentes políticas y de los servicios de información españoles se sigue con interés y preocupación las últimas iniciativas de Marruecos contra intereses españoles. Se apunta que las decenas de pateras que están llegando a Canarias es una estrategia política marroquí para presionar a España y así lograr expandir sus aguas y las de Sahara para poder explotar el yacimiento de telurium que algunos científicos postulan que existe sobre una montaña submarina llamada Tropic, cuya cima está localizada desde el nivel de mar, aproximadamente a una profundidad de unos 1.300m, y a 277m/n oeste del Sahara y a 265m/n Sursuroeste de la isla El Hierro.
Paralelamente, la victoria de los islamistas del Partido para la Justicia y el Desarrollo (PJD) en las elecciones legislativas del vecino Reino de Marruecos ha acentuado la presión que algunos grupos radicales llevan ejerciendo desde hace meses contra las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
«Con la llegada de los islamistas al poder ha cambiado la percepción del problema a ojos marroquíes. Melilla y Ceuta ya no son contempladas como simples vestigios coloniales, como las definían los nacionalistas del Istiqlal, sino como territorios sagrados del islam en manos de infieles», señaló hace poco a nuestra redacción un antiguo miembro del Consulado español en Nador, a escasos 15 kilómetros de Melilla.
El desafío marroquí contra la soberanía española de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla cuenta ahora con un nutriente ideológico que podría elevar la escalada de tensión en el futuro. El Comité de Coordinación para la Liberación de Melilla, integrado por varios destacados miembros del partido ganador de las elecciones en Marruecos, convocó a la ciudadanía marroquí para participar en diciembre de 2017 en una ‘marcha verde’ que partiría desde la localidad de Beni Enzar en dirección a la ciudad autónoma.
La manifestación estaba destinada a protestar contra la persistencia de las “camarillas colonialistas españolas en su política hostil y ofensiva hacia los supremos intereses” de Marruecos. Pero iban más allá en sus reivindicaciones. El Comité de Coordinación para la Liberación de Melilla condenó el “ensañamiento” del Partido Popular español contra el pueblo marroquí.
Esta convocatoria llegó poco después de que el Gobierno marroquí anunciara la necesidad de replantearse “el conjunto” de sus relaciones con España y de que la Cámara baja marroquí instara a “concluir la recuperación de las ciudades de Ceuta y Melilla y de las islas Chafarinas ocupadas”.
Meses después, la situación de España es percibida en Marruecos como la de un país que se encuentra en un momento de extrema debilidad, con algunas de sus instituciones en entredicho dentro de la UE, con una opinión pública polarizada y dividida, con líderes políticos sin autoridad moral y con un Ejército fuertemente desmotivado y que, en ningún caso, es considerado superior al de Marruecos.
En ese contexto, sectores integristas marroquíes creen que una acción militar para «recuperar» las ciudades de Ceuta y Melilla no tendría respuesta por parte del Gobierno de España e incluso contaría con el respaldo de un ampio sector de la población española contrario a cualquier escenario bélico.
Fuentes militares españolas consultadas por AD advierten que España carece de «parapetos defensivos» eficaces en ambas ciudades para hacer frente a una «acción relámpago» de las tropas marroquíes, fuertemente armadas.
También diluyen el riesgo de una respuesta por parte de los manos militares españoles. «La perspectiva que menos desearían es la de entrar en combate. Son funcionarios aburguesados, ascendidos en muchos casos por criterios políticos, y sin ningún compromiso real con las tareas de defensa», apuntan.
Las mismas fuentes creen que una operación militar relámpago contra Ceuta y Melilla se saldaría con éxito y sin apenas víctimas. También dan por seguro el aislamiento de España. «Ni la UE ni la OTAN moverían un dedo contra un aliado como Marruecos», añaden.
El Reino de Marruecos es actualmente el mayor comprador de armas a EE.UU. en la región de 53 países bajo el U.S. Africa Command (AFRICOM). Marruecos se está convirtiendo en un socio importante para los esfuerzos de estabilización regional y la lucha contra el terrorismo, lo que fomenta la seguridad de Estados Unidos. Por contra, la administración Trump considera a España un aliado poco fiable.
En numerosos gestos se puede ver que el presidente norteamericano, Donald Trump desprecia al presidente español, Pedro Sánchez. «En caso de conflicto militar con Marruecos, Estados Unidos no movería un dedo en favo de nuesto país», señala un colaborador del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES).
El Sáhara como referente
En las ciudades españolas de Melilla y Ceuta viven actualmente 80.000 personas de origen marroquí que cuentan con la nacionalidad española. Podría tazarse un paralelismo entre la actitud desafiante de Marruecos coincidiendo con la debilidad extrema de un Gobierno español con la mantenida en 1975, cuando el entonces soberano alauita, Hassan II, convocó una marcha de civiles contra el Sáhara español aprovechándose del vacío de poder que existía en España como consecuencia de la agonía del ex jefe del Estado, Francisco Franco. El erratismo político del Gobierno español y su aislamiento internacional ya está siendo aprovechado por Marruecos para cambiar la delimitación de las aguas territoriales canarias.
La cuestión es que los islamistas ya no son hoy una voz aislada en medio del magma político marroquí, sino un partido hegemónico con capacidad decisoria sobre los grandes asuntos en los que están en juego intereses españoles.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.





