España
Mienten como bellacos porque a USTED no le importa: Salvador Illa mintió a Madrid al impedirle pasar de fase: NO existían los expertos
El Defensor del Pueblo ha puesto en jaque a Salvador Illa. Según un escrito al que ha tenido acceso Moncloa, “el comité de expertos encargado de la evaluación sanitaria de las comunidades autónomas” que decidía quién podía, o no, pasar de fase, no existía.
La Comunidad de Madrid, que protestó en innumerables ocasiones por la negativa de este comité fantasma, sabe ahora que fue un castigo directo del ministro de Sanidad, orquestado por el Gobierno.
Cuando Pedro Sánchez anunció el plan de desescalada que culminaría con el fin del Estado de Alarma, comunidades como Madrid o Barcelona supieron desde el primer momento que dada su población y concurrencia tendrían complicado seguir el ritmo de otros destinos. Sin embargo, Isabel Díaz Ayuso insistió una y otra vez en que la Comunidad de Madrid cumplía con los requisitos que se habían marcado. Fue entonces cuando un comité de expertos, supuestamente, evaluó que la atención primaria no era la adecuada y dejó a Madrid atrincherada en las primeras fases.
Desde entonces, la Comunidad de Madrid se enzarzó en una ‘guerra’ con el Gobierno central, que ya había comenzado con la negativa del PP a prorrogar el Estado de Alarma. La excusa para darle el ‘no’ a Díaz Ayuso siempre fue la decisión que había tomado el comité de expertos. Sin embargo, ahora se ha sabido que no existe tal grupo.
Varios diputados del Partido Popular solicitaron al Defensor del Pueblo que se investigara “la actuación del Gobierno como autoridad competente a los efectos del estado de alarma declarado y, en concreto, del ministro de Sanidad en su condición de autoridad competente delegada, por vulnerar el derecho de participación política al negar información a los diputados y senadores del PP y, asimismo por negarse a hacer pública e informar sobre la composición del Comité científico que decide en relación con el acceso de todo el territorio nacional a las distintas fases del denominado Plan para la transición hacia una nueva normalidad”.
Esta queja llevada a cabo por varios miembros del PP ha surtido efecto, porque el Defensor del Pueblo, en un escrito, recoge que “a directora general de Salud Pública, Calidad e Innovación ha señalado que “no existe ningún comité de expertos encargado de la evaluación de la situación sanitaria de las comunidades autónomas y que decida las provincias o territorios que pueden avanzar en el proceso de desescalada del confinamiento”. Unas palabras contundentes que dejan en una situación complicada al ministro Salvador Illa, que en todo momento se excusó en la decisión de esos expertos.
Precisamente “la responsabilidad de la toma de decisiones en esta materia” corresponde al ministro de Sanidad tras su valoración con las distintas comunidades autónomas. Tuviera razón o no Isabel Díaz Ayuso, la negativa de entonces al pase de fases en la Comunidad de Madrid careció de total sentido ante la inexistencia del comité de expertos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
