España
Abascal, líder de VOX, alerta de la mayor oleada de llegadas de inmigrantes ilegales a nuestro país en años
Carlos Pérez. Durante este fin de semana se ha producido «el mayor número de llegadas de inmigrantes ilegales a las costas españolas en los últimos tres años», lamenta la formación de Abascal.
«Se han podido contabilizar más de mil, la mayoría menores de edad», que habrían llegado a diferentes puntos de Andalucía, Alicante e Islas Canarias. «Muchos de ellos se encontraban infectados por Covid-19, lo que ha generado nuevos brotes en distintas comunidades»:
– En Murcia ha habido más de 600 llegadas y 18 positivos.
– En la costa andaluza han tenido lugar más de 500 llegadas y 7 positivos.
– Hasta la provincia de Alicante han llegado 79, 8 de ellos positivos.
– En Canarias se han producido más de 50 llegadas. En esta comunidad han comunicado 159 positivos por Covid-19, 135 infectados provienen de pateras.
– El cuartel de la Guardia Civil de Níjar notificó un brote con varios positivos entre los agentes, causado «por la atención de los inmigrantes que llegaron en patera a las costas de Cabo de Gata».
En pie de guerra contra la inmigración ilegal
«VOX lleva tiempo advirtiendo de la situación en la que se encuentra los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado» y, al conocer las últimas noticias, el vicepresidente primero de la formación, Jorge Buxadé, quiso manifestarse para denunciar las condiciones de la Policía y la Guardia Civil.
«Bloqueo naval con la Armada, ¡ya! La situación es insostenible y la Guardia Civil y Policía Nacional están desbordadas. ¡Si no las paramos con la fuerza, las mafias no se van a detener!», comentaba en su cuenta de Twitter Buxadé.
Por otro lado, el presidente de VOX, Santiago Abascal, ha denunciado «la grave amenaza que supone para la salud, la seguridad y la convivencia de los españoles».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
