España
Muere Alfredo Pérez Rubalcaba, el del chivatazo a ETA en el «Bar Faisán»
AN.- España tiene fama de ser el país que mejor entierra a su muertos. No importa lo que hicieran en vida para que se conviertan en dechados de todas las virtudes. En el caso de Alfredo Pérez Rubalcaba no fue tal. El ex vicepresidente del Gobierno socialista ha muerto y lo lamentamos. Pero eso no obsta para que en esta hora postrera destaquemos su biografía política como ventajosa para España. Ha muerto Rubalcaba, sí, y lo lamentamos, pero o podemos ignorar que se trató de uno de los responsables del modelo de enseñanza que convirtió a nuestros estudiantes en los peores preparados de Europa. Ni tampoco que se convirtió en uno de los principales encubridores del GAL (esa chapuza contraterrorista que supuso la malversación millonaria de fondos reservados).
Tampoco podemos ignorar su papel partidario tras los atentados de Atocha el 11 de marzo de 2004 y que a la postre supusieron la victoria del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero, en lo que muchos consideraron un «golpe de estado» en toda regla. Lamentamos la muerte de Rubalcaba, sí, pero nuestro pesar no atenúa un ápice nuestro severo correctivo a la biografía del político que se relacionó con el chivatazo que recibió el 4 de mayo de 2006 Joseba Elosua, propietario del bar Faisán y presunto miembro de la red de extorsión de ETA, que le alertaba de una redada. Ni tampoco debemos ignorar su pertenencia, en calidad de número dos, al Gobierno de Zapatero que puso en marcha los proyectos de ingeniería social que provocaron la demolición moral de la sociedad española. Ni su responsabilidad en la quiebra económica de millones de españoles. El Rubalcaba que hoy es unánimemente ponderado por medios informativos y políticos profesionales, incluidos los de Vox, fue también el principal responsable de la excarcelación del sanguinario terrorista Josu Ternera; el autor de la siniestra frase: «ten cuidado con lo que dices, pues estoy al corriente de todo», dirigida a Carlos Floriano, del PP; el encargado de defender un decreto por el que los hombres denunciados, no condenados, por violencia de género se les retirarían la patria potestad, lo que produjo centenares de suicidios nunca reconocidos oficialmente.
Lamentamos la muerte del hombre, pero no hay una sola razón que nos obligue a elogiar al político, ni a pasar por alto todo el daño causado a los españoles. Que Dios se apiade de su alma.
Muere Rubalcaba a los 67 años tras no superar un ictus
Alfredo Pérez Rubalcaba, histórico dirigente socialista y exvicepresidente del Gobierno durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, ha fallecido hoy a los 67 años en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda, Madrid, tras sufrir el miércoles un ictus del que no ha podido recuperarse.
El que fuera su jefe de gabinete, Gregorio Martínez, quien ha estado recibiendo estas horas a todos los dirigentes que acudían a visitar a la familia al Hospital, ha comparecido a las puertas del centro hospitalario para comunicar la fatal noticia. «Tengo que comunicarles que Alfredo Pérez Rubalcaba ha fallecido hace unos minutos», ha comunicado Martínez, que en nombre de su mujer, Pilar Goya, de su familia y de sus alumnos ha querido agradecer «a todo el equipo del hospital sus atenciones, su dedicación y su profesionalidad en el trato que han dispensado a Alfredo».
Martínez ha anunciado que la capilla ardiente se realizará en el Congreso de los Diputados a partir de las 20.30 horas. Rubalcaba fue diputado en la Cámara Baja durante más de dos décadas. El presidente del Gobierno ha salido de La Moncloa nada más conocer la noticia de camino al hospital.
Su estado empeoró a lo largo del jueves después de que el parte médico a las pocas horas de su ingreso señalase que se encontraba en estado grave y que debía permanecer en observación durante 72 horas. A primera hora del jueves, tras pasar la noche en la UCI, el hospital ya apuntaba a que su estado era de «extrema gravedad».
Ante las noticias que llegaban desde Madrid el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había decidido anticipar su vuelta a España «ante el estado preocupante de Alfredo Pérez Rubalcaba» para estar con la familia. Esta mañana el presidente del Gobierno ya canceló su agenda, tenía actos previstos en Barcelona, para seguir de cerca la evolución de Rubalcaba.
A primera hora de este viernes Rubalcaba permanecía ingresado en el Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda. Y tanto desde el centro hospitalario como desde el entorno del exvicepresidente se aseguraba que su estado seguía siendo grave pero que no había habido cambios en las últimas horas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
