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Muere la hija pequeña de Luis Enrique

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Luis Enrique, en una imagen de archivo

Luis Enrique Martínez, hasta el pasado 19 de junio seleccionador español de fútbol, anunció este jueves el fallecimiento de su hija Xana, de 9 años, después de «luchar durante cinco intensos meses contra un osteosarcoma» (un cáncer óseo). El asturiano, en un comunicado, quiso dar las gracias «por todas las muestras de cariño» recibidas durante estos meses y agradecer «la discreción y comprensión». También tuvo un agradecimiento público para el personal de los hospitales barceloneses Sant Joan de Deu y Sant Pau -a los médicos, enfermeras y todos los voluntarios- por su dedicación y trato a la niña y a su familia, con una mención especial al equipo de cuidados paliativos del Sant Joan de Deu. «Te echaremos mucho de menos, pero te recordaremos cada día de nuestras vidas con la esperanza de que en un futuro nos volveremos a encontrar. Serás la Estrella que guíe a nuestra familia. Descansa Xanita. Familia Martínez Cullel», concluye el escrito de Luis Enrique.

La enfermedad de la pequeña fue el motivo por el cual el pasado 19 de junio el asturiano renunció a su cargo, aunque entonces prefirió no desvelarlo de manera explícita en la nota de prensa con la que comunicó su abandono. «Debido a que los motivos que me impidieron desarrollar con normalidad mis funciones como seleccionador desde el pasado mes de marzo continúan a día de hoy, he decidido dejar dicho cargo. Todo mi agradecimiento a los responsables de la Federación por la confianza y comprensión mostrada. Agradecer especialmente a todas las personas que forman parte del ‘staff’ y los jugadores por su profesionalidad. Sin olvidarme de los medios de comunicación, por vuestra discreción y respeto por la situación. Gracias de corazón», avanzó hace dos meses.

Desde el mismo momento en que el exseleccionador anunció la muerte de su hija a través de las redes sociales se acumularon muchas reacciones de varios de los jugadores que citó en los 11 meses como seleccionador nacional, así como de otros futbolistas, clubes e instituciones. El presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, presente en Mónaco en su condición de vicepresidente de la UEFA debido al sorteo de la Champions League y al inicio oficial de la campaña 2019-20, abandonó la gala del Sporting Club de Montecarlo con gesto serio y visiblemente afectado.

Los líderes de los principales partidos políticos han enviado este jueves sus condolencias al exseleccionador nacional.

«No hay palabras que puedan acompañar en este dolor», ha lamentado el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, que ha enviado un «sentido abrazo» al exjugador y a toda su familia minutos después de conocer la noticia.

El líder de la oposición y presidente del Partido Popular, Pablo Casado, ha querido mostrar todo su «apoyo y afecto» en un «momento de difícil consuelo». «Descanse en paz», ha escrito Casado en un apunte en su cuenta de Twitter.

Por su parte, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ha enviado «mucha fuerza» a Luis Enrique y a su familia en un «momento tan duro y tan terriblemente injustos en la vida de unos padres». «No hay palabras para expresar el dolor ante la pérdida de la pequeña Xana…», ha asegurado.

La Real Federación Española de Fútbol escribió en su cuenta oficial de ‘twitter’: «La RFEF llora la triste pérdida de la pequeña Xana, de sólo nueve años de edad, hija del seleccionador y jugador internacional con España, Luis Enrique Martínez. Queremos mostrar nuestras condolencias a familiares y allegados, uniéndonos hoy todos a su dolor».

También el Real Madrid «se une al dolor de @LUISENRIQUE21 y de su familia por el fallecimiento de su hija y quiere transmitirles su más sentido pésame en estos momentos tan difíciles», publicó el club blanco en su cuenta de twitter.

El Atlético de Madrid transmitió al técnico su «más sentido pésame», «por su terrible pérdida; mucha fuerza en estos duros momentos», publicó el club rojiblanco.

También Pau Gasol le ha deseado «mucha fuerza y apoyo para ti y toda tu familia en estos momentos tan difíciles. Os mando un abrazo muy fuerte. DEP Xana», ha escrito.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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