Sociedad
Muere una bailarina de una orquesta por el impacto de un artefacto pirotécnico en el escenario
Una mujer de 30 años, integrante de la orquesta cántabra «Súper Hollywood», ha fallecido esta madrugada en el Hospital Nuestra Señora de Sonsoles, de Ávila, tras sufrir el impacto de la pirotecnia del propio conjunto musical cuando actuaba sobre el escenario en la verbena de la localidad abulense de Las Berlanas.Según ha informado el Servicio de Emergencias 112 y han confirmado a Efe testigos presenciales, el suceso se ha producido minutos antes de las 2.00 de la mañana, cuando se ha escuchado una gran explosión en el lado derecho del escenario, como consecuencia del supuesto fallo de la pirotecnia de la orquesta.
El impacto de la misma sobre una de las integrantes del grupo, ha hecho que la joven cayera desplomada al suelo y quedara inconsciente. Un médico que se encontraba entre el público ha subido al escenario, mientras llegaban los integrantes del 112. Tras varias llamadas al 112, la sala de operaciones ha avisado de lo sucedido a la Guardia Civil de Ávila y a las Emergencias Sanitarias de Sacyl, que han enviado una UVI móvil al lugar de los hechos.Allí, los facultativos de Sacyl han atendido a la mujer que ha sido trasladada en UVI móvil al Complejo Asistencial de Ávila, donde, según han confirmado fuentes oficiales, ha fallecido.
La bailarina era uno de los 15 componentes de la orquesta, cuya actuación quedó suspendida tras el hecho, ocurrido poco antes de las 2 de la madrugada, informa Europa Press. Aunque las verbenas suelen celebrarse en la Plaza del Ayuntamiento de la localidad, las dimensiones del camión, hicieron que se trasladara la actuación a un espacio de mayores dimensiones, situado tras la iglesia, donde había mucho público. La alcaldesa de la localidad, Hermelina del Pozo, no ha querido realizar declaraciones sobre lo sucedido.La Promotora Nacional de Espectáculos (Prones) sigue sin explicarse la muerte de la bailariba.
«Habremos tirado 2.000 cartuchos en los últimos años, pero este ha salido diferente y nuestra compañera ha muerto… es una desgracia enorme», señalaba en declaraciones a Europa Press uno de los miembros de la promotora.
Parte de la metralla afectó a «una arteria importante»Desde Prones señalan que, como en todas las actuaciones durante los últimos «cinco o seis años», al llegar al primer descanso se tiraron dos «pequeños cartuchos» que «no tenían peligro alguno», pero que daban «vistosidad» a la actuación.
Sin embargo, en esta ocasión, uno de ellos «llevaba más carga de la prevista», «explotó» y parte de la metralla afectó a «una arteria importante» de la bailarina que falleció poco después.«Hemos hablando con quien nos suministra estos artefactos y tampoco daba crédito a lo que había sucedido. ¡Si no tiene potencia, cómo va a explotar!», ha añadido para señalar que la única explicación que hay es que se debe a un «fallo de fabricación», pero que será la Policía Nacional la que «aclare» todo lo que ha pasado.
Desde Prones reconocen que están «muy afectados». «Era un chica majísima, llevábamos 24 actuaciones en este mes de agosto y no había pasado nada», repite el promotor, que señala que la joven fallecida, al igual que la orquesta, son naturales de Cantabria.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
