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Nadal y España, a por la nueva Copa Davis
La nueva Copa Davis arranca este lunes en la Caja Mágica de Madrid con 18 países y una semana por delante para decidir al campeón, el primero de una nueva era que cuenta con el número uno del mundo, Rafa Nadal, al frente de la anfitriona, una España que no se fía de las bajas en Rusia y Croacia en su Grupo B.
Son seis grupos con tres selecciones cada uno y el primero de cada uno, más los dos mejores segundos, accederán a cuartos de final. Cada eliminatoria se jugará a tres puntos, los números uno de cada país, los número dos y el partido de dobles, siempre a tres sets. Una novedad tras otra para un torneo con 118 años de historia.
Nostálgicos y modernos, desde que hace un año y tres meses se anunciara el acuerdo entre la Federación Internacional de Tenis (ITF) y la empresa Kosmos del futbolista Gerard Piqué, el cambio en un torneo histórico ha dado mucho de qué hablar. Pese a críticos o reticentes, ya está aquí el giro que también muchos pedían.
En Madrid, que acogerá también la edición de 2020, los que destacan como favoritos son España, Serbia, Francia, Australia o Canadá. El tradicional plus de la grada en busca de la Ensaladera lo tendrá la ‘Armada’ que capitanea Sergi Bruguera: Rafael Nadal, Roberto Bautista, Pablo Carreño, Feliciano López y Marcel Granollers.
Nadal vuelve a la que es la casa del Mutua Madrid Open, la cita Masters 1.000 donde recibe el mayor cariño y apoyo de todo el Circuito. El hambre del balear, que se quedó una vez más con la espina de la Copa de Maestros, apunta ahora a la sexta Davis para España, como número uno del mundo tras otra temporada para enmarcar.
Los de Bruguera estrenarán el torneo el martes contra Rusia y el miércoles jugarán contra Croacia. Ambas llegan con bajas muy sensibles, ya que los rusos perdieron la semana anterior por fatiga a Daniil Medvedev, posiblemente el mejor jugador de la segunda mitad de año, y los croatas se quedaron sin Marin Cilic y sin el capitán Zelkjo Krajan, pilares del título en 2018.
La Finales de Madrid o Mundial del tenis, como llama la organización a su creación, motivan no solo a los españoles. La otra gran raqueta de la semana es la de Novak Djokovic, quien lidera a una Serbia con Dusan Lajovic, Filip Krajinovic, Viktor Troicki y Janko Tipsarevic. ‘Nole’ llega picado, eliminado en la fase de grupos de la pelea de ‘maestros’ y despojado del número uno.
En el Grupo A, los serbios chocan con otro equipo con potencial como Francia, con un gran doble Pierre-Hugues Herbert y Nicolas Mahut, y los puntos que pueden vender caro Gael Monfils, Benoit Paire o Jo-Wilfried Tsonga. La Australia de Nick Kyrgios y De Miñaur también tendrá mucho que decir, como se espera de Andy Murray (Gran Bretaña), en su regreso a una gran cita.
El sorteo dejó un Grupo F que apunta a escabechina entre Italia, Canadá y Estados Unidos. Matteo Berrettini, que debutó la pasada semana en las Finales ATP, y Fabio Fognini son las bazas italianas. Felix Auger-Aliassime, Denis Shapovalov y Vasek Pospisil, el potente equipo canadiense. Los estadounidense en Madrid son Taylor Fritz, Reilly Opelka, Querrey, Tiafoe y Jack Sock.
Para el viernes están programados los cuartos de final, mientras que sábado y domingo se jugarán semifinales y final. La espera terminó y toca descubrir a jugadores y afición si la nueva Davis despierta la misma pasión y épica en la despedida de cada año tenístico.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
