Opinión
Nivel de comprensión cercano a 0
La que esto escribe tiene en general muy mal concepto del nivel de comprensión lectora del español medio. Hace muchos años, allá por 2005 poco más o menos, trabajaba haciendo encuestas telefónicas, y una de ellas era sobre intención de voto en Galicia. Las preguntas estaban orientadas a ver si el presidente de la Junta revalidaría mandato y eran tan generales como si se estaba contento con su gestión en Galicia o si se tenía intención de votarle otra vez, en caso de que se le hubiera votado.
Sinceramente por aquellos años empecé a pensar seriamente en el nivel intelectual de la gente, no ya porque los programas del corazón fueran o dejaran de ser líderes de audiencia sino porque le hacías una pregunta a una persona sobre si le gustaba la gestión del presidente de aquel entonces al frente de la Junta y te decía que sí; si creía que con su gestión Galicia había mejorado y te decía que si; que si quería que volviera a salir y te volvia a decir que sí y cuando ya entrabas en la pregunta complicada, en la difícil de verdad…que si le votaría otra vez , ahi te decía que no. Al principio me resultaba curioso, la verdad. Siempre he sido bastante guasona y pensaba que me respondían a la encuesta por hacerme un favor y que les daba igual ocho que ochenta.
Si eso me hubiera pasado con dos o tres encuestados pues oye, mira, la gente está pensando en sus cosas y no pasa nada, pero es que esa cadena de preguntas y respuestas se repetía una y otra vez y no había día en que no me fuera del trabajo con ese tipo de discordancia repetida.
Sin ir más lejos, hace tiempo, unos años, estuve apuntada en dos páginas o tres para conocer gente por Internet. Allí una se me iba y otra se me venía, porque a la pregunta » ¿De dónde eres?» la respuesta solía ser el nombre del susodicho o lo que buscaba.
-¿De dónde eres? (ésta era yo)
-Me llamo Pedro ( éste era él)
-Me parece bien pero te he preguntado de dónde eres,no cómo te llamas(otra vez yo)
-Ya te he dicho que me llamo Pedro ( otra vez él).
Evidentemente tras esta conversación por mi parte ya no había más. Si no se comprende una cosa tan simple para qué voy a dar a nadie la oportunidad de dejarme claro lo que ya me imagino. Me pasó tantas veces, con esquemas de conversación similares, que decidí borrarme.
Y eso se repetía con frecuencia tan asombrosa que trasladé al terreno político,que siempre me ha apasionado, esta reflexión: si le haces una pregunta a una persona y te responde con algo que o no tiene nada que ver o contradice lo anteriormente hablado, ¿cómo va a entender un programa político, el del partido que sea?
Es decir ¿puede votar una persona que no entiende lo que se le pregunta?
Sinceramente no sé qué criterio habría que seguir para ver quién vota y quién no, por decirlo así, pero la edad está claro que no lo es y que haya ido a la Universidad, tampoco (la Universidad no siempre pasa por quien ha pasado por ella). Por mi parte «una persona, un voto» me parece un criterio calamitoso.
Lo que sí sé es que hay millones de personas que al grito de «los ricos os roban» votan al primer piernas que aparece, aunque se ría en sus propias narices de sus votantes y donde dijo digo ahora diga Diego.
Fátima Pellico es colaboradora de ALERTA NACIONAL y mantiene el blog «LOS LÍMITES DE LA MENTE» dentro de nuestro periódico digital. Pueden leer muchos de sus escritos en él: https://www.fatimapellico.com
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
