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Opinión

¡No saben explicar el ‘concierto’ catalán!   Por Jesús Salamanca Alonso

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«La presencia de María Jesús Montero en las dos cámaras parlamentarias, hace unos días, ha servido para aclarar poco y embarrar más la cuestión».

Tan poca es la transparencia del Gobierno, y tan despreocupado está por las cuestiones que interesan a la ciudadanía, que han pasado varias semanas desde que acordaron el PSC y ERC la investidura de Salvador Illa, pero no se han dignado en explicarnos con eficacia y eficiencia si lo de Cataluña es un concierto, un acuerdo, un convenio o la asignación de un cupo. Yo me inclino por esto último, aunque la ministra de Hacienda lo disfrace de bailarina, en vez de hacerlo de bandolero ladrón. Nunca más actualizado que ese «¡Cataluña nos roba!». Prueba de ello es que los presidentes de CC.AA., incluidos los de las comunidades socialistas, han puesto el grito en el cielo.

Ese grito se ha escuchado en toda España, si bien el que más ha calado ha sido el del consejero de Hacienda, Administraciones Públicas y Transformación Digital de Castilla-La Mancha: “No me creo los argumentos de Montero, quiero la letra pequeña del pacto catalán”. Muy agudo el consejero, Juan Alfonso Ruiz Molina, que ha dejado a María Jesús Montero en ridículo espantoso; es un hecho que la actual ministra de Hacienda utiliza su mala verborrea para trafullar y trafulcar, con construcciones lingüísticas ininteligibles, chistosas, festivas y atrabiliarias. La conclusión es que acaba por no aclarar nada, juntar chascarrillos y demostrar su habitual desconocimiento de temas varios, algo muy habitual en ella.

Sinceramente, Montero ofrece menos confianza que Conde-Pumpido en el TC, “Gracita” Bolaños en una mesa redonda sobre política financiera e igualdad de oportunidades u Óscar Puente reorganizando el Plan Ferroviario Nacional tras conseguir cerrar vías un día sí y otro también. Y si a eso unimos las meteduras de pata de la portavoz nacional-socialista, hoy relegada temporalmente, pues entonces sí que es imposible enterarse de cómo hay que denominar el ya famoso cupo o concierto catalán.

La presencia de María Jesús Montero en las dos cámaras parlamentarias ha servido para aclarar poco y embarrar más la cuestión. El objetivo era explicar el «concierto» catalán, pero no lo hizo, sencillamente porque no supo. Su racanería dialéctica, desconocimiento del tema y afán por ocultar la verdad hizo que nos quedáramos igual. Eso sí, desde la oposición le dieron más cera que lentejas dan por un euro. Las dudas siguen estando ahí. Me recordó a Yolanda Díaz intentando explicar los ERTE cuando aún no sabía qué era eso, ni qué significaba ese acrónimo.

¿Qué es lo que se ha firmado entre PSC y ERC? Sabemos que hay infinidad de contrapartidas arrancadas con amenazas por parte de ERC. Ante una situación así, y con tal de seguir durmiendo en Moncloa, Sánchez firma hasta en el lomo del documento. Sabemos también que va a haber un alza de casi un 30% en el tramo del IRPF porque de alguna forma debe compensarse la cesión de tributos a la Generalidad. Precisamente porque el Gobierno español dispara con pólvora del rey, la ciudadanía tiene derecho a exigir que se explique por escrito el contenido del «cupo» –simple «concierto» para Sánchez y Montero—que vamos a pagar entre todos los españoles.

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Si estaba poco embarrada la explicación de ‘Chiqui’ Montero, no menos barro ha echado a la explicación la socióloga burgalesa, portavoz nacional-socialista y secretaria general en tierras castellanas del Cid. Me refiero a Esther Peña que, en un intento de comparar cuestiones que ahora son antagónicas, no ha dudado en recurrir a la «igualdad territorial», algo así como comparar cacahuetes con tomates o churras con merinas. ¿Se extraña alguien de que ahora el PSOE no pasee a esta señora por las televisiones, hablando de lo que supone el «cupo catalán para el afianzamiento de la igualdad entre Cataluña y el resto de España»? Además, el mismo papelón que ella ha hecho, lo ha hecho también la ministra de Educación, Pilar “Juergas”. Un resbalón político que desautoriza a ambas para abrir la boca en política.

Hay, además, algo más grave sobre el asunto y es que a la portavoz nacional del PSOE le ha faltado tiempo para comparar ese cupo o concierto catalán con las ayudas recibidas por Soria, Cuenca y Teruel. Una comparación hecha con torpeza supina y con la que sus propios compañeros han montado en cólera. Esther Peña no ha sabido defender la «financiación singular» de Cataluña. Pero ha ido más lejos: «Hemos firmado un reconocimiento a una financiación singular como ya tienen otros territorios de España». ¡Para correrla a gorrazos!

Para ahondar más en la reseñada barbaridad, continuó ampliando el absurdo planteamiento: «Quiero recordar que la primera fiscalidad diferenciada y singular que se llevó a cabo en España es la que tienen Soria, Cuenca y Teruel» Ahí es nada, dio a entender que los sorianos, conquenses y turolense llevan tiempo chupando del bote y de espaldas al resto de las provincias contribuyentes. ¡Qué ignorante! ¡Qué torpeza mintiendo para acabar por ponerse “de culo y cuesta arriba”! ¿Nadie explica a esta señora burgalesa que eso no es financiación diferenciada y mucho menos singular?

Ante semejante tropelía de la portavoz nacional-socialista no faltaron compañeros suyos que levantaron los brazos al grito de «¡burra, más que burra!». Y es que algunos socialistas más leídos eran conscientes de que «esas ayudas lo son para el funcionamiento de las empresas». No se han quedado atrás García-Page, Lambán, Fernández Mañueco y numerosos diputados socialistas en el Congreso. La portavoz y Pilar “Juergas” debían ser las únicas que no lo sabían.

Tras las barbaridades expuestas por esta joven política burgalesa, y que era el recambio natural de Luis Tudanca, sospecho que lo ha fastidiado todo con las patas de atrás.

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Sin duda, la explicación del PSOE sobre la financiación singular de Cataluña ha sido muy torpe y descarada por atrevida. «Es un insulto a la inteligencia», como dicen los alcaldes socialistas de Soria, Teruel y Cuenca, además de presidentes y expresidentes socialistas de comunidades autónomas. El más claro y honrado, el expresidente Lambán.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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