Sucesos
La juez imputa al delegado del Gobierno en Madrid por permitir la ‘bomba biológica’ del 8 de marzo, uno de los focos principales de la pandemia
La juez Carmen Rodríguez-Medel, que investiga la autorización de las manifestaciones del 8-M pese a la pandemia del coronavirus, ha citado a declarar como investigado el próximo 5 de junio al delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco, para esclarecer si cometió prevaricación al permitir esas concentraciones con motivo del Día Internacional de la Mujer. La comparecencia, aclara, se llevará a cabo preferentemente de forma telemática por la crisis sanitaria del Covid-19.
Asimismo, la magistrada reclama a la Delegación del Gobierno que antes del 1 de junio le remita un informe en el que detalle las peticiones de manifestaciones que llegaron a sus manos, y las que prohibió, entre el 5 y el 14 de marzo pasados, y también una relación de los expedientes de concentraciones que en esa última fecha estaban pendientes de resolver sobre su autorización o denegación.
La instructora del procedimiento también quiere saber las circunstancias en que se desconvocaron o no se permitieron 21 manifestaciones y en qué fechas la Delegación del Gobierno requirió a sus organizadores para que las protestas no se celebrasen.
Al Ministerio de Sanidad, la juez le solicita, también antes del próximo 1 de junio, que aclare qué difusión tuvieron sus recomendaciones de medidas extraordinarias por el coronavirus del pasado 3 de marzo, si fue colgado en la web del ministerio y si fue remitido a la Delegación del Gobierno y en qué fecha.
Y en relación con el comunicado de la directora general de Salud Pública, Pilar Aparicio, del pasado 6 de marzo sobre la celebración de reuniones multitudinarias durante el periodo de epidemia, la magistrada pide a Sanidad que aclare si “se remitió sólo a la Comunidad Evangélica o también a otros organizadores de reuniones multitudinarias, específicamente de concentraciones o manifestaciones”, si se subió a la web ministerial y si se envió a la Delegación del Gobierno de Madrid o a Interior.
La instructora cita igualmente, en su caso como testigos, al secretario general de la Delegación del Gobierno, Fernando Talavera; a Luis María Sanz Moriñigo, jefe del gabinete de Franco, y al director de Seguridad Ciudadana de la Delegación, José Luis Correas.
El abogado Víctor Valladares denunció a título particular al delegado del Gobierno -al igual que hizo contra Pedro Sánchez en el Tribunal Supremo- por permitir esas manifestaciones del 8-M pese a la recomendación del Centro Europeo para el control y prevención de enfermedades de seis días antes de que se evitaran concentraciones multitudinarias.
En la resolución en la que acordó la apertura de diligencias, la magistrada ya dejó claro su interés en esclarecer “si por las autoridades competentes, promotores de las reuniones o manifestaciones, o por la Delegación del Gobierno, se hizo advertencia alguna sobre los riesgos sanitarios que conllevaba acudir a las mismas, de modo que los asistentes aceptaran la autopuesta en peligro”. Y también reclamó a la Guardia Civil que investigase si por parte de las autoridades competentes “se suministraron medidas de prevención a los asistentes de estas reuniones o manifestaciones celebradas con posterioridad al 5 de marzo 2020, tales como guantes, mascarillas u otras”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
