España
Nueva entrega de la «derechita de mierda» del sumiso y manso Partido Popular: Cuca Gamarra asegura ahora que la reforma laboral del Gobierno no es mala pero tampoco es buena
Decía Antonio Machado que todo es poco más que algo menos. Pero se refería a la forma, a las ‘formas y maneras’, a las opiniones rápidas, no a los principios, no al fondo. Si se hubiera referido al fondo, no habría escrito aquello otro de «¿Tu verdad? no, la verdad. Y ven conmigo a buscarla, la tuya, quédatela«. Cuando Machado escribía esto no estaba pensando en Pablo Casado, pero podía haberlo hecho.
Lo cierto es que la reforma laboral no creará puestos de trabajo sino en la economía sumergida: no flexibiliza el mercado, sube los impuestos y no aumenta los salarios bajos
Comienza la primera semana del año y Pedro Sánchez le ha colocado otro trágala al Partido Popular. Así, primero son los sindicatos y la patronal quienes aprueban la reforma laboral, es decir, el marco legal de las relaciones laborales y luego es el Parlamento, el que detenta la soberanía popular, el que hace las leyes… el que tiene que dar el visto bueno a la reforma. Curioso.
En todo caso, parece claro y obvio que el PP se relame con fruición y acepta con alborozo todos los «trágala» del Gobierno Rojo de Pedro Sánchez. Cosa que, por otra parte, ya es habitual.
Y eso con la amenaza de la gran demagogia de la izquierda, la señora Yolanda Díaz, quien lanza la osadía de que aquel que se atreva a votar contra la reforma deberá explicarla a los trabajadores.
Dicho de otra forma, el PSOE continúa arrastrando al PP del ronzal: Cuca Gamarra, la portavoz parlamentaria del PP, asegura ahora que la reforma laboral del Gobierno no es mala pero tampoco es buena.
Pues mire doña Cuca, no, la reforma laboral del Gobierno es una castaña pilonga. Y esto porque el drama del mercado de trabajo español es este: el salario por trabajar 40 horas semanales y el ‘salario’ por no hacer nada… cada vez están más cerca. Estamos creando una casta de vagos subvencionados… con los impuestos del que trabaja y del que crea empleo.
Casado sigue teniendo mentalidad de discípulo, no de maestro: no se atreve a romper con el melifluo Garamendi
Lo cierto es que esta reforma laboral no creará puestos de trabajo sino en la economía sumergida, que es donde acudirá el pequeño empresario para no arruinarse. Además, la Reforma no flexibiliza el mercado, sube los impuestos y no aumenta los salarios bajos. Justo lo contrario de lo que debía hacer: contrato único indefinido con indemnización pactada de antemano, suprimir las cuotas y sustituirlas por IVA y, finalmente, subir el salario mínimo que ‘indicia’ el resto de la escala salarial. Porque Yolanda Díaz no pide más dinero para los trabajadores: lo pide para ella misma, en forma de impuestos y cuotas.
Mientras, Pablo Casado continúa con su mentalidad de discípulo, no de maestro, de seguidor, que no de líder: no se atreve a romper con el melifluo Garamendi, para quien ya son multitud los empresarios que quieren que se marche a casa.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
