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Organizaciones de extrema izquierda atacan a los escasos medios de comunicación europeos que resisten al totalitarismo de lo “políticamente correcto”

Redacción

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Han empezado en Francia, pero pronto se extenderán al resto de Europa ante el mutismo cómplice de los biempensantes progresistas. Una red anónima de extrema izquierda denominada “Sleeping Giants”, originaria de Estados Unidos, ha iniciado una campaña de amenazas y amedrentamiento contra los anunciantes de la revista francesa “Valeurs Actualles”, uno de los principales bastiones mediáticos del pensamiento conservador en el país vecino. La acción mafiosa, asentada sobre el chantaje, la intimidación y el linchamiento público, es otro ejemplo, y uno de los más preocupantes, de cómo los nuevos movimientos comunistas, amparados por las leyes y el silencio cómplice de la corrección política implantada por el consenso socialdemócrata, están impulsando un nuevo totalitarismo rojo que está poniendo en jaque los pilares fundamentales sobre los que se asienta la civilización occidental.

Las coacciones a “Valeurs Actualles”, cuyos efectos económicos para la publicación se verán a medio plazo, apenas han tenido respuesta de condena por parte de las instituciones francesas o europeas, así como también han sido silenciadas por la mayoría de los medios de comunicación del viejo continente, en su práctica totalidad víctimas de una vergonzosa anestesia moral solamente comparable a su inoperancia e irrelevancia periodística. Una excepción: la también revista gala “Le Nouvel Observateur”, de tendencia progresista, una de cuyas editorialistas, Carole Barjon, se ha preguntado abiertamente sobre “¿quién vendrá después de ‘Valeurs Actualles’?, ¿se dan cuenta los medios de comunicación de lo que está en juego?”. Otro medios franceses, más próximos al activismo que a la información, no solo han guardado un cruel y cómplice silencio sino que se han posicionado a favor de los camisas pardas que atacan la libertad de expresión y pensamiento. La radio pública francesa, al servicio del Gobierno de Emmanuel Macron, ha sido extremadamente complaciente con los censores, “France Inter”, por su parte, ha definido a los mafiosos de la extrema-izquierda como «activistas contra la información falsa que atacan la difusión de ideas venenosas” y “Telérama” cree que los “Gigantes Dormidos” (en su traducción al español) están atacando “a los medios racistas y sexistas”.

“Sleeping Giants” es una red de ciberactivistas decididos a imponer por las bravas la “corrección política” impulsada por el consenso socialdemócrata y la extrema-izquierda occidentales. Para ello, tratan de provocar el agotamiento financiero de los medios de comunicación considerados por ellos como “de derechas” o “reaccionarios”, presionando y desafiando a sus anunciantes en las redes sociales. Este organización neocomunista, marcadamente integrista y totalitaria, nació en 2016 en Estados Unidos tras el triunfo electoral de Donald Trump. Su forma de actuar siempre es la misma: en un tono amenazante y jacobino se dirigen a las empresas que se publicitan en determinados medios para que expliquen públicamente “su presencia en sitios de extrema-derecha”.

Robert Ménard, alcalde de la localidad de Béziers y cofundador del sitio web Boulevard Voltaire, también atacado por los “Sleeping Giants” como la cadena televisiva CNews, explica claramente cuál es la situación: “Utilizan los medios, particularmente efectivos, de los matones, y consiguen que las empresas que se publicitan, ante el riesgo de ser insultadas y anatemizadas, se inhiban ante el temor de ver su marca devaluada. En nuestro caso, ‘Boulevard Voltaire’ vive casi exclusivamente de las donaciones de los lectores, y el daño de los ‘Sleeping Giants’ fue menor. Pero, por ejemplo, en el caso de la web norteamericana Breitbart News (uno de los grandes medios conservadores norteamericanos), el ataque causó numerosos daños económicos”.

(La Tribuna del País Vasco)

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Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso

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«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»

Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».

Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.

En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.

Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.

Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.

Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.

El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.

Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.

Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.

Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.

Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.

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