Sociedad
OTRA RACIÓN DE DERECHA TRAIDORA: Ángel Gabilondo, Defensor del Pueblo CON LOS VOTOS DEL PP, se niega a defender al menor de Canet acosado por el separatismo. Solo VOX defiende a la familia
«No hemos conocido todo lo que lo que hay que conocer para poder tomar una resolución».
Ésta ha sido la cobarde reacción del Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, ante el acoso separatista que está recibiendo un niño de 5 años en Canet de Mar (Barcelona) por reclamar que se cumpla la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) que reconoce su derecho a que el 25 por ciento de las asignaturas sean impartidas en español.
El excandidato del PSOE a la presidencia de la Comunidad de Madrid, recientemente elegido Defensor del Pueblo en virtud del pacto entre socialistas y populares para repartirse los órganos constitucionales -logró el apoyo de 216 senadores, superando así la mayoría de tres quintas partes del Senado necesarias para ser ratificado por la Cámara Alta-, ha señalado que los datos que tienen señalan que en líneas generales en Cataluña todos conocen bien el español y bien el catalán. «Lo que pediría es que no se haga de esto una controversia política».
VOX ha criticado la tibieza de Gabilondo. «Otra vez (y no me alegro) solo queda VOX para defender los derechos fundamentales de los españoles. Lo haremos», ha afirmado el líder de la formación, Santiago Abascal, en la red social Twitter.
Al mismo tiempo, el presidente del grupo parlamentario VOX en el Parlament de Cataluña, Ignacio Garriga, ha avisado de que su formación denunciará al presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, y al consejero de Educación, Josep González-Cambray «tan pronto como los servicios jurídicos de VOX den base legal» para hacerlo. «Gracias a la acción de VOX, González Cambray será el consejero que batirá en tiempo récord en ser inhabilitado», ha manifestado.
VOX ha presentado una denuncia contra el mosso Albert Donaire y el exprofesor de la UABJaume Fàbregapor presunto delito de odio al promover el acoso a la familia y ha reiterado que siempre defenderá a «la Cataluña que no se resigna a vivir bajo el yugo totalitario separatista».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
