España
Pablo Casado a Pedro Sánchez: «Usted no es una persona de fiar»
Pablo Casado justifica su “no” a la investidura de Pedro Sánchez en su política en Cataluña y sus relaciones con los partidos independentistas. En sus pactos secretos con unos y con otros y en que no haya dado cuenta de para qué quiere gobernar y con quién.
Moderado en el tono, constructivo y con su oferta de pactos de Estado. Pero muy duro contra lo que representa el Gobierno de Sánchez. Le ha recordado, por ejemplo, que la inercia económica de la que vive es consecuencia de las reformas de Mariano Rajoy, pero que ya hay síntomas de desaceleración. Y que los presupuestos pactados con Podemos cortarán el crecimiento económico y dañarán el mercado laboral.
Un discurso contundente y directo, dirigido contra la “farsa” de Sánchez, al que acusó de presentarse cada día con un disfraz en función de sus intereses políticos. ¿Quiere la abstención para hacer qué?,¿hasta cuándo va a estar jugando a este juego de trileros? El líder popular colocó el acento en las claves de la negociación con Podemos y también con los partidos independentistas. Especialmente duro fue al criticar que Sánchez no hiciera ninguna alusión a Cataluña, y preguntó al candidato socialista si el “pacto de Pedralbes” está congelado y pendiente de ser reactivado como ha dicho el presidente de la Generalitat, Quim Torra, “No” a Sánchez porque no comparten sus pactos secretos. “La historia de su Gobierno es la historia de un vacío en funciones, esta obligado a decir a la Cámara para qué quiere formar Gobierno, con qué socios, para qué y con qué beneficios”.
El PP ejercerá leal oposición, sentenció Casado, y hará de urgente alternativa de Gobierno, “que espero que cuanto antes llegue a la Moncloa”.
Sánchez le reclamó la abstención con descalificaciones y acusaciones de corrupción. Y mofándose del hecho de que su partido esté desaparecido en el Pais Vasco y en Cataluña. “Les están dando la espalda hasta los constitucionalistas de Cataluña y del País Vasco”. En su réplica Sánchez ha sido más duro que Casado en su turno de palabra. Y entre críticas e insultos le exigió que se abstenga para que “España tenga gobierno”. “Si me llega a insultar un poco más a lo mejor decidimos abstenernos. Usted no es una persona de fiar”, le contestó Casado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
