España
Pablo Casado acusa a Pedro Sánchez de traidor a España tras «negociar» con Torra la «ruptura de la soberanía nacional»
El líder del PP, Pablo Casado, ha acusado este viernes al jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, cometer «un acto de traición a España» tras su reunión con el presidente de la Generalitat, Quim Torra, al abrir «la negociación de la ruptura de la soberanía nacional»
Pablo Casado asegura que la situación merece que Pedro Sánchez se explique ante todos los españoles. Cree que la cesión del Gobierno a las exigencias de la Generalitat colocan la situación del Estado en Cataluña en un momento difícil.
“Intentaron disfrazar como una apelación al diálogo algo que es la ruptura de la máxima expresión del diálogo, que es la Constitución, pero lo que ayer se inició no fue un diálogo sino que se inició la negociación de la ruptura de la soberanía nacional”, ha enfatizado en un acto en Palma de Mallorca de presentación de los candidatos del PP a las autonómicas.
Por todo ello, y tras solicitar de nuevo la convocatoria de generales y la aplicación del artículo 155 de la Carta Magna, ha anunciado que su formación va a solicitar la comparecencia urgente del presidente del Gobierno ante el Pleno del Congreso para que explique “lo que está haciendo con España a oscuras, sin rendir ninguna explicación al Congreso, a la nación”.
Pide la comparencia
El líder del PP, Pablo Casado, ha pedido hoy la comparecencia urgente del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ante el Congreso de los Diputados para que dé cuenta “de lo que esta haciendo con España a oscuras” en su reunión con el presidente de la Generalitat, Quim Torra.
Casado ha anunciado hoy en Palma que el PP registrará hoy dicha solicitud de comparecencia urgente de Sánchez para que explique “lo que esta haciendo con España a oscuras, con Torra, sin rendir ninguna explicación al Congreso de los Diputados y a la nación española representada en él”.
El presidente del PP nacional ha reprochado a Sánchez que dijera que nunca pactaría con los independentistas y “ha decidido no solo pactar con ellos sino sobrevivir con su aliento y sobre todo darles todo lo que pidan”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
