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España

Y Sánchez se bajó los pantalones…

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José Manuel Otero Lastres.- En el Diccionario de la RAE, “bajarse alguien los pantalones” significa “claudicar en condiciones humillantes”. Como nos temíamos muchos españoles, Sánchez, que no tiene la más mínima duda de que, para retener el poder, tiene que hacer todo lo que le impongan los independentistas, va y lo hace sin avergonzarse, aunque eso suponga bajarse los pantalones o, lo que es lo mismo, claudicar en condiciones humillantes.

En la entrada anterior de este blog, pedía a Pedro Sánchez que en su reunión con Torra preservara la dignidad política de la Nación. Y como era de esperar, lejos de hacerlo, nos humilló a los españoles que acatamos la Constitución y las Leyes, vendiéndose a Torra y a los independentistas catalanes por un puñado de votos.

En efecto, Torra forzó a Sánchez a convertir un encuentro entre el presidente del Gobierno de la Nación y el presidente de una Entidad Territorial del Estado en una cumbre entre “iguales”. Y por si ésta no fuera de por sí una claudicación humillante, Torra obtuvo del “vende-patrias” Sánchez, según informan dos diarios digitales, la convocatoria de un referéndum no vinculante con participación exclusiva de los catalanes, así como el doble compromiso de abordar “la desfranquización” del Estado y de aislar a la extrema derecha”.

Como quiera que cada uno de nosotros no es sólo como se cree que es, sino también y en gran medida como lo ven los demás, Pedro Sánchez ya no engaña a nadie. Se lo está pasando genial en la Moncloa, con la aquiescencia de muchos de su partido que prefieren la nómina en mano que las que pudieran venir volando, y está dispuesto a hacer lo que sea, incluso a pasar por la vergüenza de bajarse los pantalones ante un golpista, con tal de estirar todo lo que puede sus días de “vino y rosas” al frente del Gobierno.

Por eso, si a la bajada de pantalones tiene que llamarle diálogo, lo hace. Y sin sonrojarse, porque sabe que la derecha muerde poco y se cansa pronto de hacerlo: lo de su tesis ya está en el olvido, y los irregularidades de muchos de sus ministros están más que disculpadas porque, al ser de izquierdas, las hicieron no en beneficio propio, sino del pueblo.

Pero yo de Torra no estaría del todo confiado, ni me creería las promesas de tan inconstante y mudable ciudadano, como Sánchez. Aunque ya puesto a maliciar hasta puedo llegar a pensar que Torra lo sabe y se lo espera. Y es que como entre pillos anda el juego, no me extrañaría que uno y otro hubieran representado una comedia de enredo en la que los dos protagonistas, a sabiendas, se comprometen a hacer lo que saben que no pueden y que, por tanto, no van a hacer. Y todo ello para entretener al personal y que uno siga disfrutando de las prebendas de la Moncloa y el otro paseándose como líder de la inexistente república de Cataluña. En cualquier caso, los españoles de bien no nos merecemos lo que está pasando, por eso pienso que el pueblo no tardará en señalar a los responsables de tanto desatino.

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Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso

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«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»

Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».

Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.

En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.

Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.

Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.

Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.

El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.

Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.

Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.

Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.

Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.

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