España
Pablo Casado, «Il Castrati» que da carta de naturaleza a la «Derechita cobarde» es un traidor múltiple: A sus militantes, a sus votantes, a sus amigos y sobre todo, a ESPAÑA
El líder del Partido Popular es cada día menos líder. Sus mensajes de ataques a la gestión del Gobierno en la crisis sanitaria no convencen ni a su electorado, que en las redes sociales se manifiesta indignado y contrariado con un político que ha llegado a decepcionarles y al que incluso ya llaman cobarde.
Miles de personas hasta ahora votantes del Partido Popular se expresan a diario en contra de Pablo Casado, al que parecen no perdonarle la doble política de denunciar por una parte la gestión de la crisis del coronavirus por el Gobierno socialcomunista, pero por otra la de apoyarlo dócilmente cada vez que Pedro Sánchez propone una nueva prórroga del estado de alarma, cuya aprobación pasa por el Parlamento, en el que el Partido Popular le espera una y otra vez condescendiente con una situación que hasta relevantes juristas estiman inconstitucional. Los españoles están hartos del peligro que están corriendo de encontrarse una nueva vida que nada tenga que ver con la que dejaron antes de recluirse en sus casas, pronunciándose en las redes sociales calificando a Pablo Casado como traidor que está favoreciendo los planes del socialcomunismo.
Uno de los mensajes de Pablo Casado ha sido el siguiente: “El estado de alarma no es una alarma de Estado. El Gobierno quiere legislar sobre Justicia, Educación o eutanasia mientras mueren centenares de personas. Actuaron tarden por sectarismo ideológico y ahora “aprovechan” la pandemia” para imponer su programa, como dijo Podemos”.
Sus seguidores no le han tolerado semejantes palabras, señalándolo como un cómplice que está dando cobertura a la invasión de España por el comunismo podemita y, por tanto, venezolano.
La cascada constante de críticas se sucede por ejemplo en Twitter: “Has perdido una oportunidad única por flojo”. “Pues ya sabes, no pactes”. “Pero los sigues apoyando HIPÓCRITA”. “Pues tumbadles el estado de alarma y dejaos de lloriqueos. Claro, que si después toca dar un paso al frente y hacerse cargo de esta situación habrá que hacerlo. Tienes mucho miedo a hacerte cargo de esta situación, ese es el problema”.
La crisis sanitaria no sólo está desgastando enormemente al Gobierno, sino que arrastra con su mala gestión al Partido Popular, por extensión el gran responsable que lo apoya en cada nuevo plazo de quince días más de prórroga, un temerario cheque en blanco para que Sánchez e Iglesias se permitan más tiempo y holgura para modular al país a sus fines socialcomunistas. Mientras tanto y por culpa de sus apoyos incondicionales al Gobierno, el líder del Partido Popular se va haciendo insoportable para quienes lo votaron: “Pues el día 10 van a pedir otros 15 días más de estado de alarma. Espero que no lo apoyes, sino que te quejes”. “Sí, sí, sí, pero los españoles no vamos a olvidar tu apoyo ciego a este Gobierno del bulo y Gobierno de inútiles. También eres cómplice por no haber ejercido de oposición”. “Pablo Casado, eres un cobarde que has traicionado a tu pueblo votando a los socialcomunistas y haciéndoles el juego”. “¿No te parecen suficientes razones para haber presentado una moción?”.
Los seguidores de Casado, implacables y en cadena, no le permiten ya una actitud con dos caras, que está haciendo pronosticar un mayúsculo descalabro del Partido Popular con una más que esperada sangría de votos similar a la que causó la estafa electoral de Mariano Rajoy, de la que acabó resultando “la derecha troceada”, afortunado concepto debido a José María Aznar, que nunca aprobó públicamente a Mariano Rajoy en la deriva a la que condujo lamentablemente al Partido Popular, vaciándolo de su mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Desde entonces -y por más que Rajoy pretendiera justificarse, incluso con la argucia de haber evitado un presunto rescate de Europa-, de aquellos polvos, estos lodos.
En Twitter las críticas a Casado están disparadas, sobre todo por sus simpatizantes hasta ahora, los que aseguran que abandonan sus esperanzas en el Partido Popular: “Y vosotros vais y los apoyáis. Nada que decir”. “La derechita cobarde, sin palabras”. “Dentro de quince días volvéis a apoyarle con el estado de alarma… estamos confinados para nada… porque la gente sigue muriendo… en un día mueren en España más que en un mes en Grecia… sólo hay una solución, quitar a este Gobierno y buscar nuevos gestores”. “Sí, sí, a ver si espabilamos”. “Y PORQUÉ CO… VOTAS A SU FAVOR?”. “Ni lo intentes, es un rojo disfrazado”, contesta alguien a la anterior pregunta. “Ni se te ocurra apoyar otra prórroga a partir del 9 de mayo!!!”.
La conducta pusilánime de Pablo Casado, que lo mismo proclama en el Congreso arengas contra el Gobierno, tan patéticas para su electorado como la del símil del Titanic, finalizando su intervención ridículamente al llamar capitán Sánchez al presidente del Gobierno socialcomunista, contrasta con subordinarse después a sus propuestas de prórroga del estado de alarma y el confinamiento, en duda como una inconstitucional limitación de la libertad de movimientos de los españoles.
Para gran parte de la opinión pública y de los propios votantes del Partido Popular, Casado saca pecho, pero parece aquel ridículo bravucón y envalentonado que en las peleas dice “¡sujetadme!”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

