España
Pablo Casado: «¿Por qué Sánchez no rompe con Puigdemont, Torra y Otegui?»
El presidente del PP Pablo Casado, ha acusado al Gobierno de Sánchez de tener la pie muy fina, por «romper las relaciones» con el PP, después de que el líder de este partido acusara al presidente de ser responsable del golpe de Estado en Cataluña. «Esto no se puede aguantar más», ha dicho Casado. «Yo no rompo relaciones con nadie más que con los independentistas y con Bildu». Casado ha preguntado a Sánchez por qué no rompe con Puigdemont, Torra y Otegui.
«Yo con el Partido Socialista nunca romperé relaciones, por responsabilidad. Y eso que nos han llamado cosas mucho peores», ha señalado Casado. «Eso de y ahora qué tendrá que decirlo el Gobierno. Aquí no se trata de decir ahora no respiro, me tiro al suelo y pataleo. A mí me han llamado indigno, ultraderechista y me compararon con los xenófobos», ha recordado Casado en un desayuno informativo.
Casado ha aclarado que no tiene nada personal contra Sánchez, pero ha advertido de que su Gobierno es rehén de los independentistas, los populistas y los batasunos. «Yo con Pedro Sánchez no tengo ninguna mala relación personal. Le conozco desde hace 10 años, Lo que reivindico es un Partido Socialista patriótico». En realidad, Casado cree que el PSOE perdió el debate ayer y ahora intenta ganarlo «en los camerinos».
«¿No estamos crispando el escenario?», le preguntó una asistente. Casado ha respondido así: «El PP siempre ha sido un partido de consensos. Es la primera vez que un partido que no gana las elecciones, con apoyos poco aconsejables, desalojó al Gobierno que había ganado. Propuse apoyar los Presupuestos si se mantenía la senda de déficit y las previsiones presupuestarias. Y propuse prestar nuestros votos en el Senado para aplicar de inmediato el 155, para evitar que el chantaje de los independentistas rompieran la unidad de España».
Casado ha recordado que tendió la mano al Gobierno de Sánchez, sin ningún éxito. «Empecé tendiendo la mano. Lo que ayer hablamos en el Congreso fue sencillo. Igual que cuando hay un incendio, nadie responsabiliza al Gobierno de incendiar el monte, pero sí se le dice que es responsable si no ha puesto medios para apagarlo. Lo lógico es que si se perpetra un desafío a la soberanía nacional, el Gobierno tiene la responsabilidad de evitar la ruptura de la legalidad».
El presidente del PP ha preguntado a Sánchez por qué no rompe con Puigdemont, Torra u Otegui, en vez de con el Partido Popular: «A Aznar se le ha llamado asesino, a Rajoy, indecente, por no vigilar la conducta de dos alcaldes de pueblo. Y resulta que nosotros no podemos decir que un Gobierno es responsable si no aplaca cualquier intento de golpe de Estado que se da en una región. Es una victimización que nadie se cree. ¿Por que Sánchez no rompe con Puigdemont, Torra y Otegui? No sé qué es romper relaciones, no estamos entre familias o vecinos. El Gobierno tiene la piel muy fina. Y sin embargo no dice que va a romper con Torra o Tardá. Es insólito».
Casado ha participado en un desayuno informativo, organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España, solo unas horas después de que La Moncloa asegurara que el Gobierno de Pedro Sánchez daba por rotas las relaciones con el líder del PP. En el Ejecutivo están muy ofendidos porque Casado acusó a Sánchez, en un debate parlamentario, de ser partícipe y responsable del golpe de Estado que se está llevando a cabo en Cataluña.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
