España
Pablo Iglesias: «Es una vergüenza, los de ‘La Manada’, condenados a 9 años y a Junqueras le piden 25»
El secretario general de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, ha asegurado que es una «vergüenza» que «los violadores de ‘La Manada’ fueran condenados a 9 años y se encuentren actualmente en libertad provisional, mientras que al exvicepresidente de la Generalitat de Cataluña Oriol Junqueras la Fiscalía le pida 25 años de cárcel.
En un acto para preparar las próximas elecciones municipales de mayo de 2019, a las que Podemos prevé presentarse en 1.000 municipios como marca propia, el líder del partido ha repetido en varias ocasiones la «vergüenza» que siente al ver que «la ley no sea igual para todos».
También ha comparado estos dos casos con otros contra «tirititeros y cómicos» que son «juzgados e incluso encarcelados», y ha reiterado que la situación en Cataluña no lo van a resolver los jueces sino que tendrá que hacerse por cauces políticos. «El conflicto en Cataluña se solucionará con diálogo y lo dice alguien que no quiere que Cataluña se vaya», ha añadido.
Al mismo tiempo, Iglesias ha admitido que, a raíz de la petición de la Fiscalía sobre los exdirigentes de la Generalitat cuando ocurrió el 1-O, la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) «está más lejos que hace tres días», algo que, para él, ha generado «rabia».
Sin embargo, pese a entender y compartir esa rabia, Iglesias ha pedido a los partidos catalanes presentes en el Congreso que se pregunten «por qué tienen que pagar el autoritarismo del anterior gobierno y la falta de audacia del actual Ejecutivo la gente trabajadora».
Para él, si los Presupuestos no salen adelante, los principales afectados serán «la gente corriente», tanto en Cataluña como en el resto de España, por lo que considera «fundamental» dar un primer paso para apuntalar la fuerza de la «gente trabajadora», de forma que el PDeCAT y ERC voten a favor de los PGE pese a la petición de la Fiscalía.
Según ha indicado, la no aprobación de las cuentas del Gobierno supondría que el salario mínimo no suba, que no aumenta la partida de dependencia, que no haya una ley que evite más violencia machista o que no se revaloricen las pensiones con arreglo al IPC.
«No nos jugamos solo unos Presupuestos sino que en los próximos años en España haya entendimiento entre progresistas para lograr avances o que, por el contrario, lleguen los alumnos de Bolsonaro, lo más parecido a lo que conocemos en la extrema derecha española», ha apuntillado.
Aprovechando el 40 aniversario de la Constitución, al final de su discurso, Iglesias ha defendido que la monarquía «pudo servir» hace cuatro décadas para que el sistema político español fuera homologable a los del resto de Europa, pero se ha preguntado «para qué sirve hoy en día».
«Quizá Juan Carlos I era el precio a pagar para que nuestro país fuera una democracia, pero un país moderno, un país feminista, no merece que a la jefatura del Estado se acceda por fecundación, sino por elección», ha sentenciado.
En esta misma línea, Iglesias ha cerrado su intervención asegurando que «la gente en España quiere discutir de todo porque la gente no tiene miedo», a lo que ha añadido que «frente a la corrupción no decimos viva el Rey, decimos viva la República».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
