España
Pablo Iglesias revela que «una de Vox» fue descubierta teniendo sexo con un diputado de ERC en el aseo del Congreso
‘El hormiguero’ cerró este jueves su ronda de entrevistas a los candidatos a la presidencia del Gobierno con la visita de Pablo Iglesias. Tras conversar sobre política y elecciones con Pablo Motos, el momento en que se vio más relajado al líder de Unidas Podemos fue cuando las hormigas Trancas y Barrancas le entrevistaron en la sección Rueda de prensa ibérica, donde Iglesias dio algunas respuestas llamativas.
Cámara suceden cosas. Todo comenzó cuando el presentador del programa sacó el tema sobre si hay políticos a los que les gustaran miembros de otros partidos e Iglesias fue a tope: “Mogollón, de eso no puedo hablar, pero la promiscuidad que hay en el Congreso… Hay veces que abres la puerta de un baño y dices: ‘hostias’… La cierras y piensas que de eso no puedes hablar».”.
“Cuanto más prohibido, más morbo”, insiste Motos, que imaginó un escenario de “una de Vox con alguien de Podemos…”, a lo que Iglesias añade más leña al fuego: “Con alguien de ERC”.
“Con lo divertidas que podrían ser las sesiones del Congreso de los Diputados”, se ríe Motos, para zanjar el tema. “Preguntadle a Paloma, preguntadle a Paloma”, insiste Iglesias, refiriéndose a la ujier más querida de la Cámara Baja se jubila que, después de 36 años trabajando en el Congreso de los Diputados, se jubila. “Ella sí que sabe. Además, se sabe las históricas”.
Entonces Motos señaló: «Un momento, un momento, vamos a poner el slow motion aquí», mientras Trancas afirmó que «es normal, donde hay tensión siempre hay sexo».
«En el Congreso hay dos comisiones, una que no lo importa a nadie que es la Comisión de Secretos Oficiales, y luego está el corrillo de secretos oficiales, que de ahí no se puede contar nada», contó Iglesias.
«Vamos a hacerle las preguntas que no se atrevió [a hacerle] Ana Pastor», comenzó Trancas, que después le preguntó: «Si no existiera Podemos, ¿votaría a Errejón?». Con una sonrisa, Iglesias contestó que «si no existiera Podemos, no existiría el partido de Errejón». Y reconoció que «votaría a Izquierda Unida».
Barrancas recordó las declaraciones de Rivera el pasado lunes en El hormiguero donde comentó que se hace mal el nudo de la corbata aposta. Sonriendo, el líder de Unidas Podemos contestó que «no voy a entrar en polémicas, pero creo que hay veces que Albert va un poco ‘petadito’ de más». Y añadió que «yo llevaré la corbata como al final de una boda, pero él va como el principio de un after».
También admitió que había hecho la güija alguna vez; que no le daba rabia que Abascal hiciera los mítines en Vistalegre como él; o que solo se hacía un largo sin respirar en la piscina de su casa porque «tengo poca capacidad pulmonar».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
