Sociedad
¿Papá Noel o Reyes Magos?
Los españoles se debaten desde hace unos años entre recibir regalos el día de Nochebuena de la mano de Papá Noel o continuar la tradición y esperar a la madrugada del 5 al 6 de enero para ser visitados pos los Reyes Magos. El consumismo y la practicidad que, sobre todo para los niños, provoca poder disfrutar de los regalos durante todas las fiestas navideñas, ha cambiado la tradición y no es raro ver familias que cada día más, abrazan a Papá Noel.
Papá Noel no siempre fue un hombre mayor con barriga y barba al servicio de los juguetes y los niños. Descendiente de San Nicolás, de Odín y del Coco, Papá Noel fue también un profano vendedor de soda y jabones, libertino y bebedor.
«Papá Noel fue profano antes de ser religioso y ha vuelto a ser profano», resume Jean-Pierre Guéno, autor del libro recién publicado en Francia «Cher Père Noël » («Querido Papá Noel «).
Es conocido San Nicolás, patrón de los niños, aparecido en el año 343 con su mitra y su báculo. Pero los nórdicos veneraban también a Odín y a Papá Noel , subraya Nadine Cretin, historiadora y especialista en la figura de este último. Odín viajaba a caballo y tenía una larga barba blanca.
Los Celtas celebraban la llegada de la estación «oscura» con la fiesta de Samhain, durante la cual ya había que «hacer regalos a los niños, depositarios del futuro», explica Cretin. Una tradición parecida a la de Halloween y Navidad.
Con los regalos llegaron los «donantes» y, en la genealogía de Papá Noel , en ese rol aparecen las figuras de San Nicolás, Santa Claus o el niño Jesús, según las distintas religiones.
Algunos personajes tienen una imagen ambigua, amable e inquietante. Así, no lejos de San Nicolás se encontraba el Coco o, en Italia, la bruja Befana que deja carbón a los niños que se portan mal, como los Reyes Magos en España.
Con el siglo XIX se multiplicaron las representaciones de Papá Noel . Su imagen actual se concretó en Estados Unidos gracias al ilustrador Thomas Nast, de la revista Harper’s Illustrated Weekly, quien «lo humanizó», explica Guéno. Fue Nast quien «lo vistió con un traje rojo, con adornos de piel blanca y realzado con un gran cinturón de cuero».
En 1856, la escritora George Sand escribió su pasión por «el bonachón hombre mayor de barba blanca que a medianoche debía dejar un regalo en su pequeño zapato».
Los años siguientes fueron todavía complicados para Papá Noel . En Francia, varias revistas se burlaron de él hasta el punto de presentarlo junto a mujeres desnudas en 1905 y también durante los años 1920 y 1930. En Estados Unidos se convirtió en representante comercial: la bebida Canada Dry explotó su imagen, cuando no estaba ocupado vendiendo jabones o bolígrafos, cigarros y alcohol.
A partir de 1931, Coca Cola contribuyó «a su mundialización», especialmente a su llegada al hemisferio sur, explica Nadine Cretin.
Según Guéno, el colmo de la instrumentalización «innoble» se alcanzó durante la Segunda Guerra Mundial con el mariscal Philippe Pétain, quien propuso a los niños de los prisioneros franceses en Alemania escribir la carta más bonita de Navidad a su padre detenido. Los ganadores tenían derecho a la visita del prisionero en Navidad, antes de ser enviado de nuevo a su lugar de detención.
En 1951 se produjo una nueva controversia. En Dijon, en el este de Francia, el 24 de diciembre una efigie en papel de 2,50 metros de Papá Noel fue quemada delante de la catedral y ante varios cientos de niños por una decisión del clero que quería condenar a este «herético» difusor de mentiras.
Sesenta y un años después, a principios de diciembre de 2012, en una guardería de Montargis, en el centro de Francia, Papá Noel se encontró con la puerta cerrada. Según la directora del centro, se trataba de respetar los valores «laicos». Algunos padres hablaron de «presiones de familias musulmanas». Papá Noel finalmente pudo pasar.
Este incidente es «desolador», ya que «ignora que Papá Noel tiene un origen completamente pagano y no religioso», explica Martyne Perrot, socióloga en la Ecole des hautes études en Sciences sociales (Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales). «Navidad se ha convertido en una fiesta comercial y los niños la celebran en todos los sitios. Incluso en China y en Japón está empezando».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
