Sociedad
La preocupación de los españoles por la inmigración se dispara cuatro puntos en el CIS
El debate sobre la inmigración que se vivió en la campaña de las elecciones andaluzas, celebradas el pasado mes de diciembre, se ha trasladado al conjunto de la ciudadanía hasta el punto de situarse esta como la sexta preocupación de los españoles, con cuatro puntos más de lo marcado en el barómetro de noviembre.
En concreto, el 12,5 por ciento de los españoles considera que la inmigración es uno de los tres principales problemas que afronta España, por el 8,9 por ciento que lo veía de esta manera el pasado noviembre. Este repunte coincide con la irrupción de Vox en el Parlamento de Andalucía, en el que obtuvo doce diputados con un marcado discurso contra la inmigración ilegal, hasta el punto de recoger en su programa electoral propuestas como la construcción de un muro en Ceuta y Melilla.
En el ámbito nacional, el debate en torno a esta cuestión se enconó tras la decisión de Pedro Sánchez de acoger el buque Aquarius el pasado junio, diez días después de asumir su cargo de presidente del Gobierno, cuando más de 600 inmigrantes se hallaban frente a costas libias a la espera de poder desembarcar en un puerto seguro.
El movimiento de Sánchez fue captado por la oposición como una maniobra de propaganda política, y tanto el PP como Ciudadanos lo acusaron de actuar sin «responsabilidad» y promover un «efecto llamada».
El paro repite
La inmigración solo se sitúa en nivel de importancia para los españoles por debajo del paro, que repite como máxima alarma social —el 59,2% marcaron el desmpleo entre sus mayores inquietudes—, los políticos (29,8%), la corrupción (24,7%), la calidad del empleo (22,6%) y la sanidad (12,9%).
El 3,1 por ciento de los encuestados creen que la inmigración es el primer problema del país, el 5,6 la rebajan a la segunda posición y el 3,8, a la tercera. Si bien es cierto que solo el 4,8 por ciento de los participantes en el barómetro del mes de diciembre admiten que les afecta directamente a ellos.
Es significativa también la sensación que cunde entre los españoles de que la inmigración debe ser una cuestión prioritaria en el Parlamento Europeo. El 36,4 por ciento de los encuestados apunta a la Unión Europea para resolver las crisis migratorias, un porcentaje solo superado, nuevamente, por el desempleo, ante el que el 63,7 por ciento mantiene que las instituciones europeas deberían velar por paliarlo.
Después de dos meses consecutivos en los que descendía la preocupación por la llegada de inmigrantes a las costas españolas, el escenario andaluz ha provocado un nuevo repunte, aunque está lejos del experimentado en julio y agosto, los dos meses posteriores a la formación del Gobierno socialista salido de la moción de censura contra Mariano Rajoy.
En el barómetro publicado en junio sobre los datos recopilados en mayo, el CIS solo reflejaba un 3,5 por ciento de españoles que apuntaban la inmigración como uno de los principales problemas. En julio, tras la acogida del Aquarius, esta aumentó casi ocho puntos hasta el 11,1 por ciento; y en agosto, se situó en el pico más alto de todo el 2018 con un 15,6 por ciento de españoles que veían la inmigración con recelo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
