Sucesos
Partido Popular: pocilga y refugio de malnacidos. Su miedo y cobardía -derechita cobarde, ya saben- les lleva a insultar y a amenazar a señoras con más clase que todos ellos
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, ha salido esta mañana en defensa de una diputada de Vox. Concretamente de Macarena Olona, quien previamente ha denunciado haber recibido amenazas por parte de varios diputados del PP.
La insólita escena ha tenido lugar durante la comisión de investigación sobre la ‘operación Kitchen’ celebrada en la Cámara Baja. Y ha chocado a la propia protagonista. Quien no ha dudado en señalar que nunca se habría imaginado que se llegara a ser «amenazada» en la Cámara que representa la soberanía nacional -y «por parte de un diputado del PP»- siendo testigos «los compañeros de partido».
Según ha explicado, un miembro del Grupo Popular, al que no ha identificado, se ha acercado a ella al inicio de la comparecencia de Ignacio López del Hierro -marido de la ex secretaria general del PP María Dolores de Cospedal y ambos investigados por la trama de espionaje a Bárcenas- para preguntarle si estaba «haciendo fotografías» a sus compañeros de partido.
«Es intolerable«, se ha quejado Olona, quien ha recalcado que ella no ha sacado foto alguna y que se ha limitado a «trabajar» como hace siempre en el seno de este órgano. Aunque rápidamente se ha disculpado por haber abandonado la sala de forma «abrupta» en mitad de la sesión. Algo que ha interrumpido el interrogatorio que estaba realizando el portavoz del PSOE, Felipe Sicilia.
Tras un breve receso, pero visiblemente contrariada, Olona ha vuelto a la misma. Lo ha hecho pidiendo perdón expresamente a Sicilia por «haber faltado al decoro». Pero lo llamativo es que lo ha hecho acompañada de los representantes de ERC Gabriel Rufián y Pilar Vallugera, que según ha dicho, fueron testigos del episodio.
Y, efectivamente, en su turno de palabra, el republicano se ha dirigido a López del Hierro para preguntarle irónicamente si sabía, como él sabe, cuándo acude a la comisión de investigación «alguien que preocupa al PP». Rufián no ha esperado y él mismo ha dado la respuesta. Pues «por la cantidad de gente del PP que viene. Y con usted han venido cuatro y terriblemente nerviosos», ha espetado Rufián para certificar que «uno de ellos se ha tenido que marchar después de amenazar a Macarena Olona».
Acto seguido, la diputada de Vox ha pasado página del incidente no sin antes declarar que le ha causado «auténtico bochorno ver cómo, por momentos, los partícipes presentes del PP se convierten en cómplices de un intento desesperado de intentar tapar cualquier atisbo de corrupción política. Hasta el punto de llegar a descalificativos personales», ha sentenciado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
