Opinión
Partidos políticos. ¡Porca miseria!. Por el General de División Juan Chicharro (R)
Sí, observo un cierto hartazgo en el pueblo español del espectáculo que todos los días nos ofrecen nuestros políticos y desde luego el de los partidos que representan.
El artículo 6 de la Constitución Española dice: “ los partidos políticos expresan el pluralismo político , concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política “.
Vale, que diría un castizo, más tengo para mí que desde la aplicación de esta perspectiva más bien sucede que en la práctica los partidos en lugar de ser la manifestación de la voluntad popular como dice el artículo constitucional citado lo que hacen en realidad es modular esa manifestación en función de sus propios intereses oligárquicos o de clase. En definitiva, un fraude de ley. Dicho de otra manera : yo lo que veo es un sistema que adultera y adapta la democracia a los citados intereses desde el que políticos mediocres sin valores oprimen, abusan y destrozan nuestra sociedad; yo lo que veo son partidos anteponiendo sus propios intereses al bien común de los españoles, incluso pactando con quien sea , los enemigos de España , por ejemplo , con tal de mantenerse en el poder; yo lo que veo es un pueblo adoctrinado por la propaganda de los partidos merced a la labor de la mayoría de unos medios de comunicación a sueldo de los mismos; yo lo que veo es como los partidos son causa de división y enfrentamiento entre españoles , fuentes de corrupción e injusticia y desigualdad.
Añádase a todo esto el hecho irrefutable de algo real que podría exponer pero nada mejor que leer a Franco en un discurso que pronunció en Valencia en 1962 :
«Todos hemos conocido, especialmente los que ya somos viejos, la ficción de los partidos políticos, en los que la relación entre representantes y representados se limita a la elección entre varios nombres que los comités de los partidos les presentan, y que en la casi totalidad de los casos los electores desconocían; pero una vez lograda la investidura obraban a su antojo, sin tener en cuenta los intereses y la voluntad de los votantes”.
¿Les recuerdan estas palabras algo ? ¿ acaso no lo ven?
Sí, claro que soy consciente de que Franco pronunció esas palabras hace casi 70 años, y ante una sociedad muy diferente, pero, ahora, en vísperas de unas nuevas elecciones, me temo que tenían un carácter premonitorio y de plena actualidad. Yo lo que veo es que los partidos políticos están causando un daño en nuestra sociedad socavando la misma democracia y sumiéndonos en una situación de enfrentamiento civil.
Creo honradamente que Franco sabía bien que, tras su muerte, España se encaminaría hacia un sistema democrático diferente del autoritario que él representaba. Recordemos cuando respondiendo al entonces príncipe Juan Carlos al pedirle este consejo le dijo : ”¿para qué? Vuestra Alteza nunca podrá gobernar de igual manera que yo”
No es menos cierto que en 1975 tras su muerte se desató en España una fuerte ilusión democrática. Yo la recuerdo bien. Pues bien, hoy, 45 años después, lo que veo es como aquella ilusión ha sido frustrada y destrozada por unas organizaciones políticas similares en todo a sus antecesoras. Aquellas que llevaron a España a toda clase de desgracias y desastres. Y es que cuanta razón tenía el Generalísimo cuando le decía a las Cortes en 1955 : «Si a los regímenes políticos hemos de juzgarlos por sus frutos y con la serenidad que nos dan los años transcurridos hacemos balance, ya no de lo alcanzado, sino de lo que bajo el signo de la democracia liberal hemos perdido, llegamos a la conclusión que no podría concebirse un sistema más dañino para los intereses de la Patria y para el bienestar y el progreso de los españoles. que el que hasta hace poco padecimos”.
Fue Amadeo de Saboya quien antes de dar un portazo e irse de España pronunció : “Ah, per Bacco, io non capisco niente. Siamo una gabbia di pazzi” -¡Por Baco! No entiendo nada, esto es una jaula de grillos -. Y No le faltaba razón. Y tampoco es que la cosa haya cambiado demasiado desde entonces.
Vean Vds el circo en el que se ha convertido hoy la política en España y a lo mejor me dan la razón en lo que digo.
Sí, iré a votar el día 4 de mayo. Iré a votar sin ningún convencimiento de hacerlo pero es lo que hay y a eso hay que atenerse por desgracia. Y mientras tanto asisto entre atónito y entretenido al espectáculo diario de mitines borreguiles , declaraciones, peleas en debates, cartas amenazadoras sin remitentes, encuestas amañadas ….etc.
Creanme, yo no desconozco la diversidad de opiniones y la necesidad de que estas se expresen por los cauces que sean necesarios en búsqueda de un entendimiento pero siempre desde la perspectiva de algo que una y no divida. No es este el caso hoy.
En cualquier caso termino estas líneas recordando al añorado comandante del Ejército español , Antonio Mingote : “Vota a Gundisalvo” . Y sean Vds. felices.
Gral. de División Juan Chicharro Ortega
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
