Sociedad
Pedro el mentiroso y Yolanda la pedante
Pedro Sánchez intenta superar su imagen de mentiroso, Yolanda Díaz, por el contrario, se niega a aceptar que resulta pedante. Es decir, Pedro tiene más oportunidades de ganar que Yolanda.
Tanto el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, como su vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, se han lanzado a recorrer España para sumar. El primero para darle la vuelta a unas encuestas que parecen apuntar hacia su salida de La Moncloa, la segunda porque quiere entrar en La Moncloa en sustitución de Pedro Sánchez… y a una persona tan modesta como ella, un sólo partido se le queda corto.
Sánchez ha puesto en marcha todo su aparato de propaganda, compuesto por los medios públicos, sobre todo TVE, Prisa, vendida a La Moncloa como nunca lo ha estado en su historia (antes era La Moncloa la que se vendía a Prisa), la mortecina pero todavía útil Tele 5, útil para el voto menos informado, y la Sexta y en buena parte Antena 3 TV que en teoría componen el sector conservador. Sólo en teoría. La punta de lanza de la campaña consiste en el propio Sánchez convertido en estrella de la tele. Ojo, estrella mediática, porque para el contacto directo con el ciudadano, Sánchez está quemado.
Sánchez está condenado a ser estrella mediática, porque para el contacto directo con el ciudadano está quemado
Como mucho, se trata de poner en marcha operaciones como La Moncloa-parque temático, con un puñado de ciudadanos previamente seleccionados para «representar al pueblo». Sánchez sabe que el líder del «partido de la gente» no puede permitirse el contacto directo con la gente porque la gente le abuchea. Su aparición debe ser mediática, es decir, mediatizada, porque los medios sí que los controla, o directa, pero programadas, ante un público previamente seleccionado y pastueño.
En paralelo, la carrera por la simpatía popular no está en Núñez Feijóo sino en su vicepresidente Yolanda Díaz, una muejr que escucha mucho pero habla más.
El problema de Yolanda Díaz es que resulta estraordinariamente pedante. Sánchez es un mentiroso pero doña Yolanda resulta insufrible en su suficiencia. Esta es la cuestión. Y ambos luchan por ser el partido de las gentes.
Yolanda Díaz no acepta la imagen de suficiencia que desprende. Es carne de ‘meme’
Ejemplo: Yolanda acaba de criticar a Núñez Feijóo en nombre de aquella máxima que asegura que «la ignorancia es lo más atrevido que hay». Según ella, el líder del PP no está preparado para gobernar porque ha ubicado a la Seguridad Social en la casilla indebida dentro de las cuentas del Estado, Es como cuando le preguntas a Díaz por las cuotas sociales en España, las más altas de toda Europa, Simplemente se niega a aceptar que sean elevadas con lo que toda discusión ulterior queda pospuesta.
Sánchez tiene las de ganar, entre otras cosa porque Yolanda Díaz no acepta la imagen de suficiencia que desprende. Es carne de ‘meme’ y de apodos: Fashionaria, Yolandísima, chulísima, etc. Así no se llega a presidente.
En teoría, ambos se aprecian, al tiempo que ordenan a sus peones que anulen toda campaña de uno contra otro. Con una gran sonrisa, ambos desean al otro todo lo peor. El pulso continúa y el duelo es a muerte: sólo puede qeudar uno.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
