España
Pedro Sánchez, dispuesto a regularizar y conceder el derecho al voto a casi dos millones de ilegales para mantenerse en Moncloa
AN.- En ningún otro momento de nuestra historia reciente se había dado el caso de un presidente del Gobierno que estuviese dispuesto a mantenerse en el poder aún cuando todo parece hundirse a su alrededor. Pedro Sánchez no está dispuesto a perder el usufructo de la Moncloa y evita por ello tomar medidas que comprometan su sueño hecho hecho realidad: asistir a bodas familiares con aviones oficiales, disfrutar de todos los recursos y lujos del Estado, codearse con líderes mundiales a los que sólo vería por televisión si viviéramos en una democracia menos corrompida, sublimar el postureo de Begoña…
A Pedro Sánchez y Begoña Gómez les altera la sangre la posibilidad de abandonar los fastos del poder. No iba nada desencaminada la líder de Cs en Cataluña, Inés Arrimadas, cuando en julio de este año dijo que Pedro Sánchez sería capaz de “vender España a trozos con tal de que los separatistas lo mantengan en la Moncloa”.
Sabe el líder socialista que unas elecciones generales sepultarían sus restos políticos de forma inevitable. Nunca el rechazo a un presidente había sido tan alto. Él sin embargo parece dispuesto a que el pueblo español sufra la influencia que ultraizquierdistas y secesionistas ejercen sobre la vida nacional. España siempre estuvo bajo la influencia de políticos corruptos que reforzaban su control del poder mientras se llenaban bolsillos. Pero es que ahora España está también bajo la influencia de políticos traidores.
En ese contexto, Pedro Sánchez parece haber encontrado la clave para mantenerse en el poder tras las inevitables elecciones generales, que muy probablemente convocaría en 2020. El presidente podría otorgar un permiso de residencia a todos los inmigrantes que ahora se encuentran en España en situación irregular. Se trata de una cifra cercana a los dos millones. Una vez legalizados, el Gobierno les concedería el derecho al sufragio como una medida excepcional.
Estas intenciones ya las hizo pública en una entrevista en la cadena SER el 24 de junio de 2016 en la cadena SER . En ella se mostraba abiertamente partidario a conceder permisos de residencia y trabajo a todos los inmigrantes irregulares que viven en España.
La pretensión de Sánchez tiene precedentes. En 2005, el ex presidente del Gobierno socialista José Luis Rodríguez Zapatero impulsó una importante reforma de la Ley de Extranjería que permitió la regularización de 740.000 extranjeros que entonces se encontraban en España en situación irregular.
La regularización masiva de extranjeros contaría en esta ocasión con el apoyo firme de Podemos y de los grupos parlamentarios separatistas.
Por su parte, fuentes de la oposición confirman su rechazo a la regularización de extranjeros. Subrayan que pese a que la economía española va en el furgón de cola con respecto a la recuperación en la Unión Europea, el nuestro es el país que más extranjeros recibe de forma no legal.
Según datos de la oficina europea de estadísticas Eurostat, en 2008, con Zapatero al frente del Gobierno, llegaron a España 464.262 inmigrantes, mientras que a Francia llegaron 62.267, a Alemania 4.761 y al Reino Unido 203.870, menos de la mitad que a España. La cifra, sin embargo, es muy inferior a la de 2007, año en el que, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) y Eurostat, llegaron a nuestro país 920.534 inmigrantes, la mayor llegada de los últimos años, y se calcula que cerca de 400.000 fueron ilegales. En 2006 entraron en España para quedarse un total de 802.971 extranjeros, y otros 682.711 lo habían hecho en 2005.
Esas cifras, que para la oposición parlamentaria fueron un reflejo del ‘efecto llamada’ que tuvo la regularización masiva decretada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, superan en mucho a las de los principales países de la Unión Europea y explican en cierta forma -según fuentes del PP- que las políticas de extranjería seguidas por Zapatero y ahora Sánchez «hayan convertido el fenómeno de la inmigración en un problema».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
