España
Pedro Sánchez, mentiroso crónico. Por Jesús Salamanca Alonso
«Una cosa es que España contrate más empleo fijo que hace tres años y otra bien distinta es que ese empleo representa una de las “tasas de supervivencia” peores de Europa».
Tenemos un presidente que miente hasta al médico; es de una condición y no hay quién le cambie. «No miento, es un cambio de opinión», ha llegado a decir. Ni siquiera se da cuenta que miente en todo y a todos, como lleva años haciendo con Carles Puigdemont. Mintió al juez cuando acudió como testigo y miente a los españoles cada vez que improvisa una rueda de prensa: se le nota cada vez que miente y, si uno tiene los datos que él proporciona, acaba sintiendo vergüenza ajena. Con tantos asesores como parece tener, es como si no tuviera a nadie preparado. No sé si es que no saben leer los datos o si no los saben interpretar o, simplemente, si los tergiversa el presidente cuando los lee. Sí, bien digo, los lee en un intento de no mirar fijamente al que escucha porque tiene varios tics que le delatan.
Eso de que tenemos más poder adquisitivo, lo habrá dicho por él y la gente a quien ha enchufado, se ha corrompido o vive de lo ajeno. Él no ha aportado nada sano ni positivo a la sociedad española, aunque vea la sociedad y el poder adquisitivo con gafas de colores; la ciudadanía no lo vemos igual, no creemos en su palabra y no nos sentimos representados por quien presuntamente tiene más corruptos alrededor que lentejas daban por un duro. Pasará a la historia como la persona que consintió a su familia corromperse y que obstaculizó a la Justicia siempre que pudo, a pesar de que predicó lo contrario hasta que fue pillado en numerosos renuncios. La historia no dirá nada bueno de él y mucho menos los historiadores, sobre todo cuando compruebe que entre Sánchez y el tal Marlaska boicotearon a la UCO en prisión para evitar que destapara crueles andanzas de Santos Cerdán.
Es fácil sentir vergüenza también cuando habla de empleo fijo y da datos como si el empleo fijo lo hubiera inventado él. Lo cierto es que tal tipo de empleo no alcanza el 70% ni por aproximación. Una cosa es que España contrate más empleo fijo que hace tres años y otra bien distinta es que ese empleo representa una de las “tasas de supervivencia” peores de Europa. ¿No tiene el felón ningún asesor que le explique que el porcentaje de ocupados que se mantiene trabajando tan sólo ha crecido ocho o nueve décimas? Eso no es nada, presidente; lo que sí le digo es que jugar con las cifras y mentir con ellas es muy fácil de boquilla hasta que le pillan a uno. Y a ti, Sánchez, te han pillado muchas veces.
El «vendemotos», Pedro Sánchez, es capaz de decirnos que España es el país que ya tiene pleno empleo, cuando es el que más trabajadores manda al paro. ¿Me vas a demostrar lo contrario? ¿Conoces tus propios datos de empleo? ¿Y los datos oficiales? Eso sí, se te los ha escrito Yolanda «cohete» Díaz, apaga y vámonos o mejor no me lo expliques. También es verdad que el desánimo de los trabajadores ya ha caído a mínimos. No te digo si me hablas de empleo juvenil, que estamos a la cola de Europa y sin perspectivas de recuperación y mucho menos de crecimiento. Un dato es cierto, pero tergiversado por la ministra «Varufakis», «cohete» o «tucán» y es que el 93% de los trabajadores existentes en el primer trimestre de este mismo año seguían trabajando en el segundo, al menos eso dice la estadística de flujos de la Población Activa.
Si alguien desea interpretar lo dicho como éxito de la reforma laboral puede hacerlo, pero resulta engañoso el dato; máxime, cuando comprobamos que el registro de España se mantiene entre los peores de Europa. La introducción de parches del PSOE en la actual reforma laboral no es ningún acierto porque el exceso de presiones, por la ignorancia de los sindicatos sectarios, ha llevado a crear un muro que impide la contratación por la excesiva subida de costes y la falta de acuerdos serios entre esos inservibles sindicatos de clase y la patronal. Lo que ha venido en guindas, se ha ido en cerezas.
Una cuestión importante y a tener en cuenta es que los datos de la estadística de flujo de la población activa únicamente indica si las personas continúan trabajando de un trimestre al siguiente, lo cual no quiere decir que sea en el mismo tipo de trabajo, ni en la empresa del trimestre anterior ni si el sector de ocupación es el mismo o diferente. ¿Qué característica obtenemos de lo dicho? Pues ciertamente, y como decía recientemente un diario de economía «La característica clave es que la permanencia en la ocupación parece completamente desconectada de la temporalidad contractual, así como de un efecto directo de la última reforma laboral».
No es un invento decir que Fátima Báñez, exministra del Partido Popular, dejó toda una batería de material que años después ha explotado sin originalidad y con cobardía la propia Yolanda «cohete» Díaz Si la primera se marcó como objetivo consolidar empleo, solo tras eso pudo Yolanda volar a costa de otros, aunque no sepa explicar lo que es un ERTE, como le sucedió tras su toma de posesión.
En estos momentos, la ocupación no es más estable ni permanente, aunque los contratos indefinidos los tengan más personas. Desde el punto de vista de la supervivencia del empleo, sigue habiendo exceso de eventualidad y, tan pronto como haya cambio de Gobierno, comprobaremos los agujeros existentes en el empleo y en la temporalidad, así como los cambios de nombre para ocultar situaciones y datos desfavorables para Gobierno que ya da sus últimos coletazos. ¿Por qué el ministerio de Yolanda «cohete» sigue sin saber los fijos discontinuos que hay en el mercado laboral?
Cierto es que hay más trabajadores fijos que nunca, pero no es porque el Gobierno haya trabajado el sector del empleo. Sí hay una herencia que se ha mantenido y es que, a pesar de ese aumento de fijos, sigue existiendo un alto nivel de volatilidad como la que tenían los temporales.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
