España
Air Europa: prisas en el rescate. Por Jesús Salamanca Alonso
«Era tanta la corrupción acumulada por el ministerio de Transportes, Begoña Gómez, el fiscal general y el cuarteto del Peugeot, que un poco más no haría subir el montón…»
¿Alguien duda que está inmersa en el rescate de Air Europa la propia cúpula del Gobierno sanchista? A estas alturas de la película parece estar casi todo claro, pero el juez tiene la última palabra, por qué se rescató con prisas, por qué los problemas iniciales y dudas de Nadia Calviño y por qué la tensión de Hidalgo ante el acoso al que le sometieron los acreedores. No tardaremos en saberlo, salvo que el Gobierno y/o la mafia criminal tramen alguna gatada para eliminar pruebas o pongan trabas a la Justicia como en ellos es habitual.
Si respecto a Madrid no dudó el presidente del Gobierno en atacar e inventar bulos para desestabilizar a Isabel Díaz Ayuso, también estoy convencido que cruzará las líneas rojas que sean necesarias para eliminar de la faz de la tierra las pruebas que puedan existir sobre el presuntamente fraudulento rescate de Air Europa. La obsesión de Sánchez y Ábalos por salvar el rescate de la aerolínea es semejante a la de Sánchez con Ayuso y con Pablo Casado cuando decía que «hay que martillear ese clavo, a por ellos». Cinco años después, las cañas se le han vuelto lanzas al PSOE, al igual que se le ha destrozado el relato para atacar a Mazón y a Valencia tras la DANA.
Los mensajes de Ábalos a Calviño para rescatar la compañía no debían de ser muy del agrado de Nadia Calviño, que acabó cediendo, de ahí que buscara todos los caminos posibles para salir del Gobierno. Ella sí vio la corrupción, el fango y los bulos, de ahí que estuviera asustada. Eso era demasiado para ella. Otros en la cúpula del Gobierno lo veían más habitual. Era tanta la corrupción allegada por el ministerio de Transportes, Begoña, el fiscal general y el cuarteto del Peugeot, que un poco más no haría subir el montón, aunque se equivocaban como se ha visto después.
Nadia Calviño se echó para atrás y no aprobaba el rescate de la compañía aérea. ¿Motivo? La familia Hidalgo había cobrado millonarios dividendos durante la pandemia. No obstante, la vicepresidenta económica acabó involucrada en el rescate junto con Chiqui Montero (le costará caro), Ábalos y, posteriormente, el propio presidente. ¿Quién cobró la mordida de más de medio millón de euros? La UCO lo apuntará y el juez dictará sentencia por esa y otras corruptelas. El silencio por miedo del presidente era previsible, tan previsible como la sarta de embustes que lanzó en el Congreso al respecto. Sánchez es un mentiroso crónico y patológico, cambia de impresión, opinión y sensaciones según le convenga, algo muy propio del falsario que pretende huir de la corrupción a sabiendas de que la ha cometido, por incitación inicial y «motu proprio» posteriormente.
Ya no hay duda de que Ábalos y Chiqui Montero formaban tándem o hacían pinza, como se dice ahora, contra Nadia Calviño en un principio. Nadia era un mar de dudas inicialmente. No acababa de verlo claro, ni entendía que la familia Hidalgo hubiera rebañado los beneficios de la compañía antes del anhelado rescate. Torpe acción esa como diciendo «me lo llevo todo y así me dan más». ¿Qué habían prometido los Hidalgo, a quién y cuánto? ¿Casualidad, estrategia, fraude o montaje? Acabaremos sabiendo quién era ese amigo de Sánchez que le hizo oír lo que anhelaba, incluso adoptar la decisión que adoptó. La Guardia Civil por coger al que no es, cogen siempre al que es.
Para evitar fechorías, Calviño logró crear un Fondo de Apoyo de Solvencia de Empresas Estratégicas, Ese fondo tuvo una dotación inicial de más de cien mil millones de euros y consiguió que el Consejo de ministros eliminara la posibilidad de dar dividendos a cuantas empresas acudieran al rescate del Gobierno. La vicepresidenta económica no vio la que se le venía encima con Air Europa hasta que Pedro Sánchez puso sobre la mesa el ordeno y mando del autócrata aprendiz de dictadorzuelo. ¿Fue porque Begoña recibió llamada de Hidalgo o fue por otro motivo y presiones de Ábalos y Chiqui? Tal vez no lo sepamos con certeza antes de septiembre porque judicialmente es inhábil el mes de agosto.
La creación de ese Fondo tranquilizó a los acreedores, que no es poco, y Air Europa respiró con serenidad. A partir de aquí, el presidente se implicó a fondo y poco después la aerolínea recibió un rescate de casi 480 millones. Había dinero para compañías privadas, pero no lo había para los enfermos de ELA ni para fármacos modernos para la lucha contra el cáncer ni para la compra de tres fármacos que ya se comercializan en farmacias en los países nórdicos contra la diabetes ni para otras necesidades sociales imprescindibles. ¡Ay, las mordidas y más mordidas! ¡Lo que hacen las mordidas para la degeneración de la política!
¿Por qué tanta premura en el rescate de la aerolínea, si el Gobierno lo tenía en mente desde hacía mucho tiempo, era la compañía prioritaria y la que más lo necesitaba? Precisaba la compañía algo cierto en que basarse para espantar la prisa de los acreedores y, al parecer, esa certeza era el rescate. Pero Calviño seguía sintiendo que tal vez no debía haberse hecho ese rescate y de esa manera, pero el presidente del Gobierno… La «catedrática» había conseguido apuntalar el rescate, exigir a Sánchez su intervención y esa se llevó a cabo. El fraudulento, Pedro Sánchez, quiso conocer los pormenores del por qué, por cuánto y dónde. Me huele muy mal su afán de controlar la operación «gratis et amore» Ni de coña me lo creo, y menos usando el mismo colchón que la falsa «catedrática», al decir de los tribunales. Y para más recochineo, el presidente encargó el meollo del rescate a José Luis Ábalos. ¿Cómo lo ven?
En fin, lo nunca visto. Con nuestro dinero se ha rescatado en tiempo récord a la aerolínea de Javier Hidalgo, mecenas de la «cátedra» y de la infinidad de chiringuitos burlescos de doña Begoña “Pelela” Gómez, que es como se la conoce en Valderas (León), localidad en la que pasó parte de su infancia y juventud, y cuyo apodo familiar es el que aparece entrecomillado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
