España
Pedro Sánchez pasa de defender la exhumación de Franco a rendir honores al tirano Hassan II en su mausoleo de Rabat
Si es grave que cualquier persona tenga en forma hemipléjica dos discursos sobre un mismo tema, desnudando su falta de principios firmes, más grave es que ello acontezca con esos altos cargos que suelen alardear de sus convicciones. Claro que si esos altos cargos son gobernantes de un país, como es el caso de España, la cosa se complica aún mas.
Es lo que ha sucedido recientemente con la visita a Marruecos de Pedro Sánchez. El presidente ‘okupa’ se presentó en forma muy obediente y dócil a rendir honores a Hassan II en su mausoleo de Rabat. Podemos pensar, a tenor de la imagen, que el monarca marroquí se caracterizó por su escrupulosa defensa de las libertades de sus súbditos y por la observancia de los derechos humanos. Y no. Desde 1961 hasta 1999 ejerció su reinado de forma sanguinaria y acumuló un patrimonio que habría servido para erradicar la pobreza en toda África. En base a los mismos preceptos democráticos que esgrime el Gobierno socialista para defender la exhumación del “dictador” Franco, ¿por qué Sánchez no exigió que se desenterrara al tirano alauita en honor a sus miles de víctimas?
La noticia en cualquier caso sería una nueva crónica de la gran fascinación que los dictadores islámicos ejercen sobre la progresía española. Y es que cuanto más se conoce a estos progres de cartón de ocasión y con la dignidad de un lagarto, más asco nos producen.
Visita al mausoleo de Mohamed V
En su primer viaje oficial a Marruecos, Pedro Sánchez ha destacado la gran sintonía del gobierno español y el marroquí en «materia de seguridad y de cooperación en relación con la migración», incluyendo las políticas de retorno. Durante su viaje oficial a Rabat, Sánchez ha reconocido a Marruecos como un «socio estratégico» y ha agradecido su colaboración en materia migratoria, «una responsabilidad compartida», ha dicho Sánchez.
Sánchez y la delegación española han visitado el mausoleo del rey Mohamed V, en cuyo libro de honor ha reafirmado la hermandad con Marruecos para seguir avanzando en la prosperidad de ambos países.
«Al pueblo de Marruecos, con la esperanza de que la hermandad de nuestros pueblos nos permita construir y avanzar en la prosperidad de nuestras sociedades», ha escrito Sánchez.
La visita al mausoleo de Mohamed V, donde se encuentran las tumbas de este rey y de Hasan II, abuelo y padre, respectivamente, de actual monarca marroquí, Mohamed VI, ha sido el primer acto de la agenda del jefe del Gobierno español en su visita a Rabat.
Acompañado de su ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y del embajador de España en Marruecos, Ricardo Díez-Hochleitner, Sánchez, como es preceptivo, se ha descalzado para acceder al mausoleo de Mohamed V.
Allí ha depositado sendas coronas de flores con la bandera de España ante las tumbas de los dos monarcas anteriores a Mohamed VI.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
