España
El cerebro del hombre y el cerebro de la mujer
RB.- Creo firmemente en la igualdad de derecho del hombre y la mujer, pero es obvio que anatómicamente son diferentes.
Me repugna que los movimientos izquierdistas traten de difuminar la obviedad de que un niño y una niña tienen elementos reproductores diferentes, eso además de contentar a los que por desgracia, ellos no lo han elegido pues han nacido con una identidad equivocada, sirve como base para los grupos tenebrosos que desean destruir el ordenamiento de la sociedad con unos fines ocultos, Tal vez no tan ocultos….
No todos los componentes de los movimientos LGP… nunca recuerdo esta nomenclatura, Siempre se han llamado Maricones y Tortilleras, luego pasó a llamarse Homosexuales y Lesbianas. No todos son despreciables, los hay que llevan su peculiaridad con discreción y lo que pasa en la intimidad de su habitaciñon solo a ellos concierne. Llevan una vida normal con su pareja si la tienen , con su trabajo, sus amigos…
Los repugnantes son los que se les ha degenerado la mente y organizan esos espectáculos públicos llenos de gestos grotescos y obscenidades y ofensas graves a las personas que profesan una creencia. y mas repugnantes aun los grupos que sin serlos aprovechan esas circunstancias para su lucha de destruir la sociedad civilizada. (Todos saben de quienes hablo)
La vida y la perpetuidad de las especies se ha conformado, no puede ser de otra manera, en la unión de un hombre y una mujer, que se unen y forman una unidad de acción que permite la cría, cuidados y desarrollo de sus descendientes. Voluntariamente cada uno de ellos ha asumido una responsabilidad. El hombre la responsabilidad de proporcionar los recursos económicos que permita el mantenimiento de la familia y la mujer la ordenación y cuidado del hogar. Podría ser al revés sin problemas, no pasa nada ese es un rol libremente elegidos por ellos.
El problema está en que parte de los grupos con identidad sexual invertida, no pueden participar en esa función que la Naturaleza o Dios, como deseen llamarla, para la perpetuidad de las especies, en vez de llevarlo con resignación. el odio los domina y desean la destrucción del resto de la sociedad «normal»
No deseo extenderme más..
Por mucho que se empeñen esos movimientos tenebrosos, el hombre y la mujer no son opuestos, son complementarios para formar una unidad que permita la perpetuidad de la humanidad en un acto íntimo de amor y entrega a su pareja.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
