Internacional
Pedro Sánchez se dispone a imitar la «hazaña»: Nicolás Maduro se fabrica un muñeco suyo y uno de su mujer para entregarlos como regalo de Navidad a los niños
Cuando de hacer el ridículo se trata, el dictador venezolano, Nicolás Maduro, ha demostrado que no tiene límites y si de paso la gracia le sirve para adoctrinar, no hay parangón. Así lo ha demostrado estas Navidades regalando a los niños venezolanos sendos muñecos recreando su propia imagen y la de su mujer, Cilia Flores.
Se trata de dos juguetes que el régimen venezolano se ha encargado de distribuir en los barrios populares del país, identificados como «Súper Bigotes» y «Cilita», la pareja presidencial venezolana convertida en unos muñecos, al mejor estilo de Barbie y Ken, para ser regalados a los niños venezolanos. Según la propia dictadura, fueron repartidos por lo menos 12 millones de juguetes en todo el país.
El muñeco de Maduro presenta al dictador con una figura mucho más atlética que la que en realidad tiene y lleva en su mano izquierda un puño de hierro, mientras que la figura de su mujer, Cilia Flores, es el de una chica, con muchísimo menos edad de la que en realidad tiene la «primera combatiente» venezolana y cuyo único «atributo» adicional, son unas gafas y la posibilidad de extender la mano.
La promoción de los juguetes de Cilita y Superbigotes se hizo en un acto que realizó la dictadura en el área de Las Tejerías, donde hace un par de meses hubo un deslave que dejó sin viviendas a un importante número de personas y donde justamente uno de los ministros de la dictadura responsabilizó a los españoles que llegaron a América hace más de 500 años de haber «obligado» a la población a construir sus viviendas en esas áreas que se vieron afectadas por las lluvias que azotaron a la región.
La distribución de estos juguetes con la figura d Nicolás Maduro y su mujer ha causado múltiples críticas de diversos sectores, quienes han calificado el acto como otro intento de adoctrinamiento a los niños de ese país, que atraviesa una severa crisis económica y política desde hace más de dos décadas y que se ha visto empeorada desde que el dictador llegó al poder en 2013, tras la muerte de Hugo Chávez.
La figura de Súper Bigotes la comenzó a utilizar el régimen de Nicolás Maduro en el año 2019, como respuesta a los señalamientos que había hecho el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, acusó al dictados venezolano de estar detrás de las protestas que ocurrían en ese país, por lo que para burlarse y darle paso a la creación del bizarro dibujo animado, que posteriormente fue convertido en una serie animada que es transmitida por el canal del Estado venezolano, Venezolana de Televisión, financiado con fondos públicos, para difundir mensajes propagandísticos e ideologizantes a la población infantil.
Esta misma figura ha sido utilizada por el gobernador del estado Carabobo, Rafael Lacava, para ponerla en cuanta obra social inaugura, con la intención de evitar que se conozcan sus intenciones de optar a la presidencia de Venezuela, como una alternativa que le podría funcionara tanto a los afectos al chavismo, como a los de la oposición que se han desencantado de los líderes políticos.
Sin embargo, ha sido el propio dictador, Nicolás Maduro quien ha doblegado las aspiraciones de Rafael Lacava, que hasta llegó a España a tratar de buscar alianzas con la oposición venezolana, pero que al final tuvo que salir a reconocer que no tenía aspiraciones presidenciales, mientras que el dictador venezolano esté en el poder.
Entre las críticas esgrimidas por diferentes gremios venezolanos, la Federación Venezolana de Maestros señalaron que las prioridades del régimen de Nicolás Maduro están enfocados en la distribución de juguetes ideologizantes, en lugar de resolver problemas como el tema de la salud, la educación de calidad, o el tema económico en un país como Venezuela, donde se han roto cifras de hiperinflación y donde la crisis ha obligado a más de 7 millones de personas a emigrar.
Estos juguetes fueron distribuidos de manera gratuita por el régimen de Nicolás Maduro en los barrios populares del país, tras el día de Navidad, en especial en aquellas zonas donde el régimen busca mantener cautivos a los habitantes, ante la celebración de unas posibles elecciones presidenciales, que en principio deberían celebrarse en , pero que el chavismo ha asomado la posibilidad de que sean adelantadas para el 2024.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
