Internacional
«La humanidad no es sostenible», el último grito «ambientalista»: esos idiotas que hacen ruido
El biólogo Paul Ehrlich dijo en la cadena estadounidense CBS que «la humanidad no es sostenible». En los años 70 vaticinó que cientos de millones de personas morirían de hambre en esa década. Pero no fue así.
Este planteamiento de que la humanidad no es sostenible calza perfecto en los planes de los políticos y economistas que pretenden mayor control.
El alarmismo climático ha normalizado un discurso de control de consumo e intervencionismo estatal que paulatinamente incluye también la promoción del control de población. Pero comenzando el año 2023 este planteamiento parece ir un paso más allá. «La humanidad no es sostenible», afirmó el biólogo Paul Ehrlich en la cadena estadounidense CBS.
«La humanidad no es sostenible. Para mantener nuestro estilo de vida (el tuyo y el mío, básicamente) para todo el planeta, necesitarías cinco Tierras más. No está claro de dónde van a venir los recursos necesarios, los sistemas que sustentan nuestras vidas, que por supuesto son la biodiversidad que estamos acabando. La humanidad está muy ocupada sentada en una rama que estamos cortando”, sentenció Ehrlich en “60 Minutes”, uno de los programas de mayor audiencia en Estados Unidos.
Sus teorías alarmistas han fallado
El presentador Scott Pelley mencionó que Ehrlich había sido visto como un alarmista cuando salió «Population Bomb«. Dicha obra insinúa que la supuesta sobrepoblación acabará con el planeta.
«Estaba alarmado. Todavía estoy alarmado. Todos mis colegas están alarmados», dijo Ehrlich. «La tasa de extinción es extraordinariamente alta ahora y aumenta todo el tiempo».
A lo largo de su carrera, Ehrlich ha promovido un discurso fatalista. Desde los años 70 auguró que cientos de millones de personas morirían de hambre en esa década. Pero no fue así. Pronosticó que Inglaterra no existiría para el año 2000 y su fatalista profecía no se cumplió. También advirtió en la década de los 80 sobre «una ruptura total de la capacidad del planeta para sustentar a la humanidad». Pero aquí sigue.
La fertilidad se desplomó 50 % en los últimos 70 años
Así como el exvicepresidente de EE. UU., Al Gore, desacertó con el alarmismo climático, también falla Ehrlich. En realidad está sucediendo lo contrario a lo que él ha vaticinado. La pirámide poblacional está invertida. No existe un problema de sobrepoblación sino de baja natalidad. La tasa de fertilidad humana se desplomó aproximadamente 50 % en todo el mundo en los últimos 70 años. La familia promedio tenía cinco hijos en 1952, pero ahora tiene menos de tres. Para el año 2020, el Ministerio de Sanidad de España reportaba 341.315 nacimientos y 493.776 defunciones. Una tendencia similar a la del año anterior. Esto indica que en este país mueren más personas de las que nacen.
Si las tasas de fertilidad no se elevan por encima de los niveles actuales, aproximadamente la mitad de los países de Europa perderían 95 % o más de su población. Así lo pronostica un informe de la ONU titulado Población mundial a 2300, que hace proyecciones poblacionales para ese año. «La Unión Europea, que recientemente se ha expandido para abarcar a 452 – 455 millones de personas (según cifras 2000 – 2005 ), caería en 2300 a solo 59 millones. Aproximadamente, la mitad de los países de Europa perderían 95 % o más de su población; y países como la Federación de Rusia e Italia tendrían solo el 1 por ciento de su población actual”.
Reducción de población para mayor control
En lugar de incentivar el crecimiento poblacional, la izquierda política promueve la disminución de la población, sembrando una profunda misantropía, donde retrata al ser humano como el problema y no la solución. De la mano de la radicalización del Partido Demócrata hacia la izquierda, el senador Bernie Sanders ha propuesto financiar abortos en países en vías de desarrollo para combatir el «cambio climático». Una vez en el poder, Joe Biden revocó el Acuerdo de Ciudad de México para costear abortos con fondos federales desde México y más al sur.
Para comprender el alcance de estas propuestas es necesario conocer al economista marxista Robert Heilbroner. Con la caída del Muro de Berlín, él llamó a volcar la revolución socialista del obrero a la salvación del planeta.
«Las fábricas y almacenes y las granjas y tiendas de una formación socioeconómica socialista deben coordinarse… y esta coordinación debe conllevar la obediencia a un plan central», proclamó. Llamó a «repensar el significado del socialismo» para enfrentar «la carga ecológica que el crecimiento económico está imponiendo al medio ambiente».
De aquí surge el término «sandía» (verdes por fuera y rojos por dentro), un disfraz ecologista que encubre un discurso socialista, sobre todo totalitario, pues sus promotores proponen que todo, desde la producción hasta la reproducción, sean planificadas por el poder central.
Este planteamiento de que la humanidad no es sostenible calza perfecto en los planes de los políticos y economistas que pretenden mayor control. Como Thanos, el villano de los Vengadores, proponen eliminar a la mitad de la población «para salvar el planeta». Y al hacerlo, en nombre de la naturaleza, promueven ir contra el sentido de supervivencia, una incoherencia total.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
