Sociedad
Pelosi corteja al Papa Francisco. Dios los cría y…
Nancy Pelosi trata de utilizar al Papa Francisco para promover su cumbre climática; el Papa le sigue la corriente y Pelosi le alaba; un escenario muy diferente al que se vivió con Benedicto XVI.
Nancy Pelosi, Presidente de la Cámara de Representantes de EE.UU, visitó recientemente Roma para participar en un evento internacional de legisladores que se preparan para la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático a celebrarse en Escocia el mes que viene. Durante su estadía en Roma, aprovechó para reunirse en privado en el Vaticano con el Papa Francisco, cuyo discurso en el evento ONU estaba programado al día siguiente.
Las fotos y los videos de la reunión publicados después muestran a Pelosi saludando al Papa y sosteniendo su mano mientras las cámaras filmaban su entrada a la habitación. Por su parte, Pelosi publicó una declaración en su sitio web oficial donde señalaba que «el liderazgo de Su Santidad es una fuente de alegría y esperanza para los católicos y para todas las personas, desafiando a cada uno de nosotros a ser buenos administradores de la creación de Dios, a actuar sobre el clima, a abrazar al refugiado, al inmigrante y a los pobres y a reconocer la dignidad y la divinidad en todos».
¿Pero a qué niños se refería Pelosi? ¿Acaso a los niños por nacer? Por supuesto que no … pero quizás el Papa Francisco sí. Nunca lo sabremos con seguridad, porque el Vaticano, siguiendo sus protocolos habituales, no emitió una declaración después de la reunión.
En su discurso ante la asamblea al día siguiente, el Papa Francisco reafirmó el llamado de Pelosi a «cambiar» las políticas relacionadas con el medio ambiente. «Este exigente cambio de rumbo requerirá gran sabiduría, previsión y preocupación por el bien común: en una palabra, las virtudes fundamentales de la buena política”.
Y agregaba el Papa Francisco: “Como líderes políticos y legisladores, ustedes son responsables de influir en las acciones de la gente por los medios previstos por la ley que establece normas para la conducta admisible a la luz del bien común y respetando esos otros principios fundamentales como la dignidad de la persona humana, solidaridad y subsidiariedad”.
El Papa Francisco sabe que el discurso climático de la ONU está fuertemente a favor del aborto. Su comparecencia ante la asamblea le ofrecía una oportunidad única de defender el derecho a la vida, pero no la aprovechó.
La Memoria Vaticana
Los observadores de Roma han señalado que la visita de Pelosi fue una reminiscencia de una ocasión anterior cuando se reunió con el Papa Benedicto XVI en febrero de 2009. No hubo cámaras en esa oportunidad, pero la Sra. Pelosi hizo una declaración después en su sitio web oficial: «Con gran alegría, mi esposo, Pablo, y yo tuvimos hoy una reunión con Su Santidad, el Papa Benedicto XVI.
«En nuestra conversación, tuve la oportunidad de alabar el liderazgo de la Iglesia en la lucha contra la pobreza, el hambre y el calentamiento global, así como la dedicación del Santo Padre a la libertad religiosa y su próximo viaje y mensaje a Israel. Con mucho orgullo mostré a Su Santidad una fotografía de la visita papal de mi familia en la década de 1950, así como una foto reciente de nuestros hijos y nietos».
Pero no mencionó en absoluto el mensaje del Papa Benedicto a ella. Y cabe señalar algo muy importante. Con el Papa Francisco la semana pasada, Pelosi elogió «el liderazgo de Su Santidad», mientras que con el Papa Benedicto hace 12 años, lo que ella elogió fue más bien «el liderazgo de la Iglesia”.
¿Por qué no elogió el liderazgo de Benedicto?
El experimentado observador vaticano Phil Lawler nos da una pista: Pelosi dijo que había «hablado con el Pontífice (Benedicto) sobre el hambre mundial y el calentamiento global. Quizás esos temas estaban en su agenda, pero es significativo que no se mencionaran en la concisa declaración del Vaticano. No hubo una charla agradable por parte de la Santa Sede: ninguna mención de preocupaciones compartidas e intereses mutuos, nada que distrajera la atención del único punto esencial que el Papa quería hacer».
¿Y cuál fue ese «punto esencial» del Papa Benedicto? Rara vez se publican las declaraciones del Vaticano después de esas visitas, de modo que esa vez tenían el propósito de enviar un mensaje muy claro: Su Santidad aprovechó la oportunidad de hablar sobre los requisitos de la ley natural y la consistente enseñanza de la Iglesia de la dignidad humana desde la concepción hasta la muerte natural que obliga a todos los católicos, y especialmente a los legisladores, juristas y todos los responsables por el bien común de la sociedad, a trabajar de manera conjunta con todos los hombres y mujeres de buena voluntad para crear un sistema jurídico justo y capaz de proteger la vida humana en todas sus etapas de desarrollo.
Los resultados de los encuentros de Pelosi con estos dos Sumos Pontífices contrastan ruidosamente. El Papa Benedicto reiteró la enseñanza inalterable de la Iglesia sobre la vida tanto en privado con Pelosi como públicamente después de su visita. El Papa Francisco, por su parte, quizás pudo haberlo tratado en privado, pero no lo hizo público y guardó silencio al respecto, tanto después de la visita de Pelosi como durante su discurso en el evento ONU al día siguiente.
El mensaje a otros niveles también fue muy diferente. Los asiduos del Vaticano tienen buena memoria. La oficina de Relaciones Públicas del Papa fue muy consciente del material fotográfico producido sobre la reunión del 2009: no hubo cámaras para retratar a una Pelosi sonriente sosteniendo la mano del Papa Benedicto. Por el contrario, las declaraciones públicas del Vaticano después de la reunion fueron francamente mordaces.
Pero esta vez, la óptica se invirtió. Pelosi tenía la intención de conseguir esa foto que el Papa Benedicto no había permitido. El Papa Francisco generosamente se la proporcionó. ¿Qué mensaje estaba enviando Pelosi al arzobispo de San Francisco, Salvatore Cordileone, con esa foto, mostrando la mano del Papa Francisco tan apretada que no podía soltarla?
¿Y qué mensaje le enviaba el Papa Francisco al Arzobispo Cordileone, y a los obispos estadounidenses para la reunión anual el próximo mes en Baltimore? Tomando la frase memorable de Richard Nixon, Pelosi, por su parte, estaba dejando una cosa perfectamente clara: estaba retando al arzobispo Cordileone a retroceder.
El arzobispo Cordileone ahora está en un aprieto muy espinoso. Su reciente petición pública de oraciones por la conversión de Pelosi debería haber sido acogida con un resonante y unánime «¡Amén!» de sus hermanos obispos. Y no ha sido así.
Eso significa que, aunque la Conferencia Episcopal de EE.UU. aborde el tema de Biden y la Eucaristía el próximo mes en público, un grupo de obispos influyentes y partidarios de Biden utilizarán en privado esa foto de Roma como señal del Papa Francisco a los obispos para que desistan de aclarar y aplicar la enseñanza de la Iglesia con respecto a la recepción digna de la Eucaristía.
De hecho esa es la forma en que Pelosi considera el gesto del pontífice actual.
E independientemente de lo que hagan los obispos estadunidenses, nuestra larga experiencia con los políticos como Pelosi en todo el mundo nos ha enseñado una dura lección: La izquierda nunca se echa para atrás, y nosotros tampoco deberíamos hacerlo.
Christopher Manion, PhD, es Director del PRI’s Humanae Vitae Project
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
