Sociedad
Podemos ataca a los videojuegos con una nueva iniciativa “contra el machismo”. Del «macho alfa» no dicen nada…
[E]n la guerra por el feminismo, el nuevo campo de batalla es el terreno audiovisual. En este caso, le ha llegado el turno a los videojuegos.
Podemos ha presentado una proposición no de ley en el Congreso en la que critica la «discriminación” que según ellos “sufren las jugadoras” que “soportan el sexismo en las partidas multijugador o en los vídeos de opinión en redes sociales, como Youtube o Twich”
Han afirmado que así pretenden “combatir la brecha de género en el mundo audiovisual» y afirman que sólo el «16,5% de las personas empleadas de forma directa en el sector de los videojuegos en España son mujeres. Una discriminación que no afecta únicamente a las desarrolladoras de videojuegos sino que también la sufren las jugadoras”.
Hace unas semanas en un seminario telemático organizado por Irene Montero, la directora del Instituto de la Mujer (más conocida por animar a penetrar analmente a los hombres para alcanzar la igualdad), Beatriz Gimeno afirmó que «muchas videojugadoras se esconden tras nicks masculinos» para evitar «acoso online», además de «vejaciones» y «violencias machistas«, que aseguró son «habituales». «Cabe preguntarse si los estereotipos de género sexistas y discriminatorios que nos rodean están siendo potenciados por los modelos que reproducen determinados videojuegos».
Podemos ha instado al Gobierno a realizar «campañas de sensibilización con el objetivo de eliminar los prejuicios, estereotipos de género y comportamientos discriminatorios o de acoso hacia las mujeres en el sector cultural y, en particular, en el medio audiovisual y el sector de los videojuegos».
También señalan en la proposición la «brecha» en el mundo audiovisual. Según un informe de Artistas Intérpretes, Sociedad de Gestión (AISGE) que han incluido en el documento, «sólo el 37,8% de los personales del cine español son mujeres». Una cifra que «disminuye hasta el 33% en el caso de los personajes protagonistas».
Finalmente han reclamado una «metodología de medición de la brecha de género en el Ministerio de Cultura y Deporte», que dirige José Manuel Rodríguez Uribes, así «como en sus organismos adscritos, colegiados y dependientes».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
