España
Podemos propone demoler la cruz del Valle de los Caídos y echar a los religiosos de la basílica
Podemos ha presentado hoy una propuesta para convertir el Valle de los Caídos en un parque memorial público para ‘resignificarlo’, que conserve su diseño estético pero desprovisto de “simbología fascista”, y para ello propone “demoler” su cruz característica y quitar el control de la basílica a los religiosos.
La propuesta de Podemos pide la gestión pública del “Valle de Cuelgamuros”, transformado en un “centro memorialista” al estilo de otros espacios europeos como el campo de concetración nazi de Auschwitz, sin destruirlo pero eliminando todos los símbolos fascistas tanto en el interior como en el exterior.
Eso incluiría la demolición de la gran cruz de piedra que corona el complejo, el elemento más destacado del conjunto de 150 metros de altura y brazos de 24 metros cada uno, y la utilización de su “residuo gravoso” para crear otro monumento de respeto a las víctimas.
El proyecto contempla como “imprescindible” la desacralización del Valle de los Caídos y su total recuperación, incluida la basílica de los monjes benedictinos en la que están las tumbas de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera.
Esto exigiría -y así lo piden en la propuesta- revisar los acuerdos de 1979 con la Santa Sede, que otorgaron el control de la basílica a los religiosos, aunque eso -dicen- no supondría eliminar la simbología religiosa, sino que el control total lo tenga Patrimonio Nacional.
Para llevar a cabo el proyecto proponen concurso público internacional con la participación de las asociaciones de memoria y las víctimas.
Además, Podemos pide al Gobierno que elabore un plan de gestión específico para “eliminar de raíz cualquier posibilidad” de que tras la exhumación de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos pueda crearse un nuevo “lugar de culto al fascismo” o que el nuevo emplazamiento del cuerpo se convierta “en punto de peregrinaje del franquismo”.
Por ello, afirma que la familia de Franco debe hacerse cargo “de decidir en que tumba privada prefieren enterrarlo”.
Además de la exhumación de los restos de Franco, Podemos entiende que también se debe exhumar el cuerpo de José Antonio Primo de Rivera, y hacerlo todo con una “intervención transparente” para que quede claro “que es un sistema democrático quien acaba con el mausoleo de un dictador”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
