España
El Gobierno de Pedro Sánchez se resquebraja a los 112 días
EM.- El Gobierno bonito de Pedro Sánchez se resquebraja. En 112 días, aquel gabinete feminista y plagado de estrellas que se presentó a bombo y platillo a principios de junio se ha convertido en el más frágil de la historia democrática de España. En un Ejecutivo que se tambalea día tras día, polémica tras polémica, especialmente en este septiembre negro.
La enésima crisis estalló este jueves a primera hora de la mañana. Y volvió a hacer saltar las alarmas en el Palacio de la Moncloa. Todo, mientras el presidente Sánchez sigue de viaje oficial en Nueva York.
El rutilante ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, el mejor valorado según el CIS, se convirtió en el siguiente miembro del Ejecutivo seriamente cuestionado. Esta vez por haber utilizado una sociedad patrimonial para comprar su vivienda en Jávea y para poner a su nombre su casa en Madrid. Todo, supuestamente con el objetivo de pagar menos impuestos, aunque él lo negó.
Inmediatamente, todos recordaron la frase lapidaria que Pedro Sánchez pronunció en 2015. Entonces, se comprometió a destituir a todo aquel que en su equipo hubiera creado «una sociedad interpuesta para tributar la mitad».
Las maniobras societarias de Duque parecían menos graves que las irregularidades de Màxim Huerta, el ministro de Cultura que dimitió en junio. Pero la gravedad de la crisis se multiplicó porque estalla cuando todavía resuenan con fuerza las oscuras grabaciones en las que se ha visto envuelta la ministra de Justicia, Dolores Delgado, que va a comparecer en el Congreso para dar cuenta de sus relaciones con el comisario jubilado hoy en prisión José Villarejo.
El Gobierno respaldó a Duque tras su confusa rueda de prensa, en la que casi dejó tantas dudas como antes de la misma. Sus explicaciones parecieron «suficientes» a Moncloa. «No hay caso»; «todo está aclarado», aseguraron intentando pasar página de la última crisis. Fuentes del Ejecutivo descartaban su dimisión. Por la tarde, sin embargo, la historia de los días anteriores se repetía y se conocían nuevos datos: el autoalquiler de sus inmuebles que esgrimió no figura en las cuentas presentadas por la sociedad ante el Registro Mercantil.
En poco más de tres meses, dos de los 17 ministros iniciales de Sánchez -Màxim Huerta (Cultura) y Carmen Montón (Sanidad)- han dimitido. Otros dos están seriamente en la picota -Dolores Delgado y Pedro Duque-.
Mientras, la credibilidad del presidente del Gobierno ha sido puesta en entredicho después de dispararse las dudas sobre la autoría de la tesis doctoral de Sánchez o tras conocerse que el libro que publicó después incluía fragmentos de un discurso ajeno que no citaba, fruto de «un error involuntario», según Moncloa.
Al mismo tiempo, las rectificaciones y los bandazos se han convertido en tónica general del Gobierno, sobre todo desde finales de agosto.
El Ejecutivo y la dirección del PSOE denuncian «una cacería», un «acoso imparable», «una cruzada» de la derecha y de diversos medios de comunicación para hacer caer al Gobierno de Sánchez. «La próxima semana puede ser cualquiera de nosotros», aseguraba por la mañana una ministra.
El principal motivo de este acoso, denuncian, es que ni el PP ni Ciudadanos tienen argumentos para hacer oposición más allá de socavar la credibilidad del Ejecutivo y de sus ministros. La dirección socialista cierra filas en torno a Sánchez, a pesar de las críticas crecientes de algunos dirigentes históricos del PSOE, que de momento sólo hablan en privado.
En Moncloa reconocen que la labor de gobierno está siendo eclipsada por los escándalos y que no toman la iniciativa. Aún así, dicen confiar en que «la fortaleza del Ejecutivo» conseguirá sortear los obstáculos de este mes.
En cuanto a las decisiones de calado corregidas después por el presidente del Gobierno -a cuenta de las bombas vendidas a Arabia Saudí o de la defensa del juez Pablo Llarena, entre otros asuntos-, fuentes del Ejecutivo lo achacan a la descoordinación o a decisiones no maduradas en el seno del gabinete.
Todos estos tropiezos están siendo amplificados por una durísima oposición del PP y de Ciudadanos, que no dieron un solo día de tregua al Ejecutivo socialista. De hecho, los dos partidos pusieron en duda incluso la legitimidad del Gobierno porque el PSOE no ganó las elecciones y porque Sánchez obtuvo los peores resultados de la historia del partido.
La debilidad parlamentaria del Gobierno -con 84 diputados- es otro talón de Aquiles. Este jueves, Pedro Sánchez volvió a lanzar un mensaje desde Nueva York a sus socios: si los independentistas priorizan «el conflicto a la cooperación, la Legislatura en España habrá terminado y habrá elecciones». Pero que si dan prioridad a la colaboración para aprobar políticas, y especialmente los Presupuestos, podrá «aguantar hasta 2020», su objetivo inicial.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
