A Fondo
Por qué las Fuerzas Armadas son clave para la penetración del narcotráfico en territorio venezolano
Hace años que el avance del narcotráfico en Venezuela ha sido sostenido. En ello ha jugado un rol determinante la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, no solo porque constitucionalmente tiene el monopolio de las armas de la República para defender el territorio y la soberanía, sino porque es la encargada de la custodia de las fronteras por aire, mar y tierra, a través de sus cuatro componentes.
El más reciente informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la Organización de las Naciones Unidas 2019 causó impacto porque en el punto 578 menciona al “Cártel de los Soles”, aunque apropiadamente le da la categoría de “red informal” y no, como muchos analistas insisten, en presentarla como un cártel del narcotráfico, ya que no cumple con las características propias de los cárteles con estructuras claramente establecidas como las que identifican a los más importantes grupos colombianos de los años 80 y 90, como el Cártel de Medellín liderado por Pablo Escobar Gaviria, el Cártel de Medellín o los cárteles mexicanos al estilo de Los Zetas, el cártel del Golfo, los Beltrán Leyva, los Caballeros Templarios, el cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), entre otros.
En Venezuela la situación es distinta porque no hay grandes extensiones de sembradíos de hojas de coca como en Colombia o Bolivia, tampoco proliferan los laboratorios que la procesan, aunque en los últimos años han aparecido varios de esos sitios, muchos de los cuales han sido desmantelados por los militares venezolanos. Incluso la ONU lo revela así en el punto 584: “En 2018 se desmanteló un total de 33 laboratorios ilícitos de cocaína de tamaño mediano en la República Bolivariana de Venezuela, cerca de la frontera con Colombia”.
Hasta hace unos años, el uso del territorio venezolano para el traslado de las drogas era limitado, principalmente porque el negocio del contrabando permite ganancias exorbitantes a quienes participan en él, además tiene menos costo económico y de tiempo en prisión, cuando son detenidos y llevados a tribunales.
Pero la proliferación de grupos paramilitares y guerrilleros para distribuir las ganancias del contrabando fueron abriendo con mayor facilidad la penetración de los narcos. Y fue fundamental la tolerancia que, desde el Gobierno nacional en tiempos de Hugo Chávez, se le dio a la guerrilla colombiana, especialmente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que no solo empezó a moverse a sus anchas en territorio venezolano, sino que asentó y expandió las pistas para el aterrizaje de las aeronaves del narcotráfico, tal como ocurre en el estado Apure.
La revelación de la ONU
Para muchos en el mundo parece novedad lo que revela la ONU en su informe sobre estupefacientes, pero no así para quienes viven en la frontera o tienen relación con puertos, aeropuertos y alcabalas fronterizas.
Dice el informe de la ONU: “En los últimos años, los grupos delictivos organizados han transportado grandes cantidades de drogas ilícitas a Europa y los Estados Unidos desde Colombia, pasando por la República Bolivariana de Venezuela. Para controlar ese tráfico, en particular el tráfico de cocaína a través de Centroamérica con destino a los Estados Unidos, los grupos delictivos organizados controlan los puertos marítimos y utilizan aeronaves ligeras, con las que realizan vuelos ilegales”.
Agrega que “hay indicios de que, en la República Bolivariana de Venezuela, los grupos delictivos han logrado infiltrarse en las fuerzas de seguridad gubernamentales y han creado una red informal conocida como el ‘Cártel de los Soles’ para facilitar la entrada y salida de drogas ilegales”.
Cada día aumentan los informes de inteligencia o policiales que dan cuenta de la detención de algún oficial de la Fuerza Armada involucrado en el traslado de estupefacientes. Anteriormente era más frecuente ver a funcionarios de las policías participar en narcotráfico. Pero la droga empezó a ser una realidad, ya no de manera discrecional entre funcionarios de la Fuerza Armada, incluso algunos generales.
En tiempos de Hugo Chávez hubo un caso por demás simbólico. Un general de la Guardia Nacional, amigo personal del entonces presidente de la República, fue señalado por estar incurso en actividades que indicaban narcotráfico y que habría conducido al asesinato de un comunicador. No hubo investigación. El mandatario nacional lo sacó de la jefatura militar que ocupaba como jefe en Anzoátegui y lo envió a un discreto cargo en la capital de la República. Para muchos fue la primera vez que oyeron hablar del “cártel de los soles”.
No era la primera vez que se había usado ese nombre, porque durante el segundo mandato del presidente Carlos Andrés Pérez, a raíz de la investigación que hubo contra los generales de antinarcóticos Ramón Guillén Dávila y Orlando Hernández Villegas, se dijo que pertenecían a “Cártel de los soles” en alusión a la insignia que les da el rango de generales: un sol para brigada, dos para división, tres para mayor general y cuatro para general en jefe.
Ante la pérdida de espacio, de acción y de capacidad de la Fuerza Armada, cada vez más diezmada, le ha sido fácil al narcotráfico penetrar abiertamente el territorio nacional y a la institución castrense. En estados como Falcón hay clara evidencia de lo que para el narcotráfico ha significado la revolución bolivariana; por una parte, desde hace años, ha contado con altos jerarcas del gobierno regional y nacional que se han enriquecido gracias a lo que serían las relaciones con el narcotráfico.
Hay sitios como Adícora, El Supí, Piedras Negras, entre otros donde las lanchas y los aviones del narcotráfico son constantes, porque están a unos minutos de Aruba o Curazao. Aunado a las embarcaciones más grandes que atraviesan el mar con su preciado cargamento.
Es verdad que Colombia es el más grande productor de droga, cuyo destino principal es Estados Unidos como el mayor consumidor, pero Venezuela se ha convertido en el principal paso, con cientos de rutas, para que los narcos saquen su producto del vecino país y lo lleven por aire o mar hasta el norte del continente. En su camino deja una estela de dólares y muerte.
(Infobae)
A Fondo
Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso
«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»
Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».
Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.
En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.
Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.
Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.
Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.
El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.
Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.
Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.
Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.
Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.
